Quini y las leyendas que fueron respetadas a ambos lados del derbi asturiano

Quini y las leyendas que fueron respetadas a ambos lados del derbi asturiano

Quini, Herrerita, Bango, Iván Iglesias o Santi Cazorla representan distintas generaciones de un fútbol asturiano en el que hubo jugadores capaces de atravesar la frontera más difícil: la que separa Gijón y Oviedo. Algunos vistieron las dos camisetas. Otros no lo necesitaron. Su trayectoria, su comportamiento o su dimensión deportiva terminaron convirtiéndolos en figuras respetadas mucho más allá de sus colores.

El domingo habrá derbi.

Durante noventa minutos, Asturias volverá a dividirse en dos.

Rojo y blanco contra azul. Gijón contra Oviedo. El Molinón contra el Tartiere. Sporting contra Real Oviedo.

Pero la historia del fútbol asturiano conserva algo que a veces se pierde entre comunicados, polémicas, entradas visitantes y agravios: ha habido futbolistas que lograron algo mucho más difícil que ganar un derbi. Consiguieron ser respetados al otro lado.

Algunos cruzaron físicamente la frontera.

Otros jamás cambiaron de camiseta.

Pero acabaron siendo patrimonio de todos.

Y probablemente ninguno representa mejor esa idea que Enrique Castro, Quini.

Quini: hubo un momento en que dejó de ser solo del Sporting

Quini es, naturalmente, Sporting.

Negarlo sería absurdo.

La publicación de este reportaje coincide, además, con una fecha especialmente simbólica. Quini nació en Oviedo un 23 de septiembre de 1949. Hoy habría cumplido 77 años. El destino ha querido que, precisamente en su cumpleaños, su figura vuelva a servir para recordar algo que él representó como pocos: que se puede ser profundamente sportinguista y, al mismo tiempo, ganarse el respeto y el cariño de toda Asturias.

Su nombre forma parte incluso de la denominación oficial de El Molinón. Fue cinco veces Pichichi de Primera División, dos veces máximo goleador de Segunda, internacional con España y uno de los grandes delanteros españoles de su generación.

Pero con los años ocurrió algo difícil de conseguir en un territorio futbolísticamente tan dividido: Quini dejó de pertenecer únicamente al sportinguismo.

Cuando falleció el 27 de febrero de 2018, el propio Real Oviedo expresó públicamente su pesar y lo recordó como un hombre de «sonrisa y corazón de gran caballero». El delantero oviedista Toché resumió entonces algo todavía más revelador: había personas que estaban por encima de los equipos y las aficiones. 

Ese reconocimiento no nació de una operación institucional posterior.

Quini se lo había ganado durante décadas.

Por su forma de comportarse. Por su cercanía. Por la ausencia prácticamente absoluta de provocación hacia el rival. Por haberse convertido en uno de esos personajes a los que incluso el adversario termina reconociendo.

En 2019, la selección española escogió precisamente el Día de Asturias para disputar en El Molinón un encuentro que sirviera de homenaje a Quini y que el propio Sporting presentó como una fiesta del fútbol asturiano y español.

Quizá ahí esté la clave.

Quini fue una leyenda rojiblanca.

Pero acabó siendo también una figura asturiana.

Herrerita: el gijonés que se convirtió en una de las mayores leyendas del Oviedo

La historia de Eduardo Herrera Bueno, Herrerita, parece escrita expresamente para este reportaje.

Nació en Gijón.

Se formó en el Sporting.

Y terminó convirtiéndose en uno de los futbolistas más importantes de toda la historia del Real Oviedo.

Con apenas 19 años pasó del Sporting al conjunto ovetense en 1933.

Y allí construyó una carrera extraordinaria.

Disputó 253 partidos oficiales y marcó 153 goles con el Real Oviedo. Formó parte de las célebres delanteras eléctricas de los años treinta y se convirtió en internacional con España. El propio club azul lo considera una de sus grandes señas históricas de identidad.

Pero lo extraordinario del caso está en su origen.

Antes de transformarse en leyenda carbayona había sido una de las grandes promesas del Sporting. La propia historia oficial del club gijonés recuerda la temporada 1932-33 como la campaña de «los Herrera»: Ramón Herrera y Herrerita formaban una de las parejas ofensivas más peligrosas del conjunto rojiblanco. 

