Hay actores que pisan una ciudad para rodar. Y hay actores que, sin esperarlo, pisan una ciudad y sienten que regresan. A Pedro Pascal le ocurrió lo segundo en Oviedo.
El intérprete chileno-estadounidense, convertido en uno de los rostros más reconocibles de Hollywood tras éxitos como The Mandalorian o The Last of Us, aterrizó en la capital asturiana por trabajo. Pero lo que encontró fue algo mucho más íntimo: una conexión emocional con sus raíces españolas. “Mi sangre es del norte de España, así que me sentí como en casa”, confesó durante la gira de promoción de Los 4 Fantásticos, película en la que encarna a Mr. Fantástico.
Y no era una frase hecha.
Balmaceda: el apellido que apunta al norte
Aunque el mundo lo conoce como Pedro Pascal, su nombre completo es José Pedro Balmaceda Pascal. El propio actor ha explicado en varias ocasiones que su primer apellido es Balmaceda —de origen paterno— y que Pascal procede de su madre.
Ese detalle biográfico no es menor. La rama Balmaceda de su familia tiene raíces en el norte de España, con conexiones históricas en territorios como el País Vasco, Cantabria y Asturias. Además, su abuela paterna nació en Palma de Mallorca, lo que refuerza esa huella española en su árbol genealógico.
La historia personal de Pascal está marcada por el exilio. Nació en Santiago de Chile en 1975 y, tras el golpe de Estado de Pinochet, su familia tuvo que refugiarse en la embajada de Venezuela antes de marcharse a Estados Unidos. Creció entre Texas y Nueva York, forjó allí su carrera y acabó conquistando Hollywood. Una vida marcada por desplazamientos constantes, por esa sensación —como él mismo ha dicho— de que su hogar está “en todas partes y en ningún sitio”.
Hasta que llegó Oviedo.
El Palacio de Congresos convertido en superproducción
El motivo de su estancia en Asturias fue el rodaje de la nueva adaptación cinematográfica de Los 4 Fantásticos. Parte de la producción se rodó en España y uno de los escenarios elegidos fue el Palacio de Congresos y Exposiciones Ciudad de Oviedo, obra del arquitecto Santiago Calatrava.
Su estructura futurista de hormigón, acero y cristal, con esa cúpula blanca de 45 metros de altura y el diseño orgánico característico de Calatrava, se transformó en la sede ficticia de la Fundación Futuro del universo Marvel. El edificio parecía diseñado para el cine. Pero para Pascal fue algo más que un decorado espectacular.
Fue el lugar donde, según sus propias palabras, sintió que algo encajaba.
Más allá del rodaje: una ciudad con alma
Porque Oviedo no es solo arquitectura icónica. Es una ciudad que respira historia, verde y carácter norteño por los cuatro costadosEl casco antiguo, con la Catedral de San Salvador como emblema gótico; el Campo de San Francisco, pulmón verde con robles centenarios; la plaza del Fontán con su vida cotidiana; o la calle Gascona, el llamado Bulevar de la Sidra, donde la fabada y el cachopo se celebran con sidra escanciada y conversación larga… Todo eso compone una identidad muy definida.
Oviedo no abruma. Acoge.
Y esa combinación de historia medieval, naturaleza cercana —con el Naranco vigilando la ciudad— y calidez social pudo haber activado algo profundo en el actor. No se trataba solo de una afinidad estética. Era un reconocimiento interior.
Un norte que lo esperaba
En una carrera marcada por el movimiento —Chile, Estados Unidos, rodajes por medio mundo—, Pascal encontró en Oviedo una quietud distinta. Una sensación de pertenencia inesperada. No es frecuente que una estrella internacional verbalice algo tan directo como “me sentí como en casa” en referencia a una ciudad concreta.
Pero lo hizo.
Para Asturias, esa frase no es anecdótica. Es casi poética. Porque habla de un actor universal que, al caminar por una ciudad del norte de España, sintió que su historia personal y el paisaje se entrelazaban.
Pedro Pascal no nació en Oviedo. Ni creció en Asturias. Pero cuando rodó bajo la cúpula blanca del palacio de congresos y paseó por una ciudad rodeada de verde, entendió algo que va más allá del cine:
A veces, las raíces no se buscan.
Te encuentran.
