Caracoles gigantes en la cara: la moda beauty más surrealista (y polémica) que promete juventud eterna

Caracoles gigantes en la cara: la moda beauty más surrealista (y polémica) que promete juventud eterna

Pasa cada cierto tiempo: la industria de la belleza se reinventa con algo tan llamativo que cuesta distinguir si es vanguardia… o puro espectáculo. La última tendencia que corre por redes y spas de medio mundo es ponerse caracoles africanos gigantes sobre el rostro para lograr una piel más joven, luminosa y —ojo al claim— casi eterna.

No es una broma. Tampoco un sketch. Es real, viral y divide opiniones como pocas cosas.

¿En qué consiste exactamente?

El ritual es tan sencillo como impactante:
la clienta se tumba, se limpia el rostro y uno o varios caracoles de gran tamaño se colocan directamente sobre la piel. Los animales se mueven lentamente y van dejando un rastro de mucosidad que, según quienes defienden la técnica, hidrata, regenera y suaviza la piel.

Después, se retiran los caracoles, se deja actuar el producto unos minutos y se limpia el rostro. Fin del “tratamiento”.

Sí: despacio, húmedo y con un punto de película de ciencia ficción.

¿De dónde sale esta moda?

Aunque ahora estalla en Instagram y TikTok, no es nueva.
Tiene antecedentes en Asia (especialmente Corea y Japón) y en algunos centros de belleza alternativos de Europa y América Latina. La novedad es el tamaño del protagonista: caracoles africanos gigantes, mucho más visibles, fotogénicos… y virales.

En redes sociales, los vídeos acumulan millones de visualizaciones. El impacto visual es tan potente que el algoritmo hace el resto.

¿Qué promete?

Los defensores de esta práctica aseguran que la mucosidad del caracol es rica en sustancias que ayudan a:

  • hidratar profundamente la piel

  • mejorar la elasticidad

  • suavizar arrugas finas

  • favorecer la regeneración cutánea

Nada de agujas, nada de láser. Naturaleza en estado puro… reptando.

¿Y qué dicen los expertos?

Aquí es donde la cosa se enfría un poco.

  • No hay evidencia científica sólida que demuestre que aplicar caracoles vivos directamente sobre la piel tenga efectos antienvejecimiento milagrosos.

  • Los ingredientes derivados del caracol sí se usan en cosmética (cremas, sérums), pero procesados, filtrados y formulados en laboratorio, no recién salidos del animal.

  • Dermatología y sanidad advierten de riesgos higiénicos, posibles bacterias y reacciones cutáneas, sobre todo en pieles sensibles.

Traducción: que algo sea natural no significa que sea inocuo.

Belleza, espectáculo y likes

Entonces, ¿por qué triunfa?
Porque es impactante, rompe el feed, genera conversación y vende una idea muy potente: la juventud eterna sin pasar por quirófano.

En una época donde la belleza también es contenido, el caracol no solo actúa sobre la piel, actúa sobre el algoritmo.

¿Tendencia pasajera o nuevo clásico?

Probablemente, como muchas modas extremas del beauty, durará lo que dure el asombro. Algunas se quedarán con la versión “civilizada” (cosmética con mucina de caracol), otras pasarán al museo de rarezas estéticas junto a las sanguijuelas faciales o las mascarillas de oro de 24 quilates.

Eso sí, una cosa es segura:
la juventud eterna sigue sin existir, pero la capacidad humana para buscarla —aunque sea con un caracol gigante en la cara— no tiene límites.

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