Hoy semejante tránsito sería explosivo.

En los años treinta ocurrió.

Y Herrerita acabó siendo una de las figuras fundamentales del fútbol asturiano del siglo XX.

Un gijonés salido del Sporting convertido en mito del Oviedo.

Pocas historias explican mejor que los colores no siempre han construido muros.

Ricardo Bango: quizá el mejor símbolo moderno del puente entre los dos clubes

Si hubiera que escoger a un futbolista que pueda hablar de ambos vestuarios sin necesidad de imaginar nada, probablemente sería Ricardo Bango.

Nació en Gijón.

Era socio del Sporting desde los cinco años.

Pero se formó futbolísticamente en el Real Oviedo.

Debutó con los azules en Primera División en 1988 y formó parte de uno de los equipos más recordados de la historia reciente del club.

Hay una imagen que permanece en la memoria del oviedismo.

19 de septiembre de 1991.

Primer partido europeo de la historia del Real Oviedo.

Copa de la UEFA.

El rival, el Génova.

Minuto 44.

Bango recoge un balón dentro del área y marca el 1-0.

El primer gol europeo del Real Oviedo. 

Después jugaría en el Sevilla.

Y posteriormente ocurrió lo que hoy parecería casi imposible: fichó por el Sporting.

Tres temporadas en Gijón.

Después regresó nuevamente al Real Oviedo. 

Azul.

Rojo y blanco.

Y otra vez azul.

Pero quizá lo más interesante de Bango no sea dónde jugó, sino lo que piensa ahora sobre la rivalidad.

Hace unos años explicó algo que parece escrito para esta semana:

«Sporting y Oviedo deben transmitir hermandad».

Y contó una anécdota maravillosa.

Cuando era niño escuchó por la radio que el Oviedo perdía en Burgos y celebró el gol contrario. Su padre y su tío le reprendieron inmediatamente.

¿Cómo podía alegrarse de que perdiera un equipo asturiano?

Esa era, explicó Bango, la cultura de su casa.

También recordó que durante sus años como futbolista existía rivalidad, bromas y tensión, pero no enemistad personal entre los jugadores. Muchos eran amigos y las familias se conocían. 

Es difícil encontrar un testimonio mejor para explicar lo que significa competir sin convertir al otro en enemigo.

Iván Iglesias: de Mareo al Tartiere pagando el precio de cruzar la frontera

La historia de Iván Iglesias resulta especialmente interesante porque demuestra que atravesar esa frontera no siempre fue fácil.

Gijonés.

Formado desde niño en Mareo.

Jugador del Sporting.

Después, futbolista del Barcelona de Johan Cruyff.

Y finalmente jugador del Real Oviedo durante cuatro temporadas.

Cuando llegó al Oviedo en 1996, después de haber crecido dentro del Sporting, sufrió directamente la dureza de la rivalidad.

Él mismo ha contado que seguía viviendo en Gijón y que, al salir por la calle con su novia, había personas que se acercaban a increparle por haber firmado por el eterno rival. 

No había redes sociales.

No hacían falta.

Iván había cruzado una frontera simbólica.

Sin embargo, terminó disputando 94 partidos de Liga con el Real Oviedo y convirtiéndose también en un futbolista identificado con aquella extraordinaria generación azul de finales de los noventa. Antes había pasado por todas las categorías inferiores del Sporting hasta alcanzar el primer equipo. 

Su trayectoria contiene una enseñanza particularmente interesante.

Las camisetas cambiaron.

Su condición de futbolista asturiano no.

Santi Cazorla: el ídolo azul que nunca necesitó atacar al Sporting

Santi Cazorla pertenece a otra categoría.

Nunca jugó con el Sporting.

Pero su dimensión deportiva y personal ha sido tan grande que es difícil reducirlo únicamente al enfrentamiento entre Oviedo y Gijón.

Nació en Lugo de Llanera y se formó durante años en El Requexón.

Después construyó una carrera internacional enorme: Villarreal, Recreativo, Málaga, Arsenal, Al-Sadd y 81 partidos con España, además de dos Eurocopas. 

