La concentración parcelaria en Comba, Iboyo y Forniella mejora accesos, impulsa la productividad y da seguridad a 35 propietarios tras una inversión cercana a 180.000 euros
Lo que durante décadas fue un rompecabezas de pequeñas parcelas dispersas, hoy empieza a convertirse en un terreno ordenado, accesible y con futuro. El Gobierno de Asturias ha culminado en Allande una actuación clave para el campo: la entrega de 97 títulos de propiedad tras la concentración parcelaria de Comba, Iboyo y Forniella.
El cambio no es menor. Donde antes había 833 pequeñas fincas fragmentadas, ahora hay 97 parcelas más amplias, mejor organizadas y con mayor potencial productivo. Una transformación que afecta a más de 205 hectáreas y que supone, en la práctica, una nueva forma de entender y trabajar la tierra.
Menos fragmentación, más futuro
La actuación, en la que se han invertido cerca de 180.000 euros, ha beneficiado directamente a 35 propietarios, que ahora cuentan con fincas más grandes, mejor ubicadas y, sobre todo, más fáciles de gestionar.
Además, el proyecto ha incluido la mejora de 8,2 kilómetros de caminos, una intervención clave que no solo facilita el acceso a las parcelas, sino que también reduce tiempos, costes y dificultades en el trabajo diario del campo.
El consejero de Medio Rural y Política Agraria, Marcelino Marcos, lo dejó claro durante el acto de entrega:
“Esto no es solo un trámite administrativo. Es una herramienta para hacer el campo más eficiente, más rentable y con más futuro.”
Una pieza clave contra la despoblación
Más allá de los números, la concentración parcelaria tiene un impacto directo en uno de los grandes retos de Asturias: mantener viva la actividad en el medio rural.
La dispersión de parcelas ha sido durante años uno de los principales frenos para la modernización del sector agrario. Con explotaciones fragmentadas, el trabajo se complica, los costes se disparan y la rentabilidad se reduce.
Este tipo de actuaciones buscan justo lo contrario:
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Facilitar el trabajo agrícola
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Mejorar la organización de las explotaciones
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Aumentar la productividad
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Generar condiciones reales para que la gente pueda quedarse a vivir y trabajar en el entorno rural
En palabras del propio consejero, estas intervenciones ayudan a “fijar población”, algo clave en comarcas que llevan años luchando contra el envejecimiento y la pérdida de habitantes.
Seguridad jurídica y nuevas oportunidades
Uno de los aspectos menos visibles, pero más importantes, es el que tiene que ver con la seguridad jurídica.
Con los nuevos títulos de propiedad, los dueños de las fincas no solo tienen claro qué es suyo, sino que también ganan:
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Mayor capacidad para invertir
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Facilidad para acceder a ayudas o financiación
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Posibilidad de planificar a largo plazo
En definitiva, se pasa de un escenario de incertidumbre a otro donde la tierra se convierte en un activo real, útil y con valor económico claro.
Un proceso que va más allá de un acto oficial
La entrega de los títulos marca el final de un proceso largo, pero también el inicio de una nueva etapa. Una etapa en la que el territorio deja de estar fragmentado para empezar a funcionar como un sistema más eficiente y competitivo.
Tras el acto, el consejero visitó además dos caminos rehabilitados en otras actuaciones recientes, en Lomés y Carcedo de Lomés, donde el Principado ha invertido casi 155.000 euros adicionales para seguir mejorando infraestructuras rurales.
El campo asturiano se reorganiza para sobrevivir… y competir
Lo ocurrido en Allande no es solo una intervención puntual. Es un ejemplo claro de hacia dónde se dirige la política agraria en Asturias: menos dispersión, más eficiencia y mejores condiciones para que el campo tenga futuro.
Porque, aunque no haga ruido, esta es una de esas transformaciones que cambian el territorio desde dentro. Y que, con el tiempo, pueden marcar la diferencia entre el abandono… o la recuperación del mundo rural.
