Asturias ensancha la grieta: 10.000 personas más en exclusión social mientras miramos hacia otro lado

Asturias ensancha la grieta: 10.000 personas más en exclusión social mientras miramos hacia otro lado

Uno de cada cinco asturianos vive ya en riesgo de exclusión. La pobreza baja en las estadísticas, pero la fragilidad se dispara. La vivienda asfixia, el empleo no integra y la clase media se encoge. El nuevo informe de Cáritas y FOESSA lanza una advertencia incómoda: estamos dejando atrás a demasiada gente.

Asturias presume de recuperación económica. Más empleo. Mejores cifras macro. Menos tasa oficial de pobreza. Y, sin embargo, el suelo se está moviendo bajo los pies de miles de familias.

El nuevo informe presentado ayer en Oviedo por Cáritas Diocesana de Oviedo, la Fundación FOESSA y la Fundación Padre Ossó revela un dato que desarma cualquier triunfalismo: 10.000 personas más viven en exclusión social que en 2018.

Hoy, una quinta parte de la población asturiana está afectada por procesos de exclusión, pese a que la tasa de pobreza haya bajado del 20,9% al 15,6% entre 2018 y 2024. La pobreza monetaria se reduce; la vulnerabilidad estructural crece.

Y eso debería encender todas las alarmas.

La vivienda: el nuevo epicentro de la fractura

El informe identifica un factor determinante: la carestía de la vivienda.

Un 29% de la población presenta algún rasgo de exclusión residencial. No hablamos solo de personas sin hogar. Hablamos de familias que destinan tanto dinero al alquiler, la hipoteca o los suministros que, una vez pagados, quedan por debajo del umbral de la pobreza.

Las cifras son contundentes:

  • 120.000 personas viven en viviendas inseguras, por inestabilidad en la tenencia o problemas legales.

  • 50.000 residen en viviendas inadecuadas, con hacinamiento o graves deficiencias estructurales.

  • El 14% no puede mantener su casa a una temperatura adecuada.

  • El 8% acumula retrasos en pagos vinculados a la vivienda o compras a plazos.

La vivienda ya no es solo un problema inmobiliario. Es el principal motor de desigualdad.

Empleo sí, pero sin integración

Asturias crea empleo, pero el empleo no está sacando a la gente de la exclusión.

El informe es demoledor:
El 17,1% de los trabajadores asturianos sufre exclusión laboral, por inestabilidad grave, desempleo de larga duración o falta total de empleo en el hogar.

La precariedad afecta especialmente a quienes trabajan a jornada parcial: el 52% de ellos vive situaciones de exclusión.

La conclusión es dura, pero clara:

“El empleo se recupera, pero el bolsillo y la integración no lo notan”.

No basta con tener trabajo. Si el salario no permite vivir con dignidad, el contrato no protege.

La clase media se contrae

El informe habla de un fenómeno “inédito”: fragmentación social. La clase media no desaparece de golpe; se desliza hacia abajo.

Tras dos décadas marcadas por crisis encadenadas —financiera, sanitaria, inflacionaria— la recuperación económica no ha cerrado la brecha. Ha dejado bolsas persistentes de fragilidad.

Hoy, un 5,7% de la población sufre carencia material y social severa.
Casi tres de cada diez personas no pueden afrontar un gasto imprevisto.

La vulnerabilidad ya no es una excepción. Es un estado permanente para miles de hogares.

Los más golpeados: extranjeros, mujeres, infancia y juventud

El retrato es aún más preocupante cuando se observa quiénes sufren con mayor intensidad esta exclusión:

  • El 60% de la población extranjera está en exclusión social.

  • Uno de cada tres menores vive en hogares afectados.

  • El 33% de los hogares sustentados por mujeres está en exclusión.

  • En los hogares monoparentales, la tasa asciende al 38%.

La combinación de ingresos insuficientes y cargas de cuidados está generando una fractura especialmente alarmante.

Y hay otro dato inquietante:
Casi la mitad de las personas con diagnóstico de enfermedad mental (47,8%) están en exclusión social en Asturias, muy por encima de la media nacional.

La pobreza no solo es económica. Es residencial, laboral, sanitaria, psicológica.

No es una estadística. Es una fractura moral.

Lo más inquietante del informe no son solo las cifras. Es la tendencia.

Asturias mejora en tasa de pobreza, pero empeora en cohesión.
Hay más empleo, pero menos integración.
Hay más crecimiento, pero más gente al límite.

El riesgo es normalizarlo. Convertirlo en ruido de fondo. Acostumbrarnos a que 10.000 personas más hayan caído en exclusión sin que tiemble la agenda pública.

Cáritas y FOESSA reclaman un “cambio radical” en las políticas sociales y un nuevo pacto que ponga en el centro el cuidado y la interdependencia.

Porque el problema ya no es marginal.
Es estructural.

Y si una sociedad permite que una de cada cinco personas quede atrapada en la exclusión mientras el resto sigue como si nada, el problema no es solo económico.

Es ético.

Estamos dejando atrás a demasiada gente.
Y eso, sencillamente, no puede ser normal.

Dejar un comentario

captcha