Los Reyes inician hoy, 13 de octubre, una visita de dos días a las ciudades españolas del norte de África, en medio de las tensiones con Marruecos por la crisis migratoria del verano. Felipe VI se reunirá con las autoridades, homenajeará a las víctimas de la tragedia fronteriza y pasará la noche en Ceuta, un gesto sin precedentes en democracia. Pedro Sánchez no le acompañará, aunque el viaje ha sido pactado con el Gobierno. Detrás de las ceremonias oficiales se libra una partida diplomática en la que están en juego la soberanía española, la seguridad de las fronteras europeas y el futuro de las relaciones con Rabat.
13 de octubre de 2026 | Reportaje especial
Hay visitas institucionales que se explican por su agenda. Otras, por el momento en el que se producen. Y algunas, excepcionalmente, tienen tanta importancia por lo que representan como por lo que hacen sus protagonistas.
La que comienzan hoy los Reyes Felipe VI y Letizia a Ceuta y Melilla pertenece a esta última categoría.
No es un desplazamiento rutinario de la Casa Real. Tampoco una simple sucesión de recepciones, fotografías y encuentros con autoridades locales. Es la primera visita de un jefe del Estado español a las dos ciudades autónomas desde noviembre de 2007, se produce después de una de las mayores crisis migratorias vividas en la frontera sur de Europa y tiene lugar cuando las relaciones entre Madrid y Rabat atraviesan un momento especialmente delicado.
Felipe VI y Letizia aterrizan hoy en Ceuta, donde permanecerán hasta mañana. Después viajarán a Melilla, completando así una visita que la Casa Real llevaba tiempo preparando y que ha recibido la autorización del Gobierno.
La coincidencia con el calendario político añade otra dimensión: España se encamina hacia las elecciones generales anticipadas del próximo 29 de noviembre, mientras el Ejecutivo de Pedro Sánchez intenta mantener la cooperación con Marruecos sin alimentar nuevas tensiones diplomáticas.
Y hay una ausencia que llama especialmente la atención: el presidente del Gobierno no acompañará a los Reyes.
¿Por qué ahora? ¿Qué mensaje está enviando España? ¿Cómo puede reaccionar Marruecos? ¿Qué significa realmente que el Rey visite unas ciudades cuya soberanía cuestiona Rabat?
Para entenderlo hay que mirar mucho más allá del programa oficial.
Una visita que rompe 19 años de ausencia de la Corona
Ceuta y Melilla eran las dos únicas ciudades autónomas españolas que Felipe VI y Letizia todavía no habían visitado oficialmente desde su llegada al trono en 2014.
La última visita de unos monarcas españoles se remonta a noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I y Sofía recorrieron ambas ciudades.
Aquella decisión desencadenó una importante crisis diplomática. Marruecos protestó formalmente y retiró a su embajador en Madrid, al considerar que la presencia de los Reyes españoles suponía una reafirmación de soberanía sobre territorios que Rabat reclama.
Diecinueve años después, las circunstancias son diferentes, pero el problema de fondo permanece.
España considera Ceuta y Melilla partes integrantes de su territorio nacional, con instituciones y estatutos de autonomía reconocidos constitucionalmente. Marruecos mantiene una reivindicación histórica sobre ambas ciudades.
En ese contexto, la presencia física del jefe del Estado constituye una afirmación institucional de soberanía, aunque no se formule mediante una declaración política expresa.
La importancia del viaje reside precisamente en su aparente normalidad.
Un monarca español que visita Ceuta y Melilla está realizando una actividad institucional dentro del territorio de su país. Pero, desde la perspectiva diplomática marroquí, ese gesto tiene inevitablemente una lectura política.
La Casa Real quiere, además, que la visita no sea un acontecimiento aislado. La intención es normalizar la presencia de miembros de la Familia Real en ambas ciudades y evitar que deban transcurrir otras dos décadas antes de una nueva visita.
Hoy en Ceuta: del recibimiento oficial al homenaje a las víctimas de la crisis migratoria
La primera jornada tiene un programa especialmente significativo, tanto por los lugares elegidos como por los mensajes que transmiten.
