Los asaltos se concentran de noche, siguen un patrón milimétrico y apuntan a una banda itinerante especializada
La tranquilidad de las parroquias rurales de Gijón se ha visto alterada en las últimas semanas por una oleada de robos en viviendas unifamiliares que ha disparado la inquietud vecinal. Somió, Cabueñes y Deva concentran la mayor parte de los asaltos, todos ellos con un modus operandi prácticamente idéntico, lo que refuerza la hipótesis de que detrás de los hechos se encuentra una banda organizada y especializada.
El punto de inflexión se produjo durante el puente de Carnaval, cuando al menos tres chalés fueron asaltados en apenas unos días. Uno de los robos tuvo lugar en la zona baja de Somió, en la parte trasera del parque de los Hermanos Castro, y otros dos en la parroquia de Deva. En uno de los casos, especialmente inquietante, la central de alarmas se activó apenas unos minutos después de que la propietaria saliera de la vivienda, lo que hace pensar que los ladrones tenían controlados los movimientos de la víctima y actuaron en cuanto comprobaron que el domicilio quedaba vacío.
Golpes rápidos, sin ruido y con objetivos claros
El patrón se repite con precisión. Los robos se cometen siempre una vez anochecido, forzando ventanas o puertas secundarias mediante herramientas pequeñas que no generan ruido ni levantan sospechas. Una vez dentro, los delincuentes registran las estancias principales en busca de dinero en efectivo y joyas, evitando objetos voluminosos o fácilmente rastreables.
Los asaltos duran apenas unos minutos. Si detectan la presencia de moradores, huyen de inmediato, evitando cualquier enfrentamiento. El objetivo no es la violencia, sino la rapidez y la discreción.
Esta forma de actuar ha incrementado la sensación de vulnerabilidad entre los vecinos, muchos de los cuales residen en chalés aislados, con escasa iluminación exterior y accesos secundarios que facilitan la huida.
Refuerzo policial y vigilancia discreta
Ante el aumento de denuncias, Guardia Civil y Policía Nacional —cada una dentro de su ámbito competencial— han reforzado la vigilancia en las zonas afectadas. Se han intensificado los controles de vehículos y ocupantes, especialmente en horarios nocturnos y en vías secundarias, y se están utilizando patrullas sin rotular para no alertar a los posibles autores.
Las investigaciones apuntan a la posible actuación de una banda itinerante, un tipo de grupo criminal que se desplaza entre comunidades autónomas realizando “campañas” de robos durante periodos concretos, antes de desaparecer y cambiar de zona. Este tipo de bandas suele evitar alojarse en hoteles u hospedajes reglados para no dejar rastro en los registros oficiales, optando por movimientos continuos y estancias difíciles de rastrear.
Miedo vecinal y reacción en cadena
El temor se ha extendido rápidamente entre los residentes de Somió, Cabueñes y Deva. Muchos vecinos han comenzado a reforzar medidas de seguridad, instalando alarmas, cámaras y sensores de movimiento, mientras que otros se organizan de forma informal para compartir información sobre vehículos o personas sospechosas.
La preocupación no es solo por los robos ya cometidos, sino por la sensación de que los delincuentes conocen bien la zona, los horarios y los hábitos de quienes viven en ella. La idea de estar siendo observados antes del asalto ha calado hondo.
Un problema que amenaza con cronificarse
No es la primera vez que la zona rural de Gijón sufre episodios de este tipo, pero el goteo constante de robos en pocas semanas ha elevado el nivel de alerta. Las fuerzas de seguridad trabajan contrarreloj para identificar a los responsables antes de que la situación se consolide y genere un efecto llamada.
Mientras tanto, las parroquias afectadas viven con una mezcla de prudencia y desconfianza. La calma aparente se mantiene durante el día, pero al caer la noche el miedo vuelve a colarse en muchas casas, con vecinos pendientes de cualquier ruido, cualquier coche desconocido o cualquier movimiento fuera de lugar.
La investigación sigue abierta. Y la vigilancia, más activa que nunca.
