Raza profesional

Como había prometido al colectivo esta mañana acudí a Pola de Siero para asistir a la asamblea general de la Asociación de Vigilantes y Similares de minas de Asturias que precisamente cumple 100 años. Fue la primera vez en que entré en el nuevo y magnífico auditorio de la villa polesa. Un salón para seiscientas personas que estaba totalmente ocupado por los integrantes de la citada asociación profesional. Pese a la caída del sector minero los vigilantes de minas continúan con su unión, orgullosos de sus 100 años que han plasmado en un libro entregado ayer a los asistentes bajo el título precisamente de “La unión de vigilantes mineros de Asturias, 1914-2014″ cuyos textos han sido redactados por mi admirada Mercedes Mateos siendo la fotografías, estupendas, de José Luis Soto que además de vigilante es un artista del objetivo.

 

La veterana asociación de vigilantes cuenta en estos momentos con solo 46 en activo, 250 prejubilados y el resto hasta 1.300 son jubilados. La preside Emilio Alvarez Otero, quien llevó con gran maestría y concreción la asamblea en la que se entregó a medio centenar de veteranos el diploma y un reloj como reconocimiento a su extensa y dura vida en los tajos. Tuve ocasión de saludar a Juan Antonio García, presidente de la Federación de cuadros de la minería, muy preocupado por cómo van las negociaciones para el nuevo convenio colectivo en HUNOSA, empecinada la SEPI en un nuevo recorte salarial -esta vez del 10 por ciento- a los 1.700 trabajadores que aún tiene la compañía pública. Hoy por hoy los trabajadores lo que no están por la labor de aceptarlo.

 

Como siempre ocurre en estas reuniones encuentro a veteranos vigilantes con los que en los últimos 40 años viví apasionantes batallas sindicales y laborales que, en definitiva, no sirvieron para atajar el cierre de pozos. Ni en la minería pública ni en la privada ya que, digámoslo claro, desde los tiempos de la dictadura a hoy gobierno alguno apostó por el futuro del sector, acelerado su cierre desde que Bruselas tomó el mando de nuestro país. Me encantó tomar unos vinos con Julio Bernardo Carretero, con Urbano Alvarez, con Víctor González, con Orvíz, con Busto, con Angel, etc. El autor de las fotografías, Jose Luis Soto, que pertenece a la Asociación de mineros Santa Bárbara de Mieres, me comenta que en las cuencas se hace lo que se puede para mantener vivo el espíritu minero y que, por ejemplo, la asociación está finalizando la adecuación de un socavón en La Rabaldana a modo de mina de montaña para que el público pronto pueda visitarla. Falta le hace a la zona de Turón algo que atraiga visitantes, que de aquel Turón hace años con 9.000 mineros y sus correspondientes nóminas hoy vegeta cada vez con menos pulso a base de jubilados y desempleados. Antes de abandonar el Llagar de Quelu en Tiñana donde se celebró la espicha de los vigilantes tras la asamblea general el presidente Emilio Alvarez Otero me dedica el libro cuyo prólogo salió de mi corazón: “Es el primer autógrafo que doy en mi vida” me comenta. Seguro que no será el último.

 

Esta mañana también se reunieron en Trubia para conmemorar el cincuentenario del ingreso en la Escuela de Formación Profesional Obrera (Promoción 1964/1968) de la Fábrica de Armas los miembros de la misma -unos treinta-. Los actos, misa, visita a los locales de la antigua escuela, hoy instituto, y comida de hermandad fueron coordinados por José Antonio Alvarez Flórez y los antiguos aprendices  recordaron también viejos tiempos y anécdotas y los cuatro años de estudio que pasaron en Trubia cuando la Fábrica de Armas, dependiente como la escuela de aprendices del Ejército de Tierra, estaba en pleno auge y de sus aulas salían unos profesionales como la copa de un pino siendo disputados por industrias de primer orden sabedoras de la cualificación profesional que tenían aquellos jóvenes que hoy rondan los 64 años y que en su mayoría ya están jubilados.

 

En la misa hubo un recuerdo para los compañeros fallecidos. El último fue Raúl Arango, moscón y líder de Comisiones Obreras en la sección de Santa Bárbara Sistemas en Trubia. Falleció hace dos meses cuando se estaban perfilando los actos. Luego, foto colectiva junto al monumento que el ayuntamiento de Oviedo colocó en La Plazoleta, espacio histórico de Trubia, ubicado delante de la entrada principal de la fábrica en el barrio de Junigro, y después visita al edificio donde estuvo la escuela. De los 30 alumnos que forman este grupo de antiguos aprendices varios siguieron distintos estudios de especialización militar en armamento habiendo logrado con el paso de los años importantes puestos profesionales en la industria militar española. La reunión, que finalizó con una comida en Latores, fue de lo más emotiva con el lamento general, que no es exclusivo de este grupo, de que en Asturias se hayan perdido las escuelas de formación profesional, tanto de Trubia como las que hubo en ENSIDESA, en Duro Felguera, en HUNOSA y en otros centros que nutrían a la industria de gente joven y preparada. Claro que tal como van ahora las cosas en nuestra desajustada sociedad todos empiezan a volver la vista hacia la formación profesional. Incluida la universidad.



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