12.30 horas: llegada y recepción institucional
Los Reyes tienen previsto iniciar sus actos oficiales en el Palacio de la Asamblea de Ceuta, donde serán recibidos por el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, del Partido Popular.
Antes accederán desde el helipuerto y recorrerán la zona de la Gran Vía.
En el Palacio Autonómico mantendrán encuentros con las autoridades, recibirán la Llave de Oro de la Ciudad y podrán saludar a los ciudadanos congregados en las inmediaciones.
El escenario tiene una relevancia histórica: es el mismo edificio donde Juan Carlos I fue recibido durante su visita de noviembre de 2007.
La ceremonia permitirá proyectar una imagen de continuidad institucional entre ambos reinados.
Pero tendrá también un significado político más inmediato: la Corona se reunirá con representantes de distintas formaciones políticas que integran la Asamblea de Ceuta, en una ciudad donde la crisis migratoria ha generado intensas controversias sobre seguridad, fronteras y actuación del Gobierno central.
16.45 horas: visita a un colegio público
Por la tarde, Felipe VI y Letizia visitarán el colegio de Educación Infantil y Primaria Vicente Aleixandre.
La elección de un centro educativo introduce una dimensión social en una agenda inevitablemente marcada por la política internacional.
Ceuta es una ciudad de convivencia entre comunidades de diferentes tradiciones religiosas y culturales. Su población musulmana constituye una parte fundamental de su realidad demográfica.
La visita a un colegio permite trasladar un mensaje sobre educación, convivencia y futuro, más allá de los asuntos de seguridad que suelen dominar la información sobre la ciudad.
18.00 horas: homenaje a los fallecidos en la crisis de julio
Probablemente será uno de los momentos más importantes de toda la visita.
Los Reyes acudirán al cementerio musulmán de Sidi Embarek, donde participarán en un acto ecuménico de homenaje a las víctimas mortales de la entrada masiva de migrantes registrada los días 30 y 31 de julio.
Más de 80 personas murieron en el mar durante aquella crisis, según los balances recogidos por EFE.
La ceremonia representa un gesto de reconocimiento a la dimensión humana de una tragedia que durante semanas estuvo dominada por el enfrentamiento político, las cifras de llegadas y las medidas de seguridad.
Su significado es doble.
Por una parte, reconoce públicamente a las personas fallecidas y a sus familias.
Por otra, sitúa al jefe del Estado ante las consecuencias humanas de una crisis fronteriza que continúa condicionando las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos.
No se trata únicamente de reafirmar la existencia de una frontera española. También de recordar que, en torno a esa frontera, se ha producido una tragedia humana.
19.00 horas: encuentro con la sociedad ceutí y discurso del Rey
La jornada concluirá con una recepción en el Parador de Ceuta, a la que está previsto que asistan alrededor de 300 representantes de la sociedad local.
Felipe VI pronunciará una intervención cuya importancia puede ir mucho más allá de la ceremonia.
Sus palabras serán examinadas desde diferentes perspectivas: la reivindicación de la soberanía española, la solidaridad con la ciudad, la crisis migratoria, las relaciones con Marruecos y el papel de la Unión Europea.
Será especialmente relevante comprobar si el Rey mantiene el tono empleado en sus anteriores intervenciones sobre la crisis de Ceuta o si introduce un lenguaje más conciliador hacia Rabat.
Los Reyes pasarán la noche en Ceuta, algo que no había ocurrido en democracia durante una visita oficial de los monarcas españoles.
Mañana en Melilla: instituciones, educación y sociedad civil
El miércoles 14 de octubre, Felipe VI y Letizia se desplazarán a Melilla.
Aunque la ciudad no vivió exactamente los mismos acontecimientos que Ceuta durante la crisis de julio, comparte buena parte de sus problemas estructurales y su sensibilidad geopolítica.
La agenda prevista contempla tres grandes actos.
