Dragones voladores, personajes de «El viaje de Chihiro», el entrañable gato-bus de «Mi vecino Totoro» y una espectacular interpretación de las bandas sonoras de Joe Hisaishi transformaron la antigua Fábrica de Armas en un universo de cine y emoción. La Fundación Princesa de Asturias inaugura así nueve días de actividades que combinan arte, ciencia, literatura y experiencias interactivas para todos los públicos.
Oviedo, 16 de octubre de 2026. Por una noche, Oviedo dejó de estar en Asturias para trasladarse al Japón más fantástico. Los viejos edificios industriales de la Fábrica de Armas de La Vega se transformaron este jueves en los escenarios de una película de Hayao Miyazaki. Hubo criaturas misteriosas, música envolvente, personajes imposibles y una puesta en escena que convirtió la inauguración de la Fábrica de los Premios Princesa de Asturias en un auténtico espectáculo.
Unas mil personas asistieron a una apertura que reunió a cerca de 300 músicos, cantantes y actores, en un homenaje al universo de Studio Ghibli, distinguido este año con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Durante veinte minutos, la magia del cine japonés abandonó las pantallas para apoderarse de las calles y naves de La Vega. Y lo hizo con un resultado difícil de conseguir: emocionar tanto a quienes conocen de memoria las películas de Miyazaki como a quienes descubrían por primera vez ese universo extraordinario.
Cuando «El viaje de Chihiro» y Totoro cobran vida entre las viejas fábricas
El espectáculo comenzó con una atmósfera cargada de misterio. Mientras el público avanzaba por el recinto industrial, los golpes de martillo procedentes de una nave evocaban la reparación del avión de Porco Rosso, el singular piloto convertido en cerdo que protagoniza una de las películas más originales de Studio Ghibli.
Después llegaron los primeros sonidos de los tambores japoneses taiko, interpretados por músicos reunidos en Oviedo para la ocasión. Su poderosa percusión fue acompañando una sucesión de imágenes, luces y apariciones inesperadas.
Los personajes sin rostro de «El viaje de Chihiro» comenzaron a moverse entre los edificios. Las fachadas se llenaron de imágenes de películas tan reconocibles como «Ponyo en el acantilado» o «Mi vecino Totoro». Y, entre la música de una formación de jazz tradicional, hizo su aparición uno de los grandes protagonistas de la noche: el famoso gato-bus de Totoro.
El entorno industrial, con sus fachadas de ladrillo, patios y espacios abiertos, proporcionó un escenario singular para una celebración de la fantasía japonesa.
Casi 300 artistas y la música de Joe Hisaishi ponen el broche de oro
El momento culminante llegó cuando una orquesta de 45 músicos y más de 200 voces ocuparon el espacio escénico para interpretar las melodías de «Mi vecino Totoro», compuestas por Joe Hisaishi, uno de los grandes creadores de bandas sonoras del cine contemporáneo.
Participaron los coros vinculados a la Fundación Princesa de Asturias, la escuela Divertimento y el Coro Infantil y Plus, junto a los músicos y actores que habían intervenido en las distintas escenas.
La combinación de las proyecciones gigantes, las interpretaciones en directo y los personajes que recorrían el recinto convirtió la inauguración en una experiencia inmersiva.
El homenaje tenía además un significado especial: reconocer a un estudio que ha llevado la animación japonesa mucho más allá del entretenimiento infantil, convirtiéndola en un lenguaje cinematográfico universal.
Fundado en 1985 por Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki, Studio Ghibli ha construido un imaginario en el que conviven la naturaleza, la memoria, la infancia, el pacifismo y los grandes dilemas humanos.
Sus películas han demostrado que el cine de animación también puede hablar de la soledad, la guerra, la pérdida y la esperanza, sin renunciar a la belleza de los pequeños gestos cotidianos.
Mucho más que Totoro: un viaje por el universo de los premiados de 2026
Concluido el espectáculo, la atención se trasladó al interior de las naves. La Fábrica se había convertido en un enorme recorrido de experiencias culturales inspirado en los galardonados de este año.
Cada espacio propone al visitante un mundo diferente. La literatura convive con la investigación científica, el arte contemporáneo dialoga con la música y la exploración espacial se convierte en una experiencia visual.
Uno de los grandes atractivos es la instalación dedicada a Patti Smith, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026.
Bajo el título «Ya no somos tan niños», los artistas asturianos María Peña Coto y Federico Granell participan en una reinterpretación del universo de la cantante, escritora y fotógrafa estadounidense.
El recorrido incluye fotografías, pinturas, textos y referencias a su trayectoria, incluida su relación artística y personal con el fotógrafo Robert Mapplethorpe.
La propuesta invita a descubrir a una creadora que ha convertido la libertad, la rebeldía y la experimentación en señas de identidad.
Julian Barnes tiene su propio club literario
La literatura también encuentra refugio entre los antiguos talleres de La Vega.
