Un estudio de la Universidad de Oviedo revela que el 93% de los jóvenes consume bebidas azucaradas y que el hábito se consolida con la edad, normalizándose en su día a día
No es una moda. Es una rutina. Y ya es un problema.
El consumo de bebidas azucaradas entre los adolescentes asturianos ha dejado de ser algo puntual para convertirse en un hábito profundamente arraigado. Así lo confirma un estudio impulsado por la Universidad de Oviedo, que lanza un dato demoledor:
el 93% de los jóvenes consume este tipo de bebidas —refrescos, energéticas o deportivas— de forma habitual u ocasional.
La investigación, desarrollada en el marco del proyecto BREDA con más de 1.250 estudiantes de ESO y Bachillerato, no deja lugar a dudas:
el azúcar líquido forma ya parte del estilo de vida adolescente.
El dato que lo cambia todo: consumir refrescos ya es lo normal
Los números hablan por sí solos:
- 66% consume bebidas azucaradas de forma habitual
- 27% lo hace de forma ocasional
- Solo un 7% asegura no consumirlas nunca
Traducido sin rodeos:
beber refrescos o similares no es la excepción, es la norma.
Y lo más preocupante no es solo cuánto se consume, sino cuándo empieza: el hábito arranca a edades muy tempranas y se intensifica con el paso de los cursos.
De 2º de ESO a Bachillerato: el consumo no se frena, se consolida
El estudio detecta una tendencia clara:
cuanto mayores son los adolescentes, más integrado está el consumo.
En todos los niveles educativos, más del 50% declara un consumo habitual, lo que indica que no estamos ante una fase pasajera, sino ante un comportamiento que se afianza y puede acompañarles en la edad adulta.
Refrescos: el rey absoluto del consumo juvenil
Si hay un protagonista claro en este escenario, son las bebidas refrescantes.
- 57,7% las consume habitualmente
- 31,9% de forma ocasional
- Solo un 10,4% nunca las toma
Es decir, prácticamente todos los adolescentes tienen contacto con los refrescos.
Y no solo eso. Su consumo se cuela en todos los momentos del día:
- Ocio y socialización: el principal escenario (más del 50%)
- Durante las comidas: cerca del 18%
- En el día a día sin contexto específico: en torno al 10%
Los refrescos ya no acompañan momentos puntuales: forman parte del paisaje cotidiano.
Bebidas energéticas: menos consumo, más riesgo
Aquí el problema cambia de forma, pero no de gravedad.
Casi 3 de cada 10 adolescentes consumen bebidas energéticas:
- 11,8% de forma habitual
- 17,8% de forma ocasional
Y lo más inquietante: el consumo aumenta con la edad.
Se trata de productos con altas dosis de azúcar y cafeína, que se asocian sobre todo a:
- Ocio nocturno
- Contextos sociales
- Búsqueda de energía o concentración
Una combinación que enciende todas las alarmas desde el punto de vista sanitario.
Bebidas deportivas: el espejismo saludable
Las bebidas deportivas presentan un perfil distinto:
- 43,9% no las consume nunca
- 27,2% lo hace de forma habitual
A diferencia de otras, su consumo está más vinculado al deporte, pero los expertos advierten:
fuera del ejercicio intenso, su utilidad es limitada… y su carga de azúcar, innecesaria.
Un problema de salud pública que empieza en la adolescencia
El estudio, publicado en la revista científica Anales de Pediatría, no se queda en la fotografía del consumo. Va más allá.
Los investigadores recuerdan que este tipo de bebidas están directamente relacionadas con:
- Aumento de peso
- Desarrollo de diabetes tipo 2
- Problemas dentales
- Alteraciones del sueño
- Riesgos cardiovasculares
Y añaden un dato clave:
una sola bebida puede superar las recomendaciones diarias de azúcar de la Organización Mundial de la Salud.
El verdadero peligro: la normalización
Más allá de los porcentajes, hay una conclusión que sobresale por encima de todas:
los adolescentes no perciben estas bebidas como algo ocasional, sino como algo normal.
Se consumen en grupo, en el ocio, en casa, en comidas…
Forman parte del día a día sin cuestionamiento.
Y ahí está el problema de fondo:
lo que hoy es costumbre, mañana será hábito consolidado.
La advertencia de los expertos: hay que actuar ya
Desde la Cátedra de Salud Comunitaria y Promoción de la Salud (ProSA), responsable del estudio, lo tienen claro:
“Conocer cuánto consumen y en qué contextos es clave para diseñar estrategias eficaces que fomenten hábitos saludables”.
La receta no pasa solo por prohibir, sino por algo más complejo:
- Educación nutricional desde edades tempranas
- Entornos más saludables en colegios y ocio
- Alternativas accesibles y atractivas
Porque si no se actúa ahora, el escenario es bastante evidente:
una generación que arrastrará estos hábitos durante décadas.
El diagnóstico es claro… y el margen de reacción, limitado
Asturias tiene ya sobre la mesa una radiografía precisa.
Y no es precisamente tranquilizadora.
Porque cuando nueve de cada diez adolescentes consumen azúcar líquido de forma habitual, la pregunta ya no es si hay un problema.
La pregunta es:
¿cuánto tiempo estamos dispuestos a mirar hacia otro lado?
