Gijón ya no se apaga: la ciudad crece, se rejuvenece y cambia de piel gracias a la inmigración

Gijón ya no se apaga: la ciudad crece, se rejuvenece y cambia de piel gracias a la inmigración

Gijón llevaba años aprendiendo a vivir con una idea incómoda: la de una ciudad que envejece, que pierde población propia y que se mira al espejo con más canas que niños. Pero 2025 marca un punto de inflexión. No es un rebote puntual ni una anécdota estadística. Es un cambio de rumbo.

El padrón municipal cerró el año con 277.796 personas empadronadas, 2.076 más que en 2024. Un crecimiento del 0,75 % que consolida una tendencia sostenida desde 2022. En una Asturias acostumbrada a contar pérdidas, Gijón suma. Y lo hace por una razón muy clara: la inmigración extranjera.

El crecimiento tiene nombre y apellido

En solo cuatro años, la población extranjera empadronada en Gijón ha pasado de 19.418 a 27.066 personas. Son 7.648 vecinos más, un aumento cercano al 40 %. Una cifra que no solo compensa, sino que supera con creces el descenso de población española, que en el mismo periodo perdió 1.865 empadronados.

Dicho sin rodeos: si Gijón crece hoy, es porque llegan de fuera.

Quiénes están cambiando la ciudad

Casi la mitad de los extranjeros que viven en Gijón proceden de Latinoamérica. Colombianos y venezolanos encabezan la lista, seguidos de rumanos, ucranianos —muchos llegados tras la guerra—, marroquíes e italianos. No son cifras frías: son familias, trabajadores, niños que entran en las aulas y adultos que sostienen sectores enteros de la economía local.

La inmigración no llega para jubilarse. Llega para trabajar, criar hijos y echar raíces.

Un contraste brutal de edades

El dato es tan claro que asusta. Mientras casi un tercio de los españoles empadronados en Gijón tiene más de 65 años, entre los extranjeros ese porcentaje apenas supera el 7 %. Y si se mira a los mayores de 80 años, la diferencia es aún más contundente.

En el extremo opuesto, los menores de 16 años representan casi el 14 % de la población inmigrante, frente a menos del 10 % entre los españoles. La escena es inequívoca: los nacimientos llegan con acento extranjero. No es casualidad que la primera bebé nacida en Gijón en 2026 tenga padres colombianos.

La ciudad que trabaja también cambia

Entre los 16 y los 64 años, la franja clave para sostener empleo, impuestos y servicios públicos, ocho de cada diez extranjeros están en edad laboral, frente a poco menos de seis de cada diez españoles. Sin esta aportación, el desequilibrio entre población activa y población dependiente sería sencillamente insostenible.

No es ideología. Es aritmética.

Más mujeres, más longevidad

Gijón sigue siendo una ciudad de mujeres. Son mayoría en casi todos los tramos de edad y dominan con claridad entre los mayores. A partir de los 80 años, casi dos de cada tres personas son mujeres, reflejo de una esperanza de vida más alta… y de un envejecimiento muy acusado entre la población autóctona.

La realidad que viene

Hay una conclusión imposible de esquivar: el modelo demográfico tradicional asturiano está agotado. La baja natalidad y el envejecimiento han colocado a la población local en una posición límite. La inmigración no es una amenaza ni un parche: es el mecanismo real que evita el colapso.

Hablar de “asturianos sin mezcla” no es una provocación, es una constatación demográfica. La mezcla social, cultural y familiar no solo es inevitable: ya está ocurriendo. Y en pocos años, si las tendencias se mantienen, los hijos de esa mezcla serán mayoría en escuelas, barrios y mercados laborales.

Gijón no se está diluyendo. Se está transformando para sobrevivir.
La alternativa era clara: apagarse poco a poco.
La ciudad, por ahora, ha elegido seguir viva.

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