El Principado sigue de cerca las tensiones en la cúpula de Indra para asegurar que los grandes proyectos de defensa previstos en Gijón, Avilés y Langreo no se descarrilen. La pugna accionarial con EM&E y el papel de la SEPI añaden un componente político a una operación clave para el empleo cualificado en la región.
Asturias quiere jugar en la primera división de la industria de defensa. Y no está dispuesta a perder el partido por una batalla corporativa en Madrid.
La tensión generada en las últimas semanas por los planes de integración entre Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) ha activado todas las alertas en el Principado. No tanto por el debate empresarial en sí, sino por lo que está en juego en territorio asturiano: inversiones multimillonarias, cientos de empleos de alta cualificación y la consolidación de un polo industrial estratégico ligado a la defensa europea.
El trasfondo: una fusión con implicaciones políticas
El detonante ha sido el pulso accionarial que rodea una posible operación corporativa entre ambas compañías. En el capital de Indra, la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) posee alrededor del 28%, mientras que los hermanos Escribano controlan un 14,3% a través de EM&E. El temor en ámbitos gubernamentales es que una ampliación de capital destinada a absorber EM&E altere el equilibrio accionarial y diluya el peso del Estado en una empresa considerada estratégica.
En ese contexto se produjo la reunión en La Moncloa entre el presidente de Indra y el director de la oficina económica de Presidencia. La filtración de que se habría sugerido una fórmula que preservara el control público —incluso planteando alternativas como una compra mayoritaria parcial o cambios en la gobernanza— elevó la temperatura del debate.
Indra, por su parte, ha reafirmado su hoja de ruta estratégica bajo el plan “Leading the Future”, con un claro foco en la expansión del negocio de defensa terrestre y sistemas avanzados.
Asturias, en el centro del tablero
Mientras tanto, el Gobierno asturiano evita pronunciamientos explícitos sobre el choque corporativo, pero sí envía un mensaje inequívoco: la comunidad no puede permitirse que estos proyectos se frenen.
La presencia de Indra en Asturias ya no es una promesa, sino una realidad. En El Tallerón (Gijón) opera la nueva división de vehículos terrestres Land Vehicles, donde se está realizando el acabado del blindado 8x8 “Dragón”, uno de los programas estrella del Ministerio de Defensa. La planta ha iniciado procesos de contratación de perfiles especializados en ingeniería, soldadura avanzada, mecánica pesada y sistemas electrónicos.
Pero el salto cualitativo podría llegar desde Avilés, concretamente en los terrenos de las antiguas baterías de coque, una parcela de 330.000 metros cuadrados que Indra estudia transformar en un complejo integral vinculado a la producción y ensayo de vehículos militares.
El plan contempla tres ejes:
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Una pista de pruebas de al menos un kilómetro para ensayos dinámicos de blindados.
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Una nave de entre 50.000 y 70.000 metros cuadrados destinada al acabado industrial de vehículos.
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Un parque de empresas auxiliares que refuerce la cadena de valor.
Entre esas compañías podría figurar EM&E, que ya dispone en Avilés de un centro de I+D con una quincena de ingenieros y planes de expansión.
Langreo y la munición guiada
El mapa industrial no termina ahí. EM&E negocia la adquisición de parte de las instalaciones del antiguo taller de Duro Felguera en Barros (Langreo). La operación permitiría implantar una planta vinculada a sistemas guiados de munición, incluidos misiles, un segmento en plena expansión ante el aumento del gasto en defensa en Europa.
La Unión Europea ha multiplicado los fondos destinados a reforzar su autonomía estratégica tras la guerra en Ucrania y el cambio de paradigma geopolítico. El Fondo Europeo de Defensa y los nuevos instrumentos financieros comunitarios apuntan a un crecimiento sostenido del sector durante la próxima década.
Asturias aspira a capturar parte de ese ciclo inversor.
Empleo cualificado y efecto tractor
El Principado lleva años intentando diversificar su tejido productivo tras la reconversión industrial. La defensa aparece ahora como una oportunidad para atraer ingeniería avanzada, talento joven y empresas auxiliares tecnológicas.
El consejero de Ciencia, Industria y Empleo ha insistido en que el impulso europeo a la defensa “va a durar años” y que Asturias está bien posicionada para beneficiarse. La estrategia regional pasa por consolidar un ecosistema que combine producción, investigación y colaboración con universidades y centros tecnológicos.
En paralelo, el Gobierno autonómico ha destinado 1,7 millones de euros a 16 startups innovadoras, en un intento por fortalecer el tejido empresarial que podría integrarse como proveedor de grandes proyectos industriales.
Un equilibrio delicado
La incógnita es si la tensión corporativa entre Indra, EM&E y la SEPI terminará resolviéndose con una fórmula de consenso o si se convertirá en un factor de inestabilidad.
Para Asturias, el riesgo no es teórico. Un retraso en decisiones estratégicas podría afectar a calendarios de inversión, contratos y contrataciones.
Pero también hay una lectura optimista: el hecho de que el debate sea tan intenso revela la magnitud de lo que está en juego. Indra aspira a consolidarse como gran campeón nacional de la defensa terrestre, y Asturias ofrece suelo industrial, tradición metalúrgica y mano de obra cualificada.
La batalla se libra en los despachos de Madrid.
Las consecuencias, sin embargo, se medirán en empleo y actividad en Gijón, Avilés y Langreo.
Y el Principado no piensa quedarse mirando.
