Una rama ‘asesina’ golpea a un joven en el cuello y lo deja al borde de la muerte en una finca de Oviedo

Una rama ‘asesina’ golpea a un joven en el cuello y lo deja al borde de la muerte en una finca de Oviedo

Villamiana vivió este domingo una escena que nadie en un pueblo tranquilo y rodeado de prados espera ver jamás. A las 17:15, en una finca familiar donde solo se oía el zumbido de una motosierra y el crujido de la madera, la naturaleza decidió torcer el guion: una rama se desprendió con una violencia inexplicable, salió disparada como si hubiera sido lanzada por una fuerza brutal, y golpeó directamente en el cuello a un hombre de 35 años. El impacto fue seco, fulminante, de esos golpes que no dan margen ni a girar la cabeza.

El joven cayó al suelo sin poder emitir palabra. La sangre brotó de inmediato, abundante, alarmante, imposible de contener. Su tío, que minutos antes trabajaba junto a él, pasó del gesto rutinario al pánico absoluto, mientras gritaba a la madre del herido para que avisara a emergencias. El tiempo se comprimió: segundos que parecían minutos, minutos que parecían una eternidad.

La primera patrulla de la Policía Local llegó en apenas tres minutos, un sprint para un acceso rural complicado, entre caminos estrechos y barro reciente. Lo que encontraron les heló la sangre: el joven estaba ya en parada cardiorrespiratoria, tendido entre la hierba húmeda y el olor a madera recién cortada. Su madre lloraba intentando sostenerle la cabeza mientras su tío presionaba desesperado la herida.

La UVI Móvil tardó unos minutos más, pero llegó con la urgencia de quien sabe que cada segundo es un ladrillo más en el muro entre la vida y la muerte. Los sanitarios comenzaron maniobras de reanimación en la propia finca, bajo un cielo que empezaba a encapotarse, mientras los vecinos, alertados por el desfile de coches policiales y sirenas, observaban desde portillas y caminos sin atreverse a respirar.

Los sanitarios lucharon a contrarreloj: hemorragia masiva, pérdida de conciencia, parada cardiorrespiratoria… un cóctel mortal. Tras un esfuerzo titánico, lograron devolverle el pulso y estabilizarlo lo suficiente como para meterlo en la ambulancia rumbo al HUCA. Allí ingresó con un pronóstico desesperadamente muy grave.

Villamiana, con poco más de 300 habitantes, pasó en cuestión de minutos de una tarde apacible a un estado de conmoción absoluta. Las luces de los coches patrulla serpenteando por los caminos rurales, el ir y venir de sanitarios, la tensión en las caras… “Es buena gente, trabajador como pocos… ojalá salga adelante”, decía un vecino que se cruzó con la ambulancia mientras caminaba.

La desgracia cayó como cae un relámpago: sin aviso, sin lógica, sin tiempo para reaccionar. Una rama —solo una rama— se convirtió en un proyectil capaz de arrasar una vida en un segundo. Ahora, todo el pueblo respira pendiente del HUCA, esperando que el golpe que casi lo arranca del mundo no sea el capítulo final de una historia que aún puede salvarse.

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