El Día de San Mateo mezcló desde la mañana gaitas, folclore, comidas en los parques y actividades familiares antes de entregar La Ería a Rodrigo Cuevas, que reunió a más de 4.000 personas en el concierto que puso el punto final a las fiestas
Esta mañana Oviedo ha amanecido de otra manera.
Sin escenario que esperar por la noche. Sin mirar el programa para decidir dónde empieza el siguiente concierto. Sin esa procesión continua de gente entre el Fontán, el Campo San Francisco, el Bombé, la Catedral y las calles del centro.
San Mateo 2026 terminó anoche.
Y lo hizo como suelen terminar las fiestas que de verdad ocupan una ciudad: lentamente. Primero durante un día entero de bollos preñaos, botellas de sidra, gaitas, niños corriendo por el Campo, familias instaladas sobre la hierba y grupos de amigos estirando el festivo hasta donde permitía el lunes. Después, ya de noche, con miles de personas mirando hacia un escenario en La Ería.
Allí esperaba Rodrigo Cuevas.
El artista asturiano tuvo la responsabilidad de bajar el telón de las fiestas y reunió a más de 4.000 personas en el recinto con su espectáculo de la gira La Belleza, una mezcla difícilmente confundible de música popular asturiana, electrónica, cabaret, teatralidad y provocación escénica.
Era difícil imaginar un final mucho más asturiano.
La mañana empezó oliendo a bollo preñao
Pero San Mateo había comenzado muchas horas antes.
El 21 de septiembre continúa siendo para miles de ovetenses una fecha con un ritual muy preciso. Se sale, se encuentra uno con los de siempre y, antes o después, aparece el bollo preñao y la botella de sidra.
Desde las 10.00 hasta las 14.00 horas, los socios de la Sociedad Ovetense de Festejos pudieron recoger en la Plaza de España el tradicional bollo y la botella que se entregan cada Día de San Mateo.
El acto volvió a funcionar como uno de esos puntos de encuentro donde la fiesta pierde parte del espectáculo y recupera su lado más reconocible: gente hablando de pie, saludos que se alargan, familias enteras y bolsas con el almuerzo de la jornada.
A media mañana ya se escuchaba además el sonido de las gaitas.
La Banda de Gaitas del Centro Asturiano recorrió el trayecto desde la plaza de la Catedral hasta Gascona, mientras el Grupo de Baile del Centro Asturiano hacía lo propio desde Campoamor hacia el centro.
La charanga El Felechu tomó después algunas de las calles más concurridas —Daoiz y Velarde, Ayuntamiento, Cimadevilla, Rúa, Porlier y Gascona— entre las doce y las tres de la tarde.
Fue el San Mateo de toda la vida ocupando espacio entre terrazas, paseantes y gente que se dirigía hacia el Campo.
Las doce: San Mateo entra en la Catedral
A las 12.00 horas, el ruido de la calle dejó paso durante unos minutos a uno de los actos tradicionales del día grande: la misa en honor a San Mateo en la Catedral.
Conviene recordar una de esas pequeñas paradojas ovetenses que cada año vuelven a sorprender a algún visitante: San Mateo da nombre a las fiestas, pero no es el patrón de Oviedo; el patrón de la ciudad es San Salvador.
La ceremonia reunió a representantes institucionales, cofradías, vecinos y visitantes antes de que la fiesta volviera inmediatamente a las calles.
Poco después, a las 13.00 horas, la Banda de Música Ciudad de Oviedo ofreció su concierto de San Mateo en la Plaza de España.
Y ahí comenzó la otra gran ceremonia del 21 de septiembre.
La de comer.
Manteles en la hierba y sidra compartida
El Día del Bollo no necesita demasiada escenografía.
Le basta un parque, una sombra, algo para sentarse y gente con ganas de quedarse.
Durante el mediodía y las primeras horas de la tarde, el Campo San Francisco y otras zonas verdes de Oviedo volvieron a convertirse en improvisados comedores al aire libre.
