Las mortajas no tienen bolsillos

Hace muchos años leí esta frase enormemente aleccionadora en un cementerio francés: “Les linceuls n’ont pas de poches”: “Las mortajas no tienen bolsillos”. Muy ricos o muy pobres, la muerte, eso sí, nos iguala a todos. Me dio mucho qué pensar. Me sigue dando mucho qué pensar, y me sorprende que no sean más numerosos los que, acaudalados, deciden llegar a su último día más livianos de equipaje. ¿De qué les vale llegar al final con unos medios tan excesivos que ni han podido disfrutar ni han sabido facilitar que los disfrutaran otros? 
Buena parte de la felicidad consiste en dar, en repartir, en impulsar, en promover. No en acumular. 
Todos aquellos que van bien provistos, con los bolsillos repletos, piensen en que los sudarios no los tienen. Y compartan. Verán cómo, a medida que sea mayor la largueza, se hará mayor su sonrisa. 
Todos los seres humanos iguales en dignidad. Desiguales al llegar pero todos iguales al partir.



Dejar un comentario

captcha