11.45 horas. Palacio de la Asamblea. Los Reyes serán recibidos por el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, y las autoridades de la ciudad. Se celebrará una reunión institucional y está prevista la entrega de la Llave de Oro de Melilla al Rey.
16.15 horas. Colegio Pintor Eduardo Morillas. La visita al centro educativo volverá a situar la educación y la convivencia entre los asuntos destacados del programa.
17.45 horas. Encuentro con la sociedad melillense. Los Reyes mantendrán una recepción con representantes de distintos sectores profesionales, sociales e institucionales en el Hotel Melilla Puerto.
Está prevista una intervención de Felipe VI, que servirá para cerrar el viaje.
La visita de mañana permitirá comprobar si el mensaje de la Corona se centra exclusivamente en la solidaridad institucional o si aborda también los problemas específicos que afronta Melilla: su situación económica, la dependencia de las relaciones fronterizas, la seguridad y sus dificultades de desarrollo.
El programa sigue sujeto a posibles ajustes oficiales.
La crisis de julio: el acontecimiento que lo ha cambiado todo
Aunque la Casa Real asegura que llevaba tiempo trabajando en esta visita, resulta imposible separar el viaje de la crisis fronteriza que sufrió Ceuta a finales de julio.
La entrada masiva de decenas de miles de migrantes desde Marruecos provocó una situación extraordinaria.
Según los balances difundidos por las autoridades españolas, más de 70.000 personas llegaron a Ceuta durante aquella crisis.
La ciudad vivió jornadas de enorme tensión, con las instituciones sometidas a una presión excepcional y graves consecuencias humanitarias.
El Gobierno español desplegó efectivos militares y reforzó los dispositivos de seguridad para intentar controlar la situación.
La magnitud de los acontecimientos convirtió el problema en una cuestión que trascendía la gestión ordinaria de la inmigración.
Se trataba también de la capacidad de España para proteger una frontera exterior de la Unión Europea.
Y, sobre todo, de la naturaleza de la cooperación con Marruecos.
Madrid considera que la colaboración de Rabat resulta imprescindible para gestionar los movimientos migratorios. Pero la crisis puso de manifiesto la vulnerabilidad que supone depender de esa cooperación cuando las relaciones políticas se deterioran.
El propio Felipe VI calificó lo ocurrido de violación inaceptable de una frontera española y europea.
La visita de hoy puede interpretarse, por tanto, como una respuesta institucional a aquellos acontecimientos, aunque sus preparativos fueran anteriores.
La novedad más delicada: barcos militares marroquíes entraron en aguas españolas
La tensión entre España y Marruecos no se limita a los movimientos migratorios.
Este lunes, 12 de octubre, Pedro Sánchez confirmó que embarcaciones de la Marina marroquí habían entrado sin autorización en aguas españolas próximas a Ceuta durante la crisis del verano.
Según la información publicada por Reuters, se produjeron incidentes protagonizados por unidades navales marroquíes que fueron interceptadas por una fragata española.
Sánchez describió esos episodios como incidentes aislados y defendió la necesidad de mantener la cooperación bilateral.
Sin embargo, la trascendencia política y militar del asunto es evidente.
Una cosa es que una frontera terrestre se vea desbordada por una entrada masiva de personas. Otra, que buques militares de un país vecino penetren en aguas territoriales españolas sin autorización.
La diferencia no es menor.
La crisis de Ceuta tuvo también una dimensión de seguridad marítima que añade gravedad al contexto en el que se produce la visita de los Reyes.
No consta, a partir de la información disponible, que esos incidentes supusieran un enfrentamiento armado entre ambas marinas.
Pero su confirmación obliga a analizar las relaciones hispano-marroquíes desde una perspectiva más amplia que la exclusivamente migratoria.
La frontera, las aguas territoriales y la cooperación militar forman parte de un mismo escenario estratégico.
¿Qué pretende España con la visita? Un mensaje dirigido a tres destinatarios
La visita de Felipe VI tiene tres grandes lecturas.
