Cáncer de mama en Asturias: más pruebas, más medios… y una pregunta incómoda sobre los retrasos

Cáncer de mama en Asturias: más pruebas, más medios… y una pregunta incómoda sobre los retrasos

El Gobierno del Principado lanza un mensaje de tranquilidad. Las cifras, sobre el papel, respaldan ese discurso: más profesionales, más mamografías, más equipamiento. Pero la polémica no se ha apagado. Porque cuando hablamos de cáncer de mama, el debate no es solo cuántas pruebas se hacen, sino cuánto tarda cada mujer en obtener una respuesta.

La consejera de Salud, Concepción Saavedra, defendió en el pleno de la Junta General que los circuitos de control “funcionan y mejoran”. El Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) cuenta ahora con 24 radiólogos y 70 técnicos de rayos más que en 2021, dispone de 12 mamógrafos —a los que se sumarán dos este año— y ha incrementado de forma sostenida el número de pruebas: de 62.380 mamografías en 2021 a 70.866 en 2025.

“Estamos haciendo más pruebas que nunca”, subrayó la consejera.

Los datos del cribado poblacional refuerzan esa idea. En 2024 se invitó a más de 77.500 mujeres de entre 50 y 72 años a participar en el programa. De ellas, 56.447 acudieron (72,8%). El 87,4% obtuvo resultado negativo, 637 precisaron una biopsia y 271 recibieron diagnóstico de cáncer, lo que representa un 0,48% del total de mujeres que iniciaron el procedimiento. Según Salud, el 94% de los diagnósticos se comunicó antes de dos meses, mientras que 13 mujeres superaron ese plazo.

Las cifras dibujan un sistema que amplía capacidad y actividad. Sin embargo, el foco de la controversia no está en el volumen global, sino en los casos individuales que denuncian demoras prolongadas. Cuando una mujer espera meses para una prueba o una confirmación diagnóstica, la estadística pierde sentido. Lo que pesa es la incertidumbre.

La consejera recordó que en Asturias funcionan tres circuitos diferenciados: el preferente —para mujeres con cáncer diagnosticado o alto riesgo—; el de pruebas solicitadas desde atención primaria o especializada; y el cribado poblacional para mujeres sanas. “Mezclar realidades distintas solo genera confusión y alarma”, advirtió.

Pero la realidad asistencial es más compleja. El aumento de pruebas no elimina por sí solo los cuellos de botella. Los retrasos pueden producirse en la lectura de imágenes, en las derivaciones entre niveles asistenciales o en la programación de biopsias y pruebas complementarias. En un proceso tan sensible como el cáncer de mama, cada fase es crítica.

Y aquí está el núcleo del debate: el tiempo importa. Aunque no todos los tumores evolucionan al mismo ritmo, la percepción social es clara: cualquier demora genera miedo y erosiona la confianza en el sistema.

Asturias ha reforzado recursos humanos y técnicos. Ha incrementado la actividad diagnóstica. Ha ampliado el parque de mamógrafos. Todo eso es objetivo y verificable. Pero la confianza ciudadana no se mide solo en números globales, sino en la experiencia concreta de cada paciente.

En este momento, el sistema sanitario asturiano se mueve entre dos realidades: una macro, que habla de crecimiento y reorganización; y otra micro, que exige respuestas rápidas, trazabilidad clara y garantías de que ningún caso con sospecha clínica quede atrapado en un retraso evitable.

Porque cuando la palabra es “cáncer”, la tranquilidad no se proclama: se demuestra.

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