Las medidas puntuales no bastan: para integrar la sostenibilidad en todas las áreas de la empresa, es necesaria una gestión del cambio bien planificada.
Asturias es ya la tercera comunidad de España en retorno de financiación de I+D por habitante, según el Radar Zabala Innovation 2026, y una de las razones es la apuesta autonómica por los proyectos de descarbonización industrial, hidrógeno verde y energías marinas. La región busca reforzar su resiliencia climática y, en este contexto, la sostenibilidad empresarial se ha convertido en un valor diferencial. No solo es un requisito indispensable para la supervivencia a largo plazo, sino que puede ayudar a captar nuevos clientes, atraer inversión y retener al mejor talento.
Más del 85 % de las empresas asturianas ya contribuyen de un modo u otro a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pues continuar ignorando la Agenda 2030 equivale a quedarse estancado en un mercado volátil e incierto. Este es un riesgo que ninguna organización puede permitirse, pero las formas de enfocar el liderazgo sostenible son diversas, y no todas surten el mismo efecto.
La sostenibilidad empresarial, un compromiso de toda la organización
Adoptar medidas “verdes” puntuales, algo a lo que muchas empresas recurren como medida de blanqueamiento, puede ser contraproducente: conlleva un aumento de la inversión y no ofrece resultados reales. La sostenibilidad debe estar integrada en todas las áreas de la empresa y, para ello, es necesaria una gestión del cambio eficaz guiada por la alta dirección.
El desafío es complejo. Por eso, cada vez más organizaciones asturianas apuestan por la formación ejecutiva, y la demanda en la comunidad autónoma de programas como el Advanced Management Program Asturias se ha disparado. El objetivo es que los ejecutivos desarrollen una visión estratégica que les permita trazar y dirigir planes eficaces de sostenibilidad empresarial. Esto, entre otras cosas, significa:
- Integrar los objetivos de sostenibilidad en la estrategia general de la empresa. Bien enfocadas, las medidas de impacto ambiental y social tienen también un impacto positivo en los resultados económicos. Es importante estudiar estos beneficios potenciales para alinear las actividades sostenibles con los objetivos generales de la organización y que, así, la sostenibilidad sea sinónimo de crecimiento.
- Crear una cultura corporativa sostenible. Un liderazgo sostenible no llegará a buen puerto sin la implicación de todos los equipos, y esto se logra con una cuidadosa gestión del cambio. Aquí resulta vital el compromiso de la alta dirección, que debe comunicar las decisiones eficazmente a toda la empresa e inspirar con éxito a la plantilla para lograr avances significativos.
- Trazar un plan integral de sostenibilidad empresarial. Para lograr cambios reales, hay que huir de metas vagas. Uno de los primeros pasos debe ser la creación de una hoja de ruta con objetivos a corto y largo plazo, bien definidos y medibles, que permitan hacer un seguimiento continuo de los progresos. ¿En qué medida se pretenden reducir las emisiones? ¿En qué tipo de operaciones se va a eliminar el uso de papel?
- Invertir en innovación. Las nuevas tecnologías, desde las energías renovables hasta los entornos de trabajo digitales, son un motor clave para la sostenibilidad. Por ejemplo, el análisis de datos y la inteligencia artificial permiten identificar procesos innecesarios e ineficiencias en las operaciones, y también pueden ayudar a prever picos y bajadas en la demanda para optimizar la producción.
¿Están las organizaciones preparadas para presentar informes de sostenibilidad empresarial?
A partir de este año, las pymes que coticen en la Unión Europea estarán obligadas a presentar informes sobre sostenibilidad, tal y como exige la Directiva sobre la Información Corporativa sobre Sostenibilidad (CSRD). Seguir operando sin tener en cuenta los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) puede acarrear multas elevadas, por lo que adoptar un liderazgo sostenible es, además de un compromiso ético, la opción más lógica.
Para muchas empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, este cambio de prioridades supone todo un desafío. Consciente de ello, el Gobierno asturiano continúa invirtiendo en “la transformación integral del tejido productivo asturiano”, y dedicará más de 130 millones de euros en 2026 a impulsar la transición energética.
Para no quedarse atrás, los directivos asturianos deben ejercer un liderazgo transformacional, bien estructurado y con medidas concretas. Ahora que, motivadas por los nuevos reglamentos y las ayudas públicas, cada vez más organizaciones están integrando los criterios ESG en sus procesos, aquellas que sepan alinearlos de manera eficaz con sus objetivos empresariales estarán mejor posicionadas para el éxito a largo plazo.
