Un año de prisión para el conductor que circuló seis minutos en sentido contrario por la autovía del Cantábrico. La Audiencia descarta el despiste: fue un acto consciente que puso en riesgo la vida de decenas de conductores.
Seis minutos pueden parecer poco. En la A-8, de madrugada, en sentido contrario, son una eternidad. Nueve kilómetros avanzando de frente contra coches que circulaban correctamente. Maniobras bruscas, volantazos, frenazos. Y una pregunta repetida en cada conductor que se lo cruzaba: ¿cómo puede estar pasando esto?
La Audiencia Provincial de Asturias ha condenado a un año de prisión a un hombre que en febrero de 2024 condujo en dirección contraria por la autovía del Cantábrico, en el término municipal de Gijón, hasta ser interceptado por operarios de mantenimiento en la ronda sur. El tribunal no aprecia eximente alguna y es tajante: no fue un error, no fue un despiste, no fue una confusión de carril. Fue una conducta consciente y deliberada.
Se cruzó con varios vehículos que tuvieron que esquivarlo
La sentencia recoge que durante el trayecto el acusado se cruzó con varios coches que circulaban correctamente y que tuvieron que maniobrar para evitar una colisión frontal. Las imágenes incorporadas al procedimiento muestran que el conductor no redujo la velocidad, no intentó apartarse al arcén ni trató de minimizar el riesgo que él mismo había creado.
El fallo judicial marca una línea clara entre un posible malentendido —equivocarse de acceso y rectificar de inmediato— y una conducta prolongada en el tiempo que multiplica el peligro. Aquí no hubo rectificación. Hubo persistencia.
Y esa persistencia es la que convierte la imprudencia en delito.
La diferencia entre el error y el desprecio por la vida ajena
La Audiencia lo expresa con contundencia: existe una diferencia entre un desafortunado equívoco y un comportamiento que “injustificada e injustificablemente pone en riesgo, de forma caprichosa, la integridad corporal e incluso la vida de quienes solo aspiraban a utilizar la vía conforme a las normas de convivencia”.
El recorrido en sentido contrario se prolongó durante aproximadamente seis minutos. Puede parecer un margen breve, pero a velocidades propias de autovía supone varios kilómetros en los que cualquier impacto frontal habría tenido consecuencias devastadoras.
No hubo choque. No hubo víctimas. Pero eso fue cuestión de suerte.
Delito de conducción temeraria
Las diligencias fueron instruidas por la Unidad de Investigación de Seguridad Vial (UNIS) de la Guardia Civil. El acusado ha sido condenado por un delito de conducción temeraria, tipificado en el Código Penal cuando se crea un riesgo grave y concreto para la vida o la integridad de terceros.
En este tipo de delitos no es necesario que exista un resultado lesivo. Basta con que el riesgo generado sea objetivamente grave. Y circular en sentido contrario por una autovía cumple sobradamente ese requisito.
La pena impuesta es de un año de prisión. A ella se sumará previsiblemente la retirada del permiso de conducir durante un periodo que determinará la ejecución de la sentencia.
Un fenómeno que no es anecdótico
Los casos de conductores kamikaze no son habituales, pero tampoco anecdóticos. Cada año se registran en España episodios de circulación en sentido contrario que, en ocasiones, terminan en tragedia. La DGT considera este tipo de conductas entre las más peligrosas en carretera, junto al exceso extremo de velocidad o la conducción bajo los efectos del alcohol y las drogas.
En este caso, el tribunal quiso dejar claro que no se trató de un error momentáneo. Nueve kilómetros son demasiado trayecto para hablar de confusión. Seis minutos son demasiado tiempo para no reaccionar.
La justicia ha hablado con firmeza. Y el mensaje es claro: la temeridad consciente en carretera no es una imprudencia menor, es un delito que puede llevar a prisión.
Porque en una autovía nadie espera encontrarse de frente con un coche que viene hacia él.
Y cuando eso ocurre, no hablamos de un susto. Hablamos de vidas que pudieron perderse.