Primero: un mensaje a los ciudadanos de Ceuta y Melilla
Después de la crisis del verano, la presencia del jefe del Estado transmite un reconocimiento institucional a unas ciudades que han vivido una situación excepcional.
La Corona pretende representar la continuidad del Estado y la solidaridad del conjunto de España.
No es casual que el viaje se produzca inmediatamente después de la Fiesta Nacional del 12 de octubre.
La secuencia tiene una notable fuerza simbólica: primero, la celebración de las instituciones y las Fuerzas Armadas en Madrid; después, la presencia de los Reyes en dos territorios españoles cuya situación geográfica los coloca en el centro de tensiones internacionales.
Segundo: un mensaje a Marruecos
España no necesita una visita real para ejercer su soberanía sobre Ceuta y Melilla.
Pero el desplazamiento del monarca constituye una expresión visible de esa soberanía.
La presencia institucional de Felipe VI, las recepciones de las autoridades autonómicas y la participación en actos civiles forman parte de la normalidad constitucional española.
Precisamente esa normalidad es el mensaje político.
Se trata de presentar la visita no como una operación excepcional de reafirmación territorial, sino como un desplazamiento ordinario del jefe del Estado por territorio español.
Tercero: un mensaje a Europa
Ceuta y Melilla no son únicamente ciudades españolas.
Sus fronteras terrestres con Marruecos son fronteras exteriores de la Unión Europea.
Esto convierte cualquier crisis migratoria o de seguridad en un asunto que trasciende las relaciones bilaterales entre Madrid y Rabat.
Felipe VI ya ha insistido en anteriores intervenciones en que los Estados europeos situados en las fronteras exteriores no pueden asumir solos las responsabilidades derivadas de esa posición.
El mensaje es especialmente relevante para Bruselas: la seguridad y la estabilidad de Ceuta y Melilla forman parte de los intereses de la Unión Europea.
Eso no significa que cualquier incidente active automáticamente mecanismos de defensa colectiva. Las obligaciones de asistencia dependen de sus respectivos marcos jurídicos y de las circunstancias concretas.
Pero sí significa que la situación de ambas ciudades constituye un asunto europeo.
¿Por qué Pedro Sánchez no acompaña al Rey?
Esta es una de las cuestiones políticamente más interesantes del viaje.
La ausencia del presidente del Gobierno ha sido confirmada por fuentes del Ejecutivo.
Conviene precisar algo importante: Felipe VI no viaja contra la voluntad de Pedro Sánchez. La visita ha sido consensuada entre la Casa Real y el Gobierno.
Por tanto, sería incorrecto interpretar la ausencia del presidente como prueba de un enfrentamiento institucional entre Zarzuela y Moncloa.
Ahora bien, que exista acuerdo no elimina las posibles lecturas políticas de la decisión.
La primera es de carácter diplomático.
La presencia simultánea del Rey y del presidente del Gobierno habría conferido a la visita una dimensión política aún más explícita.
Un desplazamiento encabezado por el jefe del Estado permite mantener el carácter institucional del acontecimiento, aunque resulte inevitable su interpretación en clave de soberanía.
La segunda tiene que ver con la relación con Marruecos.
Desde la modificación de la posición española sobre el Sáhara Occidental en 2022, el Gobierno de Sánchez ha apostado por preservar una relación estrecha con Rabat.
En un momento de tensión, acompañar personalmente al Rey podría haber sido interpretado por Marruecos como un gesto político de especial contundencia.
La tercera lectura es interna.
España se encuentra en precampaña electoral, y Ceuta se ha convertido en uno de los principales escenarios del enfrentamiento político por la gestión migratoria y la seguridad fronteriza.
La presencia de Sánchez habría concentrado inevitablemente buena parte de la atención mediática sobre su actuación durante la crisis.
Sin embargo, ninguna de estas interpretaciones debe confundirse con una explicación oficial de sus motivos.
El Gobierno ha confirmado que Sánchez no acompañará a los monarcas, pero no ha atribuido públicamente su ausencia a una estrategia destinada a evitar represalias de Marruecos.
La diferencia entre los hechos y las hipótesis políticas es fundamental.