Cuando regresó al Real Oviedo en 2023 hizo algo prácticamente insólito en el fútbol profesional moderno.

Pidió cobrar el salario mínimo permitido por LaLiga.

Cedió sus derechos de imagen al club.

Y exigió únicamente que el 10% de las ventas de sus camisetas se destinara a la cantera del Real Oviedo

Tres años después cerró su carrera después de ayudar al Oviedo a regresar a Primera División tras 24 años de ausencia. 

Pero hay una historia todavía más bonita.

Cuando anunció su regreso al Oviedo, Javi Fuego, símbolo de la cantera del Sporting y amigo personal de Cazorla, celebró públicamente su vuelta.

Ambos habían crecido enfrentándose desde niños: uno en las categorías inferiores del Oviedo, otro en las del Sporting.

Después fueron compañeros en el Villarreal.

Y amigos.

La rivalidad no sobrevivió a la amistad. 

Vicente Miera: ascendió al Oviedo dos veces y dirigió al Sporting

Hay personajes cuya biografía parece destinada a desmontar cualquier interpretación tribal del fútbol.

Vicente Miera es uno de ellos.

Como jugador terminó su carrera precisamente en el Sporting.

Después se convirtió en entrenador.

Y dirigió a los dos grandes clubes asturianos.

Con el Sporting estuvo en varias etapas y protagonizó algunos de los mejores años de la historia rojiblanca.

Pero con el Real Oviedo consiguió algo extraordinario: lo ascendió dos veces a Primera División.

Primero en la temporada 1974-75.

Y nuevamente en 1987-88.

En total dirigió 170 encuentros oficiales al Real Oviedo, convirtiéndose en uno de los entrenadores con mayor presencia de la historia azul. 

Después llegaría incluso a ser seleccionador español.

Su currículo asturiano no permite apropiaciones sencillas.

Forma parte de la historia de los dos.

Y después está David Villa

Villa nunca jugó en el Real Oviedo.

Su historia pertenece claramente al Sporting, donde se formó y comenzó su carrera profesional.

Pero representa también esa categoría de futbolistas cuya dimensión termina superando el club de origen.

Nacido en Tuilla, campeón del mundo, campeón de Europa y máximo goleador histórico de la selección española durante años, Villa acabó siendo fundamentalmente un futbolista asturiano conocido en todo el planeta.

Esta misma semana Pepe Acebal, el entrenador que lo dirigió en el Sporting, recordaba el derbi de octubre de 2001 en el Tartiere y definía a Villa como el mejor jugador al que había entrenado. Aquel día el delantero participó en una de las últimas victorias rojiblancas en Oviedo. 

El derbi fue importante.

La carrera que vino después fue mucho mayor.

El fútbol asturiano también fue esto

La rivalidad entre Sporting y Oviedo tiene más de un siglo.

Ha habido partidos broncos.

Polémicas.

Fichajes difíciles de perdonar.

Descensos celebrados al otro lado.

Derrotas que dejaron cicatrices durante décadas.

Pero también ha habido algo más.

La propia historia oficial del Sporting recuerda que en 1955 el club gijonés concedió su medalla de oro a Carlos Tartiere, presidente histórico del Real Oviedo. Tras su muerte, una delegación rojiblanca depositó una corona de flores con los colores del Sporting ante su busto en Oviedo. 

Y el historiador José Ángel Muñiz Mangas ha documentado épocas en las que los dos clubes llegaron incluso a cederse jugadores y organizar partidos benéficos, algo que hoy parece casi extraterrestre cuando se observa determinada crispación alrededor del derbi. 

Quizá por eso merece la pena recuperar estos nombres precisamente ahora.

Herrerita.

Quini.

Bango.

Iván Iglesias.

Cazorla.

Miera.

Villa.

Algunos fueron azules.

Otros rojiblancos.

Algunos fueron las dos cosas.

Pero todos dejaron una huella que resulta difícil encerrar dentro de una sola grada.

Porque el domingo el Tartiere volverá a dividir Asturias durante noventa minutos.

Y está bien que ocurra.

Eso es un derbi.

Lo importante es recordar que cuando termine el partido, Asturias seguirá siendo bastante más grande que el resultado del marcador.

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