La montaña se traga a uno de los suyos: angustia máxima en San Isidro por la desaparición de Ramón, el rescatador que ahora necesita ser rescatado

Un experto de la Brigada de Salvamento Minero, conocedor extremo del terreno, desaparece en una de las rutas más traicioneras del límite entre Asturias y León

La montaña no avisa. Y cuando lo hace, ya es tarde.

Asturias contiene la respiración ante la desaparición de Ramón Isidro González García, allerano de 53 