Lo comprobable es que el Ejecutivo autoriza la visita y que el presidente no participa en ella.
Lo demás forma parte del análisis de sus posibles consecuencias.
Marruecos ante un dilema: protestar o guardar silencio
Para comprender la importancia diplomática del viaje hay que recordar qué ocurrió en 2007.
Entonces, el desplazamiento de Juan Carlos I y Sofía provocó una reacción contundente del Gobierno marroquí.
Rabat protestó formalmente y retiró a su embajador en Madrid.
Aquella decisión respondió a la histórica reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla, consideradas por España parte indiscutible de su territorio nacional.
Hoy la situación es distinta.
La relación entre ambos países incluye intereses estratégicos de enorme importancia.
Marruecos necesita a España como socio económico, comercial y político dentro de la Unión Europea.
España necesita la colaboración marroquí en la gestión migratoria, la lucha contra el terrorismo, la seguridad fronteriza y numerosos ámbitos económicos.
Una crisis diplomática abierta podría perjudicar a ambos gobiernos.
Por eso la reacción marroquí a la visita se ha caracterizado, hasta esta mañana, por una notable prudencia.
No se ha producido una retirada del embajador comparable a la de 2007 ni una condena formal de la visita en los mismos términos.
Sin embargo, esa moderación no significa que Rabat haya renunciado a sus posiciones históricas.
Sectores políticos y sociales marroquíes mantienen sus reivindicaciones sobre ambas ciudades y algunos grupos han convocado protestas.
La diplomacia marroquí parece optar, de momento, por evitar que el viaje se convierta en una ruptura abierta.
El silencio diplomático también puede ser una estrategia: permite expresar incomodidad sin asumir los costes de una crisis bilateral.
Mohamed VI endurece el discurso migratorio antes de recibir a Felipe VI al otro lado de la frontera
Las relaciones entre las dos monarquías añaden otro elemento al análisis.
El rey Mohamed VI se pronunció el pasado 9 de octubre sobre la cooperación migratoria con España.
En sus declaraciones, recogidas por Reuters, sostuvo que el modelo actual de colaboración había llegado a sus límites y defendió la necesidad de desarrollar una nueva estrategia.
También criticó determinadas decisiones judiciales españolas que, a juicio de Marruecos, dificultan las repatriaciones y favorecen la actuación de redes de tráfico de personas.
El monarca marroquí insistió, al mismo tiempo, en que la relación con España constituye una elección estratégica de su país.
No presentó la cooperación bilateral como algo que deba abandonarse, sino como una relación que necesita nuevas condiciones.
Su discurso tiene especial relevancia porque llega pocos días antes de la presencia de Felipe VI en Ceuta y Melilla.
Los dos países mantienen posiciones diferentes sobre determinados aspectos de la gestión fronteriza.
España exige seguridad, control de los movimientos migratorios y respeto a sus fronteras.
Marruecos reclama una cooperación que tenga en cuenta sus propios intereses, mayores recursos y nuevas fórmulas de colaboración.
La visita real no resolverá por sí sola esas diferencias.
Pero puede influir en el clima político en el que se desarrollen las próximas negociaciones.
El Sáhara Occidental: la cuestión que condiciona toda la relación
Hay otro asunto que permanece en el trasfondo de cualquier análisis de las relaciones hispano-marroquíes: el Sáhara Occidental.
En marzo de 2022, el Gobierno de Pedro Sánchez modificó la posición tradicional española al considerar la propuesta marroquí de autonomía como la base más seria, creíble y realista para buscar una solución al conflicto.
Aquella decisión permitió superar una etapa de enfrentamiento diplomático con Rabat.
Pero también generó una importante controversia en España y provocó el deterioro de las relaciones con Argelia.
Desde entonces, el Ejecutivo ha defendido la importancia de mantener la cooperación con Marruecos.
La crisis migratoria de julio de 2026 volvió a poner a prueba ese modelo.
La cuestión de fondo es hasta qué punto la mejora de las relaciones diplomáticas garantiza una cooperación estable en materias tan sensibles como la inmigración y la seguridad.
