El Antroxu gijonés ya está en marcha y lo hace como mejor sabe: con música, ironía y una ciudad mirándose a sí misma sin filtros. El Teatro Jovellanos acogió este sábado la primera sesión del XXXVIII Concurso de Charangas, una gala que fue mucho más que un certamen musical: fue un retrato colectivo de Gijón cantado a pulmón, a golpe de bombo y con el público entregado desde el primer minuto.
Ocho charangas —Los Acoplaos, Folixa pa Toos, Medusamba, La Última y Marchamos, Ye lo que Hay, Perdíos de los Nervios, El Akelarre y Los Mazcaraos— llenaron el coliseo gijonés de fantasía, crítica social, humor afilado y emoción verdadera. El Jovellanos, con un ambiente de plaza pública, respondió con aplausos constantes, carcajadas y algún que otro silencio respetuoso cuando tocaba apretar el corazón.
Una gala con liturgia propia del Antroxu
La sesión estuvo conducida por Agustín Fernández, encarnado por Alberto Rodríguez, acompañado por las inseparables Hermanas Tologordo, en una ceremonia que mezcló guion teatral, sátira y referencias continuas al imaginario del carnaval gijonés. Tampoco faltó Perla Marigna, la Sardina más célebre del Antroxu, junto a Aurolina Boreal y Parrochu, recordando que aquí todo tiene memoria… y mucha retranca.
Ocho actuaciones, ocho maneras de contar la ciudad
Los Acoplaos: marionetas que se sueltan las cuerdas
Abrieron la gala “liberándose” literalmente con disfraces de marionetas. A ritmo de pop reconocible, lanzaron un mensaje tan cotidiano como certero: volver a hablar sin emojis y recuperar lo humano frente a la pantalla. Entre risas, dejaron caer una crítica muy compartida en el mundo del carnaval: “Quieren Carnaval, pero no nos dejan ensayar”. Humor con fondo real.
Folixa pa Toos: el gato sonríe… y araña
Fieles a su tradición cinematográfica, este año eligieron a Cheshire, el gato de Alicia en el País de las Maravillas. Desde su sonrisa felina dispararon dardos a la ciudad: especulación, gateras, supersticiones futboleras y contradicciones urbanas. Fantasía visual con mensaje directo y perfectamente reconocible para el público local.
Medusamba: viaje a la India con mensaje social
Con trajes inspirados en la India y un espectacular sombrero-Taj Mahal, Medusamba apostó por una propuesta potente en lo visual y clara en lo reivindicativo. Defendieron a los migrantes con versos que resonaron en el patio de butacas —“No busco paguitas, busco un trabajo decente”— y lanzaron preguntas incómodas sobre financiación y episodios recientes de la actualidad asturiana. Crítica sin estridencias, envuelta en percusión y ritmo.
La Última y Marchamos: fútbol, espectáculo… y un teatro en pie
Transformaron el Jovellanos en un campo de fútbol americano, disputando una particular Super Bowl contra el Ayuntamiento. Hubo espectáculo, humor y un descanso musical con Beyoncé versionada, pero el momento que marcó la noche llegó al final: la aparición de Mael, el niño gijonés que sobrevivió a una sepsis meningocócica y perdió extremidades como consecuencia de la enfermedad. El teatro entero se levantó en una ovación que fue mucho más que aplausos: fue abrazo colectivo.
Ye lo que Hay: cuentos que acaban en carcajada
El escenario se convirtió en un bosque donde convivieron Caperucita, lobos despistados y tres cerditos fuera de guion. Humor físico, ritmo teatral y un gag final que se quedó flotando en la sala —“¡Va a ser verdad que nun pega!”— demostraron que una frase bien colocada, en asturiano y con complicidad local, vale oro.
Perdíos de los Nervios: ratas, ritmo urbano y actualidad sin rodeos
Apostaron por unas ratas dispuestas a “reemplazar” a la alcaldesa y se apoyaron en ritmos de Bad Bunny para cargar contra la política nacional con nombres propios y referencias reconocibles. Carnaval en estado puro: exagerar la realidad para poder digerirla a carcajadas.
El Akelarre: color, Oeste y el problema de siempre
Con una explosión cromática y estética del salvaje Oeste, El Akelarre llevó al público de rodeo en rodeo… hasta volver a casa de “papá y mamá”. El motivo: la vivienda imposible, los pisos inalcanzables y la precariedad cotidiana. Una de esas verdades que, cantadas en carnaval, entran directas y sin anestesia.
Los Mazcaraos: dinamita final con aroma internacional
Cerraron la noche con otra versión del Oeste, más agresiva y sin disimulos. Repartieron para líderes nacionales e internacionales —de Abascal a Trump, pasando por Sánchez, Putin o Netanyahu— y remataron con una tamborada final que dejó al público con ganas inmediatas de más. Supieron cerrar, y en un concurso así, eso cuenta mucho.
El concurso como espejo del Antroxu
El Concurso de Charangas es hoy uno de los grandes termómetros del Antroxu gijonés. Detrás de cada actuación hay meses de trabajo, ensayos desde el otoño, vestuarios diseñados al milímetro y letras pensadas para hacer reír… y pensar. El nivel crece año tras año y el Jovellanos se ha convertido en un espacio donde lo popular y lo escénico se dan la mano sin complejos.
Aquí se canta a WhatsApp y a la vivienda, a la política local y a la internacional, a la infancia y a las heridas colectivas. El Antroxu no esquiva la realidad: la baila.
Lo que viene
El concurso continúa este domingo a las 19:00 horas con el segundo pase en el Teatro Jovellanos. Fuera del escenario, la meteorología ya ha obligado a mover fichas: el desfile de la asociación vecinal de Vega-La Camocha previsto para hoy queda suspendido por la lluvia, aunque sus integrantes ya anuncian que participarán este lunes en el desfile del Antroxu y prometen sorprender.
El Antroxu de Gijón ya ha arrancado con fuerza. Y si la primera sesión del concurso ha dejado algo claro es esto: cuando las charangas salen, la ciudad escucha… y canta con ellas.