El espacio dedicado a Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026, recrea la atmósfera de un elegante club británico bajo el nombre de «The Parrot Club».
Maderas, iluminación cálida, libros y una ambientación que recuerda a los tradicionales clubes londinenses construyen un escenario pensado para sumergirse en la obra del escritor.
La memoria, el paso del tiempo, las contradicciones humanas y el amor, temas fundamentales de su literatura, encuentran aquí una representación escénica y ambiental.
Una invitación a descubrir que los libros también pueden convertirse en espacios que se recorren y se experimentan.
Un banco de semillas que guarda el futuro de la humanidad
Entre las instalaciones más llamativas destaca «Paisaje en espera», dedicada a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, distinguida con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional.
La célebre instalación noruega, situada en el archipiélago ártico de Svalbard, conserva semillas procedentes de todo el planeta como medida de protección de la diversidad agrícola frente a catástrofes, conflictos y otras amenazas.
En La Vega, el artista Hugo Martínez-Tormo ha trasladado esa preocupación por el futuro de la alimentación a una experiencia interactiva.
Los visitantes pueden experimentar con representaciones digitales de semillas y plantas, descubrir especies y comprender la importancia de conservar el patrimonio vegetal del planeta.
La propuesta convierte una cuestión científica de enorme trascendencia en un juego de descubrimiento accesible también para los más pequeños.
De las semillas de la Tierra a la conquista de la Luna
El recorrido reserva otro espacio espectacular para Christina Koch, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026.
Las instalaciones «Gaia» y «Museo de la Luna», del artista británico Luke Jerram, permiten contemplar representaciones monumentales de nuestro planeta y de su satélite.
Ambas obras, de siete metros de diámetro, utilizan imágenes de la NASA para mostrar con extraordinario detalle la superficie terrestre y lunar.
El conjunto se completa con una recreación de un paisaje lunar que invita a imaginar cómo podría desarrollarse la vida humana fuera de la Tierra.
La exploración espacial se presenta así desde una perspectiva artística, científica y profundamente humana.
La Vega también se convierte en un gran cine japonés
Studio Ghibli seguirá siendo uno de los grandes protagonistas de la programación.
La antigua nave Taller acoge un espacio cinematográfico dedicado al estudio japonés y una exposición colectiva en la que destacados ilustradores españoles reinterpretan la figura de Totoro.
Entre los participantes figuran Paco Roca, María Hesse, Ricardo Cavolo, Conrad Roset, Sergio Mora y Flavita Banana, junto a otros creadores.
La programación de cine comenzó anoche con la proyección de «Porco Rosso», presentada por Christian Franco, historiador y periodista asturiano vinculado a la Filmoteca de Cantabria.
La película, protagonizada por un aviador marcado por su transformación en cerdo, combina aventura, humor, antimilitarismo y una reflexión sobre la dignidad personal.
Franco recordó durante la presentación que las historias de Miyazaki no se limitan a ofrecer entretenimiento y que sus personajes plantean cuestiones morales especialmente relevantes en el mundo actual.
Las proyecciones continuarán durante los próximos días con títulos como «La tumba de las luciérnagas», «Nausicaä del Valle del Viento», «Ponyo en el acantilado» y «La princesa Mononoke», además de talleres y otras actividades vinculadas al estudio.
Cómo visitar la Fábrica de los Premios Princesa de Asturias
Las instalaciones permanecerán abiertas hasta el 24 de octubre, con distintos horarios y acceso mediante inscripción previa.
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16, 19 y 20 de octubre: de 16.00 a 21.00 horas.
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17, 18, 23 y 24 de octubre: de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 21.00 horas.
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21 de octubre: de 16.00 a 20.00 horas.
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22 de octubre: de 19.00 a 21.00 horas.
Las actividades especiales, conciertos, proyecciones y talleres tienen horarios propios y pueden requerir reservas independientes.
La programación reúne propuestas para familias, amantes del cine, aficionados a la literatura y personas interesadas en la ciencia y el arte contemporáneo.
La vieja Fábrica de Armas descubre otra forma de hacer cultura
La inauguración ha vuelto a demostrar el enorme potencial de La Vega como espacio cultural.
Donde durante generaciones hubo maquinaria, talleres y actividad industrial, ahora se suceden exposiciones, conciertos, proyecciones cinematográficas y experiencias que invitan a participar, descubrir y aprender.
La Fundación Princesa de Asturias ha convertido temporalmente uno de los grandes recintos históricos de Oviedo en una celebración abierta del talento internacional.
Y aunque el programa de este año reúne a figuras extraordinarias de la música, la literatura y la ciencia, la primera noche tuvo un protagonista indiscutible.
Studio Ghibli consiguió que una antigua fábrica asturiana pareciese sacada de uno de sus propios cuentos. Y durante veinte minutos, entre tambores japoneses, personajes fantásticos y casi 300 artistas, Oviedo volvió a mirar el mundo con los ojos de un niño.

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