Dos Asturias venezolanas ante la caída de Maduro: alivio, rabia y un futuro sin manual de instrucciones

Dos Asturias venezolanas ante la caída de Maduro: alivio, rabia y un futuro sin manual de instrucciones

Asturias se ha convertido en las últimas horas en un espejo nítido de la Venezuela partida. La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos no solo ha sacudido el tablero internacional: ha fracturado emocional y políticamente a la comunidad venezolana residente en el Principado. La misma noticia provoca escenas opuestas a pocos kilómetros de distancia —y, en algunos casos, dentro de la misma familia—: celebración y esperanza frente a indignación y denuncia de “agresión imperialista”.

No es una discusión de tertulia. Se está viendo en la calle, en redes y en el posicionamiento de colectivos asturianos. Y plantea una pregunta incómoda que atraviesa todo el debate: ¿qué viene ahora… y a qué precio?

“Por fin se abre una puerta”: la Asturias que celebra

En Oviedo, Gijón y el área central, una parte significativa de la diáspora venezolana vive lo ocurrido como el cierre abrupto de una etapa de miedo y asfixia. El sentimiento dominante es una mezcla de alivio, euforia contenida y prudencia. No hay ingenuidad: nadie habla de finales felices inmediatos. Pero sí de algo que llevaba años bloqueado: la posibilidad real de cambio.

Entre quienes celebran, el relato se repite con variaciones personales: familias rotas, proyectos truncados, exilio forzado. Para ellos, la caída del liderazgo simboliza oxígeno. “Ahora empieza lo difícil”, admiten, pero empieza. La palabra aparece una y otra vez en conversaciones privadas y mensajes compartidos: esperanza.

Ese entusiasmo, sin embargo, llega con letra pequeña. Hay conciencia de los riesgos: quién controla las armas, quién manda en las cárceles, qué papel jugará el ejército, si habrá elecciones reales o una transición cosmética. La alegría no borra el vértigo. Lo acompaña.

“No en nuestro nombre”: la Asturias que denuncia la intervención

Al mismo tiempo, otra parte de la comunidad venezolana —y sectores políticos y sociales asturianos— ha reaccionado con rechazo frontal. El argumento es claro y directo: no se puede combatir una deriva autoritaria con una intervención extranjera. Para este bloque, la captura de Maduro no es liberación, sino una violación de soberanía que sienta un precedente peligroso.

Ese discurso se ha materializado en concentraciones y llamamientos públicos, especialmente en Gijón, donde se han visto pancartas contra la injerencia estadounidense y mensajes que apelan a la paz y a la legalidad internacional. El marco es conocido, pero eficaz: rechazo a la “guerra”, denuncia del “imperialismo” y temor a que el remedio sea peor que la enfermedad.

Aquí, el miedo no es abstracto. Se habla de caos, violencia, represalias internas, fragmentación militar y de un país empujado a un escenario imprevisible. Para estos colectivos, tumbar a un dirigente por la fuerza no garantiza democracia; puede abrir la puerta a algo peor.

La tercera Venezuela: el silencio que lo duda todo

Entre ambos bloques hay una mayoría silenciosa que no encaja en ninguno de los dos relatos puros. No aplaude a Washington, pero tampoco llora al chavismo. Teme el “día después”. Observa con cautela, incluso con ansiedad.

Es la Venezuela del “sí, pero…”.
Sí, el régimen estaba agotado.
Pero… ¿y ahora qué?

Esta posición —menos visible, pero muy extendida— aparece en charlas cotidianas y en mensajes privados: esperanza y miedo en la misma frase. Es la conciencia de que la historia no se escribe con consignas, sino con equilibrios frágiles.

Por qué esta fractura también es asturiana

Asturias reúne dos perfiles que explican la dicotomía. Por un lado, exiliados económicos y políticos que asocian el chavismo con pérdida y huida; por otro, militancia ideológica e internacionalista —venezolana y española— que interpreta la intervención como dominación externa. A ambos se suma una sociedad asturiana con tradición de movilización y posicionamiento político, que no observa los acontecimientos como algo lejano.

El resultado es un territorio donde Venezuela se discute en primera persona.

Dos emociones, una pregunta

La imagen final es potente por su sencillez:

  • Para unos, “por fin se abre la puerta”.

  • Para otros, “nos han tirado la pared encima”.

Y en medio, una pregunta que nadie puede esquivar: ¿quién llevará ahora las riendas de Venezuela y con qué legitimidad? Asturias, sin buscarlo, se ha convertido estos días en un pequeño laboratorio del debate global. Porque cuando cae un poder que parecía eterno, la esperanza y el miedo suelen llegar juntos.

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