Los piquetes vuelven a cerrar el paso a Arcelor y la huelga aprieta el corazón industrial de Asturias

Los piquetes vuelven a cerrar el paso a Arcelor y la huelga aprieta el corazón industrial de Asturias

Las auxiliares repiten el bloqueo en Avilés y Gijón en la segunda jornada de paros, mientras patronal y sindicatos se citan de nuevo en el SASEC con el horno alto B y la actividad siderúrgica bajo máxima tensión

Asturias ha amanecido otra vez con el mismo paisaje de nervios, colas y bocinas en los accesos a ArcelorMittal. Dos días después del arranque del conflicto, los piquetes de la huelga en las empresas auxiliares del metal han vuelto a bloquear este miércoles la entrada a las grandes instalaciones siderúrgicas de Avilés y Gijón, repitiendo los atascos y las dificultades de acceso que ya marcaron la primera jornada de paro. La escena se ha convertido ya en una estampa de alto voltaje laboral en uno de los puntos más sensibles de la industria asturiana.

La convocatoria afecta a alrededor de 3.500 trabajadores de empresas auxiliares y de montaje que prestan servicio en factorías estratégicas como ArcelorMittal, AZSA o Fertiberia. Los sindicatos CCOO de Industria y UGT FICA sostienen que el seguimiento está siendo “masivo” y mantienen que la huelga responde al “inmovilismo” de Femetal tras meses de negociación sin acuerdo sobre el convenio. Según las organizaciones convocantes, la plantilla ha respondido con una adhesión contundente y el calendario de paros sigue adelante para los martes, miércoles y jueves de estas tres semanas de marzo si no hay movimiento real en la mesa negociadora.

El problema no es solo el ruido exterior, sino lo que está dejando de moverse dentro. La huelga ya ha obligado a parar parte de las instalaciones de Arcelor, y una de las principales preocupaciones está en Veriña, donde se iba a iniciar una operación clave vinculada al horno alto B, parado desde octubre. Esa maniobra técnica, básica para abrir una “ventana” y afrontar la reparación de la instalación, dependía en buena medida del trabajo de las auxiliares. El conflicto, por tanto, ya no se mide solo en cortes de tráfico o tensión sindical: empieza a rozar procesos industriales delicados, de esos que en una acería no se pueden manosear alegremente sin consecuencias.

ArcelorMittal ha pedido abiertamente que se encuentre una salida al conflicto. La compañía ha señalado que únicamente han podido entrar algunos trabajadores designados para mantener activa la llamada fase caliente, especialmente en áreas críticas como el horno alto y las baterías, mientras el resto de accesos seguían condicionados por la presencia de los piquetes. La imagen es la de una gran factoría funcionando a medio gas, defendiendo sus zonas vitales mientras el conflicto aprieta en la puerta.

Desde el lado empresarial, Femetal ha elevado el tono de alarma. La patronal insiste en que la actividad de las auxiliares está estrechamente unida a procesos industriales críticos y advierte de que una paralización prolongada puede introducir un riesgo industrial en la principal acería asturiana. También ha reclamado “responsabilidad” y “respeto”, y ha censurado las situaciones de “coacción” hacia trabajadores ajenos al conflicto que intentan acceder a sus puestos. La patronal sostiene además que, tras una negociación maratoniana, había aceptado o mejorado 13 de las 14 propuestas sindicales, situando el gran punto de choque en la fórmula de revisión salarial que reclaman los sindicatos.

Ese es, precisamente, el hueso duro de este pulso: el convenio. Los sindicatos defienden que no están pidiendo un lujo asiático ni un delirio marciano, sino un convenio digno que recoja la realidad económica del sector y proteja salarios y derechos sociales. La patronal, en cambio, rechaza recuperar una fórmula de actualización salarial que considera residual y fuera del esquema habitual de la negociación colectiva actual. Traducido al castellano de taller: unos creen que las empresas están apretando demasiado a una plantilla esencial; los otros sostienen que lo que se les pide compromete el equilibrio del sector. Y entre ambos, Asturias contiene la respiración.

La jornada de hoy tiene además una cita marcada en rojo: patronal y sindicatos vuelven a reunirse en el SASEC para intentar desbloquear la situación. La reunión estaba prevista para este miércoles a las 12.00 horas, con la presión multiplicada por lo que ya ha ocurrido en las plantas siderúrgicas en solo dos jornadas de huelga. En el ambiente pesa una idea muy clara: el conflicto ha dejado de ser una pelea sectorial relativamente encapsulada y se ha convertido en un problema con impacto directo sobre el gran músculo industrial de Asturias.

Mientras tanto, sobre el asfalto y en los accesos a fábrica, la realidad ha sido mucho más áspera que cualquier comunicado. Desde primeras horas de la mañana, los piquetes han vuelto a filtrar vehículos, parar entradas y dificultar la llegada de trabajadores. En la primera jornada ya se habían vivido situaciones similares desde las 5.00 horas, con empleados que solo podían pasar si acreditaban pertenecer a áreas críticas. Hoy, el patrón se ha repetido. Y cuando en una planta como Arcelor se repite el mismo atasco dos días seguidos, no hablamos solo de una protesta visible: hablamos de una advertencia seria lanzada desde las tripas de la industria auxiliar al conjunto de la economía asturiana.

Quedan, además, dos jornadas más de paro esta semana y otras seis en reserva dentro del calendario ya convocado. Es decir: salvo acuerdo de última hora, esto no ha hecho más que empezar. Y si hoy no sale humo blanco del SASEC, Asturias puede entrar en una fase todavía más incómoda, con la siderurgia pendiente de operaciones sensibles, la patronal endureciendo el discurso y los sindicatos convencidos de que solo tensando la cuerda lograrán moverla.

El conflicto de las auxiliares ya no está llamando a la puerta de Arcelor. Está plantado en la entrada, con chaleco, megáfono y un mensaje muy claro: sin convenio, no hay normalidad.

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