Oriente Medio vive uno de los momentos más explosivos de las últimas décadas. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha colocado al país persa en el centro del tablero internacional justo cuando se ha producido un hecho histórico: la muerte del líder supremo Alí Jamenei tras un ataque militar estadounidense y la elección de un nuevo líder en el régimen de los ayatolás. Mientras continúan los ataques y las represalias, el mundo vuelve a mirar a Irán intentando entender cómo funciona realmente el sistema político que gobierna el país desde la revolución de 1979.
Donde estamos ahora: guerra abierta y un líder supremo muerto
La guerra entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una fase de máxima tensión tras los ataques lanzados contra instalaciones estratégicas iraníes a finales de febrero. Durante esa ofensiva murió Alí Jamenei, líder supremo del país durante más de tres décadas y la figura más poderosa del régimen.
La muerte de Jamenei ha provocado un terremoto político dentro de Irán, pero el sistema creado tras la revolución islámica reaccionó rápidamente. La Asamblea de Expertos, el órgano religioso encargado de elegir al líder supremo, se reunió de urgencia y designó a Mojtaba Jamenei, hijo del líder fallecido, como nuevo jefe religioso y político del país.
La decisión busca garantizar la continuidad del régimen en plena guerra.
Mientras tanto, el conflicto militar sigue escalando. Irán ha respondido con ataques con misiles y drones contra objetivos vinculados a Estados Unidos y sus aliados en Oriente Medio, y la región vive una escalada militar que amenaza con extenderse a otros países.
El cambio de liderazgo se produce, por tanto, en medio de uno de los momentos más peligrosos para la República Islámica desde su creación.
Para entender el presente hay que mirar atrás
La guerra actual no se explica únicamente por los acontecimientos de las últimas semanas. Tiene raíces profundas que se remontan a la revolución que cambió el sistema político iraní hace más de cuarenta años.
La revolución que creó el régimen de los ayatolás
Hasta 1979, Irán estaba gobernado por el sha Mohammad Reza Pahlavi, un monarca aliado de Estados Unidos que impulsaba una modernización del país inspirada en el modelo occidental.
Ese proceso generó fuertes tensiones internas. Muchos iraníes consideraban que el país estaba perdiendo su identidad religiosa y cultural, mientras que la represión política alimentaba el descontento social.
La situación desembocó en la Revolución Islámica de 1979, que derribó al sha y llevó al poder a un influyente clérigo chií: el ayatolá Ruhollah Jomeini.
Jomeini proclamó entonces la República Islámica de Irán, un sistema político completamente nuevo en el que la religión pasaba a ocupar el centro del poder del Estado.
Cómo funciona el régimen de los ayatolás
Irán no es una democracia liberal ni una dictadura militar clásica. Es una estructura política híbrida en la que existen elecciones, pero donde la autoridad religiosa tiene la última palabra.
El sistema incluye:
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un presidente elegido por voto popular
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un parlamento elegido por los ciudadanos
Pero por encima de ambos se encuentra el líder supremo, la máxima autoridad religiosa y política del país.
El líder supremo tiene control sobre:
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las fuerzas armadas
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la Guardia Revolucionaria
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los servicios de inteligencia
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el poder judicial
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la estrategia militar y la política exterior
Durante más de treinta años ese poder estuvo concentrado en Alí Jamenei. Tras su muerte en el actual conflicto, el cargo ha pasado a su sucesor elegido por el clero gobernante.
Por qué Estados Unidos e Irán llevan décadas enfrentados
La rivalidad entre ambos países comenzó prácticamente al mismo tiempo que nació la República Islámica.
En 1979, poco después de la revolución, estudiantes iraníes tomaron la embajada estadounidense en Teherán y retuvieron durante más de un año a decenas de diplomáticos.
Aquel episodio rompió definitivamente las relaciones entre ambos países y marcó el inicio de una enemistad que se ha prolongado durante más de cuatro décadas.
Desde entonces se han sucedido:
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sanciones económicas
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crisis nucleares
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enfrentamientos indirectos en distintos países de Oriente Medio
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operaciones militares y ataques encubiertos
La guerra actual representa el episodio más grave de esa rivalidad histórica.
La división religiosa que marca Oriente Medio: suníes y chiíes
Otro elemento fundamental para entender el papel de Irán en la región es la división histórica dentro del islam entre suníes y chiíes.
Esta separación se remonta al siglo VII, tras la muerte del profeta Mahoma.
El desacuerdo surgió sobre quién debía dirigir la comunidad musulmana.
Los suníes, mayoría en el mundo islámico, defendían que el líder debía ser elegido por consenso entre los creyentes.
Los chiíes, en cambio, sostenían que el liderazgo debía permanecer dentro de la familia del profeta.
Hoy cerca del 85-90 % de los musulmanes son suníes, mientras que los chiíes representan alrededor del 10-15 %.
Irán es el principal país chií del mundo y el único gran Estado gobernado por un clero chií.
Esta diferencia religiosa ha alimentado durante décadas la rivalidad entre Irán y potencias suníes como Arabia Saudí, que compiten por la influencia política y religiosa en Oriente Medio.
La red de aliados de Irán
A lo largo de los años, Irán ha construido una red de aliados y grupos armados en varios países de la región.
Entre los más destacados se encuentran:
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Hezbolá en Líbano
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milicias chiíes en Irak
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el gobierno sirio
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los hutíes en Yemen
Esta red forma parte de la estrategia iraní para ampliar su influencia y contrarrestar el poder militar de Estados Unidos y sus socios regionales.
En el contexto de la guerra actual, esos aliados podrían convertir el conflicto en una crisis regional mucho más amplia.
Un régimen bajo presión en plena guerra
Irán afronta ahora una situación extraordinariamente delicada.
El país se encuentra simultáneamente ante:
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una guerra directa con Estados Unidos
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un cambio histórico en la cúpula del régimen
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tensiones internas dentro de una sociedad joven y cada vez más conectada con el mundo
El sistema creado por la revolución islámica ha demostrado durante más de cuatro décadas una enorme capacidad de supervivencia.
Pero la combinación de guerra exterior y transición de liderazgo abre un escenario incierto.
Lo que ocurra en los próximos meses no solo marcará el futuro de Irán. También puede redefinir el equilibrio de poder en todo Oriente Medio.
Porque detrás del conflicto actual hay algo más profundo que un enfrentamiento militar:
la lucha por el futuro de uno de los regímenes políticos más singulares y decisivos del mundo.
