Grillos y cerezas

 La primavera llega con toda su fuerza; ya tenemos brotes
verdes nacidos tras las abundantes lluvias y  los cálidos rayos solares que
preludian el ansiado verano. Pasear en estas tardes, de luces prolongadas,
por los senderos en torno a mi pueblo, es es todo un placer, la gran
variedad de tonalidades verdes que me rodean aportan un tonificante sosiego
que hoy en día necesitamos mas que nunca. La primavera es la  vida que, año
tras año, brota de nuevo con todo vigor. En los prados, entre la hierba
verde, los grillos cantan haciendo que sus estridentes cri, cri, cri,
retumben por todo el valle; los grillos son el gran termómetro de la
naturaleza y cantan cuando la temperatura es cálida, por ello no es de
extrañar que cuando el Congreso se caldea parezca una jaula de grillos”, en
cambio si el ambiente es fresco y no luce el sol se callan, el sol es vida y
pasión, por ello conviene observar atentamente a los grillos porque al igual
que los caballos, con su nerviosismo, presienten los movimientos telúricos,
los grillos nos avisan cuando se “caldea el ambiente”, la verdad es que los
grillos nos previenen de muchas cosas quizás  este halla sido el motivo por
el cual Walt Disney eligió a un grillo, “pepito”, como símbolo de la
conciencia; ahora me explico porque a tantas personas se nos llena “la
cabeza de grillos”, con tanta frecuencia, y sin embargo no los escuchamos.

                        Dadas las circunstancias yo creo que es conveniente
volver a habilitar la caja de cerillas y disponerse a cazar algún que otro
grillo para meterlo en una pequeña jaula, ( espero que esto no sea maltrato
y me caigan por ello unos meses de calabozo ), lo que si puede ser maltrato
es el método, tan poco higiénico, que empleábamos para la caza de los
“grillus campestris”, que consistía, ni mas ni menos, en mear dentro de la
galería, eso, después de fracasar el urgar con una pajita. La verdad es que
el grillo alegra el campo y da una nota de aliento en medio de tanto
decaimiento. Mientras fallan los sistemas económicos, la naturaleza sigue
siendo el orden perfecto, pero le hemos dado la espalda y a pesar de ello
sigue siendo dadivosa con nosotros y nos ofrece, gratuitamente sus manjares,
por estas fechas, además de los grillos, tenemos  cerezas.

                        Esto no es el Valle del Jerte, pero aún quedan
cerezos por los bordes de las viejas carreteras, esos cerezos que se
plantaron durante la dictadura de Primo de Rivera,  a quien no se si le
afecta la memoria histórica ya que ignoro hasta donde llega la justicia que
juzga nuestras injusticias. Las cerezas, al igual que los grillos, son
abanderados primaverales y dan una alegre nota carmesí sobre los brillantes
fondos verdes de nuestros campos. Las cerezas siempre han sido un fruto
deseado y nunca me ha explicado porque Eva no utilizó la cereza, tan
erótica, en vez de la manzana.

                        Tiempos de cerezas que llegan a Oviedo por la
Ascensión cuando amarillea el trigo en León, el parlamento de la naturaleza
se mantiene en el “zaragozano” que además de marcar las fechas de las lunas
y las labores viene ilustrado por variados refranes de la sabiduría popular;
el lenguaje del campo es una maravilla pero posiblemente para ello tengamos
que acudir también a  traductores  ya apenas lo conocemos, al igual que
nuestras lenguas vernáculas.

                        Los niños de hoy se han perdido el placer de
practicar un noble deporte de competición, - nada que ver con las consolas,-
este era el de “agatañar” ( trepar por los cerezos ) con la compensación de
alcanzar unos deliciosos manjares que ademas nos permitían la galantería de
colocárselas en las orejas, como pendientes, a las niñas elegidas; quien
primero llegaba al “forqueto”, era el campeón y esto se complementaba con el
que mas meaba en las galerías de los grillos.

                        Ahora los cerezas se compran en la tienda, al igual
que el resto de los frutos/as, aquellas cestas de mimbre rebosantes de las
mas variadas clases, la negra, la picota, la mollar, la dorada y otras que
las mujeres traían a los mercados, ahora nos queda el consuelo de saber que
alimentan a los pájaros, las pegas y los tordos dan buena cuenta de ellas;
hay cantidad de “pajarracos” que se comen nuestras cerezas.

                        Y mientras hablamos de grillos, de cerezas y de
“recortes”, en una tierra bastante agreste, como es el valle del Jerte,
miles de familias viven de las cerezas, lo que no les impide deleitarse con
el canto de los grillos.  Es posible que la crisis nos haga reflexionar y
que los “cereizos” de nuestros valles vuelvan a florecer mitigando nuestras
necesidades.



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