Identifican nuevas especies en aguas antárticas

Identifican nuevas especies en aguas antárticas
El relevamiento efectuado desde el buque oceanográfico ARA Puerto Deseado formó parte del proyecto internacional Código de Barras de la Vida, que busca identificar el ADN de todas las especies de los reinos animal y vegetal, para preservar aquellas que se encuentran en peligro de extinción.

El director de un grupo de investigadores argentinos que viajaron a bordo del buque oceanográfico ARA Puerto Deseado –perteneciente a la Armada Argentina y que alberga laboratorios del CONICET–, Juan Martín Díaz de Astarloa, además investigador de la Universidad Nacional de Mar del Plata, señaló que esta pesquisa en aguas antárticas y subantárticas halló decenas de nuevas especies marinas, como parte del proyecto internacional Código de Barras de la Vida (iBOL), que busca identificar a todos los integrantes del reino animal y vegetal sobre la base de su ADN, para preservar a aquellos que se encuentran en peligro de extinción.

El censo marino realizado al cabo de la Campaña Antártica 2011, que acaba de finalizar, da cuenta de "resultados preliminares fantásticos: colectamos más de 1900 peces, pertenecientes a 32 especies, muchas de las cuales no estaban en colecciones previas en el país y nos faltaban en el catálogo del Código de Barras de la Vida”.

Se estima que habría más de 15 millones de especies en el mundo, o aún más, indica un artículo de Emanuel Pujol publicado por la Agencia CTyS y reproducido por el Boletín de la Fundación Nuestro Mar.

“Cada una de ellas tiene un patrón genético inequívoco y específico; desde 2005, trabajamos para traducirlos uno por uno en un código semejante al que tienen las etiquetas de los productos identificados en las cajas de los supermercados”, explicó Astarloa.

Del proyecto iBOL (por sus iniciales en inglés: International Barcode of Life) participan más de 200 organizaciones de 50 países. Hasta fines del año pasado llegó a catalogar 90 mil especies, y se espera en 2015 arribar al medio millón de especies. Completar el inmenso libro de la naturaleza quizás demore varias décadas, o acaso sea una meta inalcanzable, debido a que la evolución y el surgimiento de nuevos animales y vegetales es incesante.

El censo marino realizado durante la campaña oceanográfica del CONICET cumplió un avance importante para la cooperación internacional. “Había una especie de vacío, porque no habíamos avanzado en la investigación sobre los peces de aguas antárticas y subantárticas”, comentó Astarloa.

La identificación de las especies (taxonomía) por su apariencia física (morfológica) no es sencilla, porque de la misma manera que cada ser humano tiene un aspecto particular, cada individuo dentro de los millones de especies que componen el reino animal y vegetal es diferente a los demás.

Por ello, el iBOL aporta claridad sobre la clasificación. “De acuerdo a la taxonomía tradicional, en mi especialidad, que son los peces, examinamos el número de radios de las aletas, las escamas, la forma del cuerpo, etcétera, pero esta labor es muy dificultosa cuando hay especies muy semejantes. En cambio, con la identificación genética no hay lugar a dudas”, observó el investigador.

La Argentina coopera activamente con el proyecto iBOL, para el cual se precisan especies recién colectadas, puesto que no pueden usarse los ejemplares conservados en formol, líquido que degrada el ADN mitocondrial.

Durante la campaña antártica 2011, los científicos identificaron a las especies por su morfología y les extrajeron muestras de tejido muscular, que quedaron conservadas en alcohol etílico de máxima pureza.

“Posteriormente, en el laboratorio, extraeremos y amplificaremos el ADN mitocondrial, para que luego sea secuenciado”, detalló Astarloa.

La secuenciación se realiza en Canadá, en el Instituto de Biodiversidad de Ontario, de la Universidad de Guelph.

La información sobre los especímenes, sus imágenes y datos taxonómicos, como sus secuencias o “códigos de barra”, se publican luego en la página web del Barcode of Life Data Systems (BOLD Systems), si bien allí no está todo el genoma de la especie, sino apenas un fragmento del ADN mitocondrial del segmento COI (gen citocromo oxidasa Subunidad I).

Todas las etapas previas a la secuenciación se hacen en la Argentina. En vista del ímpetu que el CONICET ha puesto en este gran proyecto internacional, se están construyendo cinco laboratorios iBOL en distintos puntos del país.

Uno de ellos estará en Mar del Plata, y se dedicará a extraer y amplificar el ADN mitocondrial de todos los especímenes marinos, tanto peces como invertebrados.

Se prevé construir otros laboratorios en Puerto Madryn, Bariloche y Santa Fé, que se aplicarán a diversas especialidades; asimismo, se ampliará el laboratorio iBOL del Museo Argentino de Ciencias Naturales, ubicado en el barrio porteño de Parque Centanario.

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