La tensión acumulada por los últimos accidentes ferroviarios mortales ha terminado estallando. Los sindicatos del sector, encabezados por el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (SEMAF), han anunciado la convocatoria de una huelga general en el ferrocarril español, una decisión sin precedentes inmediatos que llega tras una semana trágica en la que han perdido la vida trabajadores del sector y varios trenes han descarrilado en distintos puntos del país.
La convocatoria se produce en un clima de consternación, miedo y enfado entre los profesionales del ferrocarril, que denuncian una falta de garantías de seguridad y aseguran que llevan tiempo advirtiendo de los riesgos que ahora se han materializado con consecuencias fatales.
“No vamos a conducir trenes sin seguridad”
El mensaje de los maquinistas es claro y contundente: no aceptarán volver a circular mientras no se garantice que la infraestructura es segura. El sindicato considera “inadmisible” que se hayan producido accidentes mortales en cadena y señala directamente al estado de las infraestructuras, al mantenimiento y a los protocolos ante situaciones de riesgo, especialmente en episodios de meteorología adversa.
Desde SEMAF se denuncia que, en algunos casos, los trenes han seguido circulando pese a existir avisos previos de peligro, como desprendimientos, inestabilidad del terreno o daños en la vía. La muerte de compañeros en acto de servicio ha sido el detonante final de una protesta que llevaba meses gestándose.
El contexto: accidentes graves y una red bajo sospecha
La huelga llega tras una sucesión de incidentes ferroviarios de extrema gravedad en apenas unos días. Descarrilamientos, colisiones con obstáculos en la vía y accidentes con víctimas mortales han puesto en evidencia la fragilidad del sistema ferroviario cuando se combina el desgaste de la infraestructura con fenómenos meteorológicos intensos.
El caso más reciente, el descarrilamiento de un tren de Rodalies en Cataluña con la muerte de un maquinista en prácticas, ha tenido un fuerte impacto emocional en el colectivo. Para los sindicatos, no se trata de hechos aislados, sino de síntomas de un problema estructural que afecta a toda la red.
Qué exigen los sindicatos
La huelga no es solo una medida de presión laboral. Los maquinistas plantean una batería de exigencias urgentes:
-
Revisión inmediata y exhaustiva de la red ferroviaria española, especialmente en tramos con antecedentes de desprendimientos o incidencias.
-
Protocolos claros y obligatorios para suspender la circulación cuando no existan condiciones de seguridad.
-
Que ningún trabajador sea forzado a circular con dudas sobre el estado de la vía.
-
Asunción de responsabilidades por parte de los gestores de la infraestructura y de la operación ferroviaria.
-
Medidas de apoyo psicológico y protección profesional tras la muerte de compañeros en servicio.
Impacto directo en millones de viajeros
Aunque aún no se han concretado fechas ni servicios mínimos, la convocatoria apunta a un paro de gran alcance, con capacidad para afectar tanto a Alta Velocidad como a Cercanías y Media Distancia. De materializarse, la huelga tendrá un impacto directo en millones de desplazamientos diarios y añadirá presión a un sistema ya tensionado.
Empresas como Renfe y el gestor de infraestructuras Adif se enfrentan ahora a un escenario crítico: recuperar la confianza de los trabajadores y de los viajeros en un momento de máxima exposición pública.
Una huelga que va más allá de lo laboral
En el sector se insiste en que esta no es una huelga “clásica”. Es una huelga por seguridad, por dignidad profesional y por el derecho a volver a casa con vida tras cada turno. El mensaje que lanzan los maquinistas es tan simple como demoledor: el tren no puede seguir funcionando a cualquier precio.
España se enfrenta así a un nuevo frente en plena crisis ferroviaria, con una pregunta que ya resuena con fuerza en estaciones, cabinas y despachos:
¿cuántas muertes hacen falta para que la seguridad sea realmente prioritaria?
