Avilés se despidió del Antroxu por todo lo alto: el Gran Desfile convirtió la villa en una marea de música, artilugios y disfraces de cine

Avilés se despidió del Antroxu por todo lo alto: el Gran Desfile convirtió la villa en una marea de música, artilugios y disfraces de cine

Los “artilugios” del Descenso de Galiana volvieron a lucirse sin espuma y con todos sus detalles; hoy llega el cierre definitivo con el velatorio y la Quema de la Sardina en la plaza de España

Avilés vivió este Martes de Carnaval una de esas tardes que se quedan pegadas a la memoria colectiva: calles llenas, balcones a reventar, charangas marcando el ritmo y un desfile que, más que un pasacalles, fue una pasarela popular de imaginación desatada. El Gran Desfile del Antroxu volvió a demostrar por qué es uno de los momentos más esperados del calendario festivo avilesino: porque aquí la gente no “va disfrazada”, aquí la gente se transforma.

La comitiva salió puntual (y algo antes que otros años) desde el colegio El Quirinal rumbo a la plaza de España, siguiendo el recorrido que ya es marca de la casa: Juan XXIII, Juan Ochoa, Esther Carreño, Francisco Orejas Sierra, José Cueto, plaza de la Merced y La Cámara. El circuito, ajustado hace un par de ediciones, volvió a jugar a favor del público: mejor visibilidad, menos embudos y más “escenario” para disfrutar de lo que de verdad importa en un Antroxu: el detalle.

Los artilugios: el desfile dentro del desfile

Los primeros en salir fueron los grandes protagonistas del domingo: los artilugios del Descenso de Galiana, que en el Gran Desfile ofrecen una segunda vida… y, para muchos, la mejor: sin el “barro” festivo del Descenso y sin la espuma por medio, se aprecian las horas de taller, los guiños, la carpintería fina y el trabajo de peñas que convierten una estructura con ruedas en un relato entero.

Encabezando la marcha apareció el ganador del Descenso, “Los Mil y un Ébano”, de la peña Ébano, con ese punto entre espectáculo y artesanía que hace que la gente se quede mirando como si estuviera delante de un decorado de cine. Tras él fueron desfilando los siguientes clasificados, en una secuencia que parecía un museo en movimiento: creatividad por toneladas, ironía, escenografía y esa mezcla avilesina de “vamos de broma” pero “esto está hecho como un reloj”.

Del Antroxu tradicional a los disfraces que roban carcajadas

Tras el bloque de artilugios llegaron los mazcaritos del Antroxu tradicional, recordando que esta fiesta también tiene raíz, identidad y memoria. Y justo después, el desfile se abrió a agrupaciones, parejas e individuales: una catarata de ideas, algunas con un acabado impecable y otras con ese encanto irrepetible del “hecho en casa” que, en Avilés, se aplaude como se aplaude lo auténtico.

Los colegios, como casi siempre, jugaron su papel estelar. Hubo propuestas que no solo iban a ganar, sino a hacer reír: el público respondió con carcajadas y móviles en alto cuando aparecieron disfraces que tiraban de costumbrismo, barrio y caricatura. Esa es otra clave del Antroxu: no es solo estética, es teatro callejero.

Y en el concurso por parejas e individual, volvió a verse la diferencia entre disfraz y personaje: gente que no se limita a ponerse algo, sino que sale a actuar, a interactuar, a convertir el desfile en una escena viva. Hubo quien repartía frases, quien jugaba con el público y quien se metía tanto en el papel que el disfraz parecía “de toda la vida”.

Ganadores del concurso: quién se llevó los aplausos… y el premio

El Ayuntamiento ya ha hecho pública la relación de disfraces premiados del XL Gran Desfile de Antroxos, Moxigangues y Carroces. Los primeros premios quedaron así:

  • Categoría de grupos: “Vampiros de Luarca” (primer premio).

  • Categoría de parejas: “Ratoncito Pérez” (primer premio).

  • Categoría individual: “Acerico” (primer premio).

Un podio que resume bastante bien el espíritu del Antroxu: fantasía, humor, personaje reconocible y una ejecución que se nota trabajada.

Hoy, el final: velatorio y Quema de la Sardina

Y aunque el Gran Desfile fue la gran explosión de calle, el Antroxu avilesino guarda su cierre con ritual propio. Hoy llega la despedida definitiva con el desenclavado y velatorio de la Sardina en la plaza de España (desde primera hora de la tarde), la lectura del testamento y, finalmente, la Quema de la Sardina a última hora, cuando la plaza cambia el jaleo por el teatro del adiós.

Es el broche perfecto: Avilés pasa del confeti a la ceremonia con una naturalidad pasmosa, como si la ciudad supiera exactamente cuándo toca reír a carcajadas y cuándo toca hacer ese silencio raro —muy de carnaval— en el que te das cuenta de que lo bueno, cuando se acaba, deja ganas de más.

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