La investigación del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) —el más grave de la alta velocidad española en décadas, con 42 fallecidos según el balance conocido— entra en una fase decisiva: ya han salido a la luz las comunicaciones del maquinista del Iryo con el centro de mando de Adif en Atocha, registros incorporados a la investigación que dirige la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF).
Los audios, difundidos por medios este miércoles, retratan minuto a minuto la confusión inicial, la toma de conciencia progresiva del conductor y, sobre todo, aportan pistas sobre la secuencia real del siniestro: primero, una anomalía que el maquinista describe como “enganchón”; después, el reconocimiento de que se trata de un descarrilamiento que invade la vía contigua; y finalmente, la constatación de incendio y heridos, con la petición expresa de parar el tráfico y activar bomberos y ambulancias.
Qué dicen las conversaciones (y por qué importan)
Las grabaciones recogen dos contactos principales con el centro de control:
1) Primera llamada: “He sufrido un enganchón”
El maquinista comunica un “enganchón” a la altura de Adamuz y, en ese primer intercambio, no verbaliza que haya descarrilamiento ni choque con otro tren. Se le indica que baje pantógrafos (medida de seguridad eléctrica), él responde que ya están abajo y explica que tiene el tren bloqueado y que necesita salir a reconocer el exterior.
Qué revela esta primera llamada:
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El término “enganchón” sugiere que el conductor percibe un tirón brusco o una anomalía (algo que “engancha”, golpea o frena de manera violenta), pero sin diagnóstico claro en ese instante.
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Lo más relevante: no parece consciente todavía del alcance real del incidente. Eso no significa que no hubiera gravedad, sino que su percepción en cabina (ruido, vibración, alertas) no le permite entenderlo de inmediato.
2) Segunda llamada: “Es un descarrilamiento e invado la vía contigua… tengo incendio”
En el segundo contacto, el tono cambia. El maquinista ya informa de que es un descarrilamiento, que el tren está invadiendo la vía contigua y pide parar el tráfico urgentemente. A continuación añade un elemento crítico: hay incendio (“tengo un coche incendiado”) y solicita servicios de emergencia porque hay heridos.
Qué revela esta segunda llamada:
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Confirma un punto clave para la investigación: la invasión de la vía contraria. Eso explica por qué el accidente no fue “solo” un descarrilamiento, sino una situación de riesgo inmediato de colisión.
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Sitúa el foco en la ventana temporal entre el primer aviso y la petición de corte total de circulación. En un corredor de alta velocidad, segundos pueden marcar la diferencia.
Las claves técnicas que estos audios ayudan a iluminar
Sin sustituir el análisis pericial, las conversaciones sirven para orientar tres preguntas centrales:
1) ¿Qué fue exactamente el “enganchón”?
La palabra no es un diagnóstico técnico cerrado, pero sí un indicio. Puede encajar con:
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un impacto o roce con algún elemento (infraestructura, objeto, irregularidad),
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una rotura o fallo mecánico que provoca un tirón,
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o una anomalía de vía (deformación, descalce, elemento suelto) que el tren “muerde”.
La CIAF y los técnicos cruzarán esa frase con datos de registradores: velocidad, frenadas, vibraciones, alarmas, consumo eléctrico, eventos del sistema de seguridad y el punto exacto donde el tren empieza a descomponerse.
2) ¿Por qué el maquinista no asume al principio que ha descarrilado?
Esto no es una rareza: en determinados eventos, especialmente si el tren se estabiliza parcialmente o si el descarrilamiento afecta a coches intermedios/traseros, la cabina puede percibirlo como un golpe o bloqueo sin “ver” todavía la dimensión real.
El audio muestra que la conciencia de la gravedad llega cuando confirma invasión de vía e incendio.
3) ¿Qué indica sobre la gestión del riesgo en tiempo real?
La frase “necesito que paren el tráfico urgentemente” es un punto de inflexión. La investigación analizará:
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cuándo se cortó efectivamente la circulación,
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si había trenes aproximándose y a qué distancia,
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y si los protocolos de control y señalización reaccionaron con la rapidez esperable.
Lo que NO se puede concluir aún (y lo que sí)
No se puede afirmar por estos audios, por sí solos, la causa del accidente ni asignar responsabilidades técnicas. Para eso hacen falta:
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inspección de la vía,
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análisis del material rodante,
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lectura completa del registrador,
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reconstrucción cronológica milimétrica.
Pero sí permiten algo muy importante: dibujar una secuencia coherente de lo ocurrido desde el punto de vista del maquinista y confirmar que:
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hubo un evento inicial (“enganchón”) percibido antes de que se verbalizara el descarrilamiento,
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el tren terminó invadiendo la vía contigua,
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se detectó incendio y heridos,
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y se pidió el corte urgente del tráfico.
Por qué estos audios aumentan la presión sobre el sistema
La publicación de las conversaciones llega en una semana especialmente sensible para el ferrocarril español: tragedias recientes, tensión sindical y una opinión pública en shock. Los audios no solo aportan información: ponen voz humana a la confusión del primer minuto y colocan el debate donde más duele: seguridad, mantenimiento, protocolos y capacidad de reacción cuando todo se rompe en segundos.
