Entrar y salir de Asturias roza el absurdo: un fin de semana cuesta más que volar a media Europa

Entrar y salir de Asturias roza el absurdo: un fin de semana cuesta más que volar a media Europa

Viajar a Asturias se ha convertido en una paradoja incómoda. Nunca hubo tantas opciones para entrar y salir del Principado. Nunca se movió tanta gente por el Aeropuerto de Asturias. Y, sin embargo, nunca fue tan caro volver a casa.

El ejemplo de este fin de semana es demoledor: un billete de ida y vuelta Madrid–Asturias con salida el viernes y regreso el domingo alcanza los 671 euros. En las mismas fechas y con horarios similares, volar desde Madrid a Roma cuesta 374 euros. Es decir: sale casi el doble de caro regresar al Principado que escaparse a la capital italiana.

No es una anécdota. Es la consecuencia de una tormenta perfecta.

El vuelo del “regreso a casa”, disparado

El clásico viaje de los asturianos que trabajan en Madrid y vuelven el fin de semana —ese que se compra casi por inercia— se ha convertido en un lujo. Las tarifas se disparan a medida que se acerca el viernes y alcanzan su punto máximo justo cuando más gente necesita volar.

La progresión es clara: en apenas unos días, el mismo billete puede pasar de algo menos de 500 euros a superar ampliamente los 650. Siempre en clase turista y con equipaje básico. El mensaje implícito es contundente: si necesitas volver sí o sí, prepárate para pagar.

Mientras tanto, en ese mismo corredor aéreo, otros horarios menos demandados bajan drásticamente. Hay vuelos a primera hora que pueden encontrarse por debajo de los 50 euros. Pero el billete “estrella”, el que permite salir de trabajar el viernes y regresar el domingo por la noche, se sitúa con facilidad por encima de los 300 o 400 euros… e incluso mucho más.

Más oferta que nunca… pero el bolsillo no lo nota

En teoría, la competencia debería aliviar la presión. En la práctica, no siempre sucede.

La ruta Madrid–Asturias vive un momento de transición. La aerolínea tradicional deja paso operativo a su filial regional, con aviones de menor capacidad. Al mismo tiempo, otras compañías han entrado en el mercado y a partir de junio se sumarán nuevas frecuencias diarias con aeronaves de mayor tamaño.

Sobre el papel, eso significa más plazas y más competencia. Pero en los fines de semana críticos —viernes y domingo— la demanda es tan concentrada que el precio vuelve a escalar. La sensación entre empresarios y viajeros frecuentes es clara: hay más vuelos, sí; precios más bajos, no necesariamente.

El tren ya no es la alternativa segura

Durante años, cuando el avión se encarecía, el tren era el plan B razonable. Hoy esa confianza se ha debilitado.

Las obras en infraestructuras, los ajustes operativos y los conflictos laborales han generado una percepción de incertidumbre. Cuando el viajero teme retrasos o cancelaciones en un desplazamiento corto de fin de semana, opta por la opción que considera más fiable, aunque sea más cara.

El resultado es un trasvase hacia el avión que, en momentos punta, termina presionando aún más los precios.

Por carretera: el peaje como peaje emocional

Quien decide viajar en coche tampoco escapa del sobrecoste. La autopista del Huerna, paso obligado para muchos desplazamientos hacia la Meseta, supone más de 16 euros por trayecto para turismos. Más de 32 euros solo en peaje para un ida y vuelta.

En un contexto de combustible caro y desplazamientos frecuentes, esa cifra se convierte en un gasto estructural que pesa en el bolsillo. Asturias mantiene así una especie de “aduana interna”: entrar y salir implica pasar por caja.

El contexto: récord de pasajeros, sensación de aislamiento

Paradójicamente, el Aeropuerto de Asturias ha superado los dos millones de pasajeros anuales y vive uno de sus mejores momentos históricos en tráfico aéreo. Hay más conexiones que nunca, más interés turístico y más actividad empresarial.

Pero el éxito en volumen no siempre se traduce en accesibilidad económica. La región atrae visitantes, sí, pero para muchos asturianos desplazados, volver cada fin de semana empieza a parecer un privilegio reservado a quienes pueden asumir el coste.

Una cuestión que va más allá del precio

Lo que está en juego no es solo una tarifa puntual. Es la competitividad del territorio, la movilidad empresarial, la facilidad para mantener vínculos familiares y, en definitiva, la cohesión territorial.

Asturias se promociona como destino de calidad, sostenible y atractivo. Lo es. Pero si el acceso se percibe como caro, incierto o complicado, el debate ya no es turístico: es estratégico.

Porque hoy la realidad es esta:
hay más maneras que nunca de llegar a Asturias, pero cuesta más que nunca hacerlo.

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