Nepotismo

El nepotismo aparece definido como la preferencia desmedida que algunos dan a sus parientes para las gracias y empleos públicos.

 Obviamente se siembra, germina y se desarrolla en el ámbito público y es una modalidad de corrupción de las más perniciosas en la medida en que atenta contra el principio de igualdad y tira a la basura el esfuerzo y la ilusión de muchos opositores, por más que no se le preste mucha atención ni judicial ni mediática, salvo casos flagrantes.

 No es un fenómeno nuevo, aunque adquiere actualidad a partir de la constatación periodística de que en el Tribunal de Cuentas el 14% de la plantilla de 700 trabajadores tiene vínculos familiares con altos cargos del propio Tribunal. Otra razón más para refundar una institución que algunos llaman Tribunal de Cuentos.

 El nepotismo forma parte de la historia de España.

 El Congreso de los Diputados de 1916 fue calificado de "Congreso de Familia" porque el árbol genealógico que se podía construir con los nombres de los políticos y sus hijos, sobrinos y cuñados era tan extenso que un cronista llegó a afirmar: "¡Qué otro país puede presentar tantos ejemplos de amor a la familia!".

 Es famosa también aquella anécdota que cuenta que cuando en el Parlamento de la República estaba interviniendo el diputado Ossorio y Gallardo lamentándose por la situación crítica que atravesaba el país y se hacia la pregunta retórica: "¿Qué será de nuestros hijos?", del fondo del Salón de Sesiones salió una voz: "Al de su Señoría le hemos hecho Subsecretario".

 Poco han cambiado las cosas. No es difícil a día de hoy dibujar árboles genealógicos en las Cortes Generales. La repetición de apellidos es común.

 No todos los nepotismos tienen la misma gravedad, siendo posible distinguir grados en función de la clase de empleado público de que estemos hablando.

 En el caso del personal eventual el nepotismo está implícito pero en su modalidad leve. El nombramiento de este tipo de personal no está sujeto a procedimiento alguno y el hecho de que recaiga en familiares del que tiene la potestad de nombrar, que dicho sea de paso, es lo habitual, es una cuestión más ética que jurídica.

 Si hablamos de funcionarios, el nepotismo puede ser grave o muy grave según estemos hablando de provisión de puestos de trabajo entre quienes ya son funcionarios o de la adquisición ex novo de la condición de funcionario. En ambos casos los tribunales y la estructura de las pruebas selectivas tienen una influencia decisiva.

El nepotismo se podría erradicar adoptando una serie de medidas. En el caso de los eventuales bastaría privarlos de su condición de empleados públicos y que pasaran a depender y a cobrar de los partidos políticos que son sus verdaderos empresarios.

En el caso de los funcionarios sería preciso que los miembros de los tribunales no pertenecieran al órgano convocante del proceso selectivo y que todos los ejercicios se hicieran por escrito.

Pero no alberguemos falsas esperanzas. Los que pueden adoptar estas medidas son los mismos que se están beneficiando del nepotismo.

Nuestra democracia es de papel, frágil, fariséica. El Tribunal de Cuentas es quizá la institución que mejor representa esta triste realidad. Sus miembros, teóricos controladores de las cuentas de los partidos políticos son designados por los partidos políticos. ¿Se puede confiar en un sistema en el que el controlado designa al controlador?

El nepotismo es una ramificación de la corrupción que, como el árbol que le da vida, acompaña al hombre como la sombra al cuerpo.



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