Galiana se convierte en Oriente y en espuma: Avilés vive su noche más desbordada con el triunfo de Ébano en el Descenso

Galiana se convierte en Oriente y en espuma: Avilés vive su noche más desbordada con el triunfo de Ébano en el Descenso

Avilés volvió a demostrar que el Antroxu no se explica: se vive. Y si hay una noche que condensa toda esa liturgia colectiva, ese orgullo de ciudad y ese desparrame perfectamente organizado, es la del Descenso Internacional y Fluvial de Galiana, que este año alcanzó su 38ª edición con un nivel artístico y festivo que muchos ya comparan sin complejos con las grandes Fallas valencianas.

La calle Galiana, el eje emocional del Antroxu, se transformó durante más de cuatro horas en un río imposible, cubierto por 40.000 litros de espuma, por el que navegaron 35 artilugios creados durante meses en naves industriales, talleres improvisados y garajes donde se cuece lo mejor del carnaval avilesino: imaginación, humor, crítica suave y una capacidad técnica cada vez más asombrosa.

Ébano se corona en una edición de altísimo nivel

El jurado lo tuvo claro… aunque no fácil. La peña Ébano se alzó con el primer premio gracias a su artilugio “Los mil y un Ébano”, una propuesta que combinó escenografía monumental, coreografía cuidada, iluminación teatral y una narrativa perfectamente hilada en torno al universo de Las mil y una noches. Una pieza redonda que brilló especialmente al llegar a la plaza de España, donde el Descenso alcanza su clímax visual y emocional.

El segundo premio fue para El Abuelo Anselmo, auténticos veteranos del Descenso, con “Simbad Ba-llenu”, una demostración de que la experiencia sigue siendo un grado cuando se sabe actualizar sin perder esencia. El tercer puesto lo ocuparon Los Piniellanos, con “L’Horreu Máxicu de Piniella”, una fantasía que mezcló tradición asturiana y relato oriental con enorme acierto estético.

Más allá del podio, el desfile fue un carrusel de ideas potentes: cuevas de Alí Babá, genios de lámpara con retranca local, barcos imposibles, referencias pop y bromas internas que el público celebró como solo sabe hacerlo Avilés: con frío, con espuma hasta la cintura… y sin moverse del sitio.

De la nave a la plaza: cuando la magia se completa

Uno de los comentarios más repetidos durante la noche lo dejó caer José Luis Martín, maestro fallero invitado este año:

“No tiene nada que ver ver estos artilugios en la nave que verlos aquí, con luces, música y público. Ganan muchísimo.”

Y ahí está una de las claves del éxito actual del Descenso: la puesta en escena. Ya no basta con un buen artefacto. Hace falta relato, ritmo, música, coreografía y un cierre potente en plaza. Galiana ha evolucionado hacia un espectáculo total, sin perder su espíritu popular.

La banda sonora, con DJ pinchando a pleno volumen, convirtió el recorrido en una verbena contemporánea, mientras los Reyes del Goxu y la Faba, ataviados como sultanes otomanos, no dejaron de animar, bailar y recordar al jurado que esta edición estaba especialmente reñida.

Espuma, familia y un susto que quedó en anécdota

El Descenso volvió a ser también una fiesta familiar, intergeneracional, con niños jugando entre montañas de espuma y mayores protegiéndose como podían del frío y del agua. La espuma —primero almacenada en bidones y luego liberada sin piedad— convirtió el recorrido entre el colegio Palacio Valdés y El Parche en una auténtica piscina urbana.

En medio de ese caos controlado, se vivió un pequeño susto: un guaje se despistó entre la espuma y apareció cerca del escenario central, empapado y temblando de frío. Fue atendido de inmediato y el reencuentro con sus padres llegó enseguida. Una chocolatina, un abrazo… y Galiana siguió rugiendo.

Mucho más que una fiesta

El Descenso de Galiana ya no es solo un acto central del Antroxu. Es identidad, marca de ciudad y ejercicio de creatividad colectiva. Cada peña invierte meses de trabajo, recursos propios y horas infinitas para ofrecer algo que dura apenas unos minutos… pero que queda grabado en la memoria de miles de personas.

En una época de fiestas clónicas y eventos prefabricados, Avilés presume de algo único, irrepetible y profundamente suyo. Galiana no se copia. Galiana se hereda.

Y una vez más, cuando la última carroza desapareció entre la espuma, quedó la sensación de siempre: esto solo pasa aquí.

Hasta el próximo Antroxu. Hasta la próxima locura. Hasta que Galiana vuelva a convertirse, otra vez, en el centro del mundo.

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