La guerra contra Irán ya nos cuesta mucho más que llenar el depósito: así se está encareciendo España… y así golpea a Asturias

La guerra contra Irán ya nos cuesta mucho más que llenar el depósito: así se está encareciendo España… y así golpea a Asturias

La guerra que enfrentan a Estados Unidos e Israel con Irán no está ocurriendo solo a miles de kilómetros. Está entrando poco a poco en los bolsillos de los españoles. Y en Asturias, con una economía muy vinculada a la industria, el transporte y la pesca, el impacto empieza a sentirse con especial intensidad.

La primera señal es evidente: el petróleo. Desde el inicio de la escalada militar, el barril de Brent ha superado los 100 dólares, algo que no ocurría desde hace meses. En España el efecto ha sido inmediato: el precio del diésel ha subido más de un 25% en apenas dos semanas y la gasolina alrededor de un 14%.

Pero quedarse en la gasolinera sería mirar solo la punta del iceberg. La guerra está provocando un efecto dominó de costes que ya empieza a recorrer toda la economía.

El transporte marítimo: el primer gran multiplicador de precios

Uno de los impactos menos visibles pero más importantes está en el transporte marítimo mundial.

El estrecho de Ormuz —uno de los pasos más estratégicos del planeta— es la salida de cerca del 20% del petróleo mundial. La tensión militar ha disparado el coste de los seguros para los buques que navegan por la zona.

Las aseguradoras han multiplicado por diez en algunos casos las primas de riesgo de guerra. Un barco petrolero valorado en unos 250 millones de dólares puede llegar a pagar más de siete millones de dólares adicionales por un solo viaje.

Ese coste no lo paga el armador: se reparte a lo largo de toda la cadena comercial. Cada contenedor, cada pieza industrial y cada alimento que llega por barco empieza a llegar más caro.

Asturias lo nota en el transporte por carretera

El impacto ya preocupa al sector del transporte.

Las asociaciones de transportistas asturianos han advertido de que la subida del gasóleo está reduciendo drásticamente los márgenes de muchas empresas. Cuando el combustible sube de forma brusca, no solo se encarece el transporte de larga distancia: también lo hacen la distribución regional, el reparto urbano y la logística.

En la práctica significa que cada mercancía que entra o sale de Asturias cuesta más moverla.

Ese incremento termina reflejándose en el precio final de los productos.

Golpe directo a la pesca asturiana

Uno de los sectores que primero está notando el impacto es la pesca.

En los puertos asturianos el gasóleo para la flota pesquera ha llegado a subir cerca de un 50% en apenas una semana. En muchas embarcaciones el combustible representa casi la mitad de los costes de explotación.

Si la escalada continúa, varias cofradías temen que algunas campañas puedan verse afectadas porque salir a faenar podría dejar de ser rentable.

Eso tendría consecuencias directas en la actividad de las lonjas, en el empleo y también en el precio del pescado.

Fertilizantes y agricultura: la guerra llega al campo

Otro frente que ya empieza a tensionarse es el de los fertilizantes.

Los fertilizantes dependen en gran medida del gas natural y de la producción química internacional. La tensión energética derivada del conflicto ha provocado subidas cercanas al 20% en algunos productos agrícolas en apenas unos días.

En Asturias esto repercute indirectamente en la ganadería. Los fertilizantes más caros elevan el coste de producir cereales y forrajes, lo que termina encareciendo los piensos.

Cuando el pienso sube, suben los costes de las explotaciones ganaderas y se presiona al alza el precio de la leche y de la carne.

La industria también paga la factura

La industria electrointensiva española —especialmente la siderurgia— ya ha advertido de un aumento significativo de costes energéticos.

El encarecimiento del gas y la volatilidad de los mercados energéticos están generando sobrecostes mensuales de decenas de millones de euros para el sector del acero.

Para Asturias, donde la industria pesada sigue siendo uno de los pilares económicos, este factor es especialmente delicado.

Cuando sube la energía industrial, se reduce la competitividad, se encarecen los productos y se ralentizan inversiones.

La inflación silenciosa

El efecto más lento, pero también el más persistente, es la inflación.

La subida del petróleo encarece el transporte.
El transporte encarece la logística.
La logística encarece la alimentación, la industria y el comercio.

Ese proceso puede tardar semanas en reflejarse en el índice de precios, pero suele terminar trasladándose al consumidor.

En otras palabras: la guerra puede empezar en el precio del petróleo y terminar en el precio del pan.

España tiene reservas… pero no es inmune

España llega a esta crisis con una ventaja: el país mantiene reservas estratégicas de petróleo para más de tres meses de consumo y cuenta con una de las redes de regasificación más potentes de Europa.

Además, el suministro energético está diversificado entre múltiples países.

Eso reduce el riesgo de desabastecimiento. Pero no evita el impacto de los precios globales.

El mercado energético es mundial: si sube el petróleo para todos, también sube para España.

La factura real de la guerra

Si la guerra se prolonga, los economistas esperan un impacto en cadena en varios sectores:

  • combustible

  • transporte

  • seguros marítimos

  • fertilizantes

  • alimentos

  • pesca

  • industria

  • billetes de avión

  • logística

  • precios finales al consumidor

La conclusión es clara: aunque el conflicto esté a miles de kilómetros, la factura ya se está pagando en España.

Y en regiones industriales y marítimas como Asturias, ese coste se nota antes y con más fuerza.

Porque las guerras modernas ya no solo se libran con misiles.

También se libran en los mercados… y terminan pagándose en la cesta de la compra.

Dejar un comentario

captcha