Las posiciones de los partidos españoles son diferentes.
El Gobierno defiende una política de colaboración y diálogo con Marruecos.
La oposición ha cuestionado distintos aspectos de esa estrategia, especialmente después de los acontecimientos del verano.
Mientras tanto, la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla continúa siendo un elemento de sensibilidad diplomática.
Por tanto, la visita del Rey reúne dos cuestiones diferentes que conviene no confundir: la soberanía española sobre las ciudades autónomas y la necesidad de mantener unas relaciones funcionales con el país vecino.
¿Puede la visita provocar otra crisis diplomática como la de 2007?
La posibilidad existe, pero no hay elementos suficientes para afirmar que vaya a producirse.
En 2007, Marruecos optó por una respuesta diplomática muy visible.
En 2026, las primeras reacciones apuntan a una estrategia más contenida.
Existen varios factores que pueden explicar esa diferencia.
El primero es la interdependencia económica.
España y Marruecos mantienen relaciones comerciales de gran importancia para ambos países. Una ruptura diplomática prolongada tendría consecuencias para empresas, inversiones y proyectos de cooperación.
El segundo es la seguridad.
La lucha contra el terrorismo y el control de los movimientos migratorios requieren una coordinación constante.
El tercero es la posición europea.
Marruecos mantiene una relación estratégica con la Unión Europea y busca reforzar su papel como socio regional.
Y el cuarto es el contexto político español.
Las elecciones generales del 29 de noviembre introducen incertidumbre sobre la evolución de las relaciones bilaterales después de los comicios.
En ese escenario, Rabat puede considerar conveniente evitar decisiones irreversibles.
No obstante, la evolución dependerá de factores todavía abiertos: las palabras que pronuncie Felipe VI, las reacciones oficiales marroquíes y cualquier nuevo incidente fronterizo.
La dimensión militar: el Rey, jefe supremo de las Fuerzas Armadas, visita dos ciudades estratégicas
La presencia de Felipe VI tiene también un componente militar.
La Constitución española establece en su artículo 62 que corresponde al Rey el mando supremo de las Fuerzas Armadas.
Ese reconocimiento constitucional tiene carácter institucional y debe interpretarse dentro del sistema parlamentario español, en el que la dirección de la política de defensa corresponde al Gobierno.
Pero la condición de jefe supremo de las Fuerzas Armadas aporta un significado simbólico a cualquier desplazamiento del monarca a territorios de especial relevancia estratégica.
Ceuta y Melilla cuentan con una importante presencia militar española.
Su situación geográfica, en la orilla africana del Mediterráneo, les confiere un valor singular para la defensa, la vigilancia marítima y la seguridad fronteriza.
La visita adquiere todavía mayor importancia tras conocerse los incidentes protagonizados por embarcaciones militares marroquíes durante la crisis del verano.
Sin necesidad de realizar una exhibición de fuerza, la presencia del jefe del Estado proyecta un mensaje de continuidad institucional y vinculación territorial.
Ahora bien, conviene evitar interpretaciones exageradas.
No se ha anunciado una modificación de la política de defensa española ni un despliegue militar extraordinario asociado a la visita.
Su significado es fundamentalmente institucional, aunque se produzca en un contexto de seguridad especialmente sensible.
Ceuta y Melilla necesitan algo más que una visita histórica
Para los habitantes de ambas ciudades, el acontecimiento tiene un indudable valor simbólico.
Pero sus problemas cotidianos no desaparecerán cuando los Reyes regresen a Madrid.
Ceuta arrastra las consecuencias sociales, económicas y humanas de la crisis migratoria del verano.
Melilla afronta dificultades estructurales relacionadas con su aislamiento geográfico, su desarrollo económico y la transformación de las relaciones comerciales con Marruecos.
Ambas ciudades comparten una elevada dependencia de las decisiones del Estado en materia de fronteras, seguridad, transporte e inversiones.
También necesitan estabilidad en sus relaciones con el entorno marroquí, del que dependen numerosos intercambios económicos y sociales.
La visita puede contribuir a situar sus problemas en el centro del debate nacional.
Pero la verdadera prueba llegará después.
Habrá que comprobar si el Gobierno impulsa nuevas medidas económicas, mejora las infraestructuras, refuerza los servicios públicos y garantiza mecanismos de respuesta ante futuras crisis.
La presencia del Rey puede transmitir respaldo institucional.
La ejecución de esas políticas corresponde a las administraciones competentes.
Un mensaje europeo en la frontera africana
Existe una última dimensión que probablemente resulte decisiva para comprender el alcance del viaje.
Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas situadas geográficamente en África y políticamente integradas en Europa.
Su posición convierte cualquier conflicto fronterizo en una cuestión de alcance internacional.
Durante décadas, España ha intentado combinar dos objetivos que no siempre resultan fáciles de conciliar: defender plenamente su soberanía y mantener una relación de cooperación estable con Marruecos.
El viaje de Felipe VI se sitúa exactamente en ese punto de equilibrio.
Por una parte, normaliza la presencia del jefe del Estado en ambas ciudades.
Por otra, evita convertir esa presencia en una confrontación diplomática explícita.
Es significativo que la agenda incluya colegios, encuentros ciudadanos y un homenaje a las víctimas de la crisis migratoria, en lugar de concentrarse exclusivamente en actos militares.
Ese diseño permite proyectar una imagen de soberanía ejercida a través de las instituciones civiles, los servicios públicos y la convivencia.
La presencia de los Reyes recuerda que Ceuta y Melilla no son únicamente fronteras.
Son ciudades con ciudadanos, instituciones y necesidades que forman parte de la realidad española.
Las tres preguntas que quedan abiertas tras la visita
Cuando Felipe VI y Letizia abandonen Melilla mañana, miércoles 14 de octubre, habrá tres cuestiones fundamentales pendientes de respuesta.
La primera es diplomática. ¿Cómo reaccionará Marruecos después de escuchar las intervenciones del Rey? La ausencia de una protesta contundente antes de la visita no garantiza que no se produzcan movimientos posteriores.
La segunda es política. ¿Será capaz el Gobierno español de mantener la cooperación con Rabat y, al mismo tiempo, responder a las críticas por la gestión de la crisis migratoria y los incidentes fronterizos?
La tercera es institucional. ¿Se convertirá este viaje en el comienzo de una presencia habitual de la Corona en Ceuta y Melilla o habrá que esperar otros veinte años para una visita semejante?
Son preguntas que trascienden ampliamente las dos jornadas de actos oficiales.
Diecinueve años después, España vuelve a mirar hacia sus ciudades africanas
La última vez que un rey español visitó Ceuta y Melilla, en 2007, Marruecos respondió retirando a su embajador.
Hoy Felipe VI regresa a esas ciudades en un escenario internacional diferente, pero con algunos de los mismos problemas históricos sin resolver.
España necesita a Marruecos como socio estratégico. Marruecos necesita a España como interlocutor económico y europeo.
Ambos países comparten intereses esenciales, pero también mantienen discrepancias sobre cuestiones territoriales, migratorias y de seguridad.
En medio de ese equilibrio, los Reyes van a protagonizar una visita que busca trasladar cercanía a los ciudadanos, recuperar la normalidad institucional y reafirmar la presencia del Estado en dos territorios especialmente sensibles.
Pedro Sánchez no estará junto a Felipe VI, aunque su Gobierno ha autorizado el desplazamiento.
Marruecos observa los acontecimientos con prudencia.
Y Europa tiene motivos para seguirlos de cerca.
Porque lo que sucede en Ceuta y Melilla no afecta únicamente a dos ciudades situadas al otro lado del Estrecho. Afecta a la seguridad de España, a su relación con el norte de África y a la capacidad de Europa para afrontar los desafíos de sus fronteras exteriores.
La visita durará dos días.
Sus consecuencias políticas y diplomáticas podrían prolongarse mucho más.

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