El bollo preñao, la empanada, las tortillas, la sidra y todo lo que cada familia había decidido añadir al menú fueron apareciendo sobre mantas y bancos.
Es probablemente el momento de San Mateo en el que Oviedo se parece menos a una ciudad que celebra un gran acontecimiento y más a una enorme reunión de amigos.
No hay que mirar al escenario.
Hay que mirar alrededor.
Abuelos buscando dónde sentarse. Niños persiguiéndose entre los árboles. Botellas pasando de mano en mano. Grupos que llevan años encontrándose el mismo día. Gente que llega tarde y pregunta dónde están los demás.
Ese es el Día del Bollo.
Y ayer volvió a ser el centro sentimental de San Mateo.
Los niños también tuvieron su último San Mateo
La programación infantil no desapareció por tratarse de la última jornada.
El Campo San Francisco volvió a concentrar buena parte de las actividades dirigidas a los más pequeños, con música, juegos tradicionales y magia.
Entre las propuestas de la jornada estuvieron Rock Star for Kids, actividades de juegos tradicionales en el Paseo del Angelín y el espectáculo de magia La Magicleta, del Mago Martín, en la plaza Longoria Carbajal.
La programación se completó con una fiesta infantil en el entorno de la Rosaleda.
Por la tarde, además, el Grupo de Baile Tradicional de Fitoria recorrió el casco antiguo entre las cinco y las ocho.
Mientras los adultos estiraban sobremesas y encuentros, todavía quedaban niños con energía suficiente como para demostrar que doce días de San Mateo no son necesariamente demasiados.
El Bombé guardaba todavía una última canción
La música volvió a tomar protagonismo al caer la tarde.
El paseo del Bombé, convertido durante las fiestas en uno de los puntos de encuentro habituales de la programación gratuita, recibió a la artista asturiana Eva Hevia.
Era ya música de despedida.
A esas horas San Mateo tenía una sensación distinta a la de los días anteriores. El calendario pesaba.
Habían quedado atrás el pregón, Celtas Cortos, Mónica Naranjo, Taburete, Leiva, el Día de América, el Vetusta Fest y los fuegos artificiales.
Solo quedaba una gran cita.
Y estaba en La Ería.
Más de 4.000 personas para despedir San Mateo con Rodrigo Cuevas
A las 21.00 horas, Rodrigo Cuevas salió al escenario de La Ería.
No era simplemente otro concierto del programa.
Era el último.
Y además tenía algo de regreso a casa.
Cuevas llegaba convertido desde hace años en uno de los artistas asturianos con mayor proyección nacional, después de haber construido un lenguaje propio en el que una tonada puede encontrarse con la electrónica, un traje tradicional puede convivir con el cabaret y una canción aparentemente antigua puede terminar sonando completamente contemporánea.
Más de 4.000 personas acudieron al recinto para verlo.
Sobre el escenario desplegó el universo de La Belleza, el espectáculo con el que viene recorriendo España y otros países y en el que combina canciones de sus trabajos con folclore, humor, interpretación y esa capacidad que tiene para convertir un concierto en algo que nunca termina de ser únicamente un concierto.
El propio artista había reconocido días antes que actuar en Asturias le producía un nerviosismo especial precisamente porque conoce al público y porque una parte de ese público también le conoce a él.
Anoche esa relación se cerraba en Oviedo.
Con La Ería delante.
Y con San Mateo detrás.
Un concierto que llegó rodeado de polémica
La actuación tampoco había llegado completamente limpia de ruido externo.
Durante los días anteriores, Rodrigo Cuevas había expresado públicamente críticas sobre determinados aspectos del modelo de fiestas de Oviedo y también se había pronunciado sobre la agresión sufrida al inicio de San Mateo por dos integrantes de AMA Asturies.
Las declaraciones generaron una polémica pública y llegaron a producir tensión con el Ayuntamiento, aunque finalmente el concierto se mantuvo en el programa.
Ayer, sin embargo, el protagonismo regresó donde debía estar.
Al escenario.
Diez días que el Ayuntamiento considera consolidados
Durante el tradicional encuentro del Día de San Mateo en la Plaza de España, el alcalde, Alfredo Canteli, hizo balance de las fiestas y aseguró estar “satisfecho plenamente” con la edición, destacando la afluencia registrada en los diferentes recintos y defendiendo la continuidad del modelo festivo municipal.
Desde la oposición municipal se han expresado valoraciones distintas sobre ese modelo.
Izquierda Unida reclamó ayer una recuperación de lo que considera una mayor esencia de “fiesta popular”, mientras el PSOE ha defendido durante estos días un formato más participativo.
La discusión probablemente continuará cuando desaparezcan escenarios, barras y casetas.
Porque cuando termina San Mateo empieza siempre otro San Mateo:
el de hacer balance.
De Celtas Cortos a Rodrigo Cuevas
Han sido unas fiestas largas y musicalmente intensas.
San Mateo comenzó oficialmente el 10 de septiembre, con el pregón y el concierto gratuito de Celtas Cortos en la calle Uría, y desde entonces la ciudad ha ido encadenando escenarios y públicos distintos.
Por La Ería pasaron, entre otros, Mónica Naranjo, Taburete y Leiva; el centro acogió decenas de conciertos gratuitos; el Paraguas mantuvo su propia programación; el Bombé recuperó artistas y propuestas populares; y el fin de semana final concentró tres de las jornadas de mayor fuerza simbólica.
El sábado llegó el Día de América en Asturias, con un desfile formado por unas 50 secuencias y más de 3.500 participantes.
El domingo fueron los fuegos artificiales, lanzados desde el parque Tuero Bertrand de Montecerrao después de una tarde que había llevado hasta La Ería el Vetusta Fest.
Y ayer quedó reservado para el bollo.
Para San Mateo.
Y para Rodrigo Cuevas.
Hoy, martes 22: no hay otro concierto; San Mateo ha terminado
Y aquí está la diferencia respecto a los días anteriores.
Hoy martes 22 de septiembre no continúa la programación oficial de San Mateo.
Las fiestas de 2026 estaban programadas entre el 10 y el 21 de septiembre, y el concierto de Rodrigo Cuevas fue concebido expresamente como el cierre de la edición.
Así que este martes la agenda consiste precisamente en volver a la normalidad.
Los escenarios empezarán a dejar de ser escenarios.
Las estructuras tendrán que desmontarse.
Las calles recuperarán poco a poco su aspecto habitual.
Los que ayer comieron sobre la hierba vuelven hoy a trabajar.
Los niños vuelven a clase.
Y aparecerá inevitablemente esa sensación extraña que dejan las fiestas grandes cuando terminan: durante casi dos semanas parecía perfectamente normal encontrarse música al doblar cualquier esquina y hoy, de repente, el centro vuelve a sonar a ciudad.
Pero todavía queda una última cita
El calendario festivo ovetense conserva, no obstante, una pequeña posdata.
El domingo 27 de septiembre está prevista la tradicional Romería del Cristo de las Cadenas, una celebración posterior a San Mateo que prolonga durante unas horas el ambiente de septiembre en la ciudad.
No será ya San Mateo con La Ería, conciertos multitudinarios y miles de personas cruzando el centro.
Será otra cosa.
Más pequeña.
Más tradicional.
Quizá incluso más tranquila.
Y Oviedo vuelve a ser Oviedo
Anoche, cuando las últimas canciones terminaron en La Ería, San Mateo 2026 empezó realmente a convertirse en recuerdo.
Quedarán las fotos del Día de América.
Los fuegos sobre Montecerrao.
Los conciertos.
El bollo.
La sidra.
Las calles llenas.
Las polémicas.
Las noches que se hicieron demasiado largas y las mañanas que llegaron demasiado pronto.
Pero hoy ya no hay que consultar el programa.
San Mateo ha terminado.
Oviedo recoge la fiesta, vuelve al trabajo y empieza esa cuenta atrás que nadie anuncia oficialmente pero que todos conocen.
La que lleva otra vez hasta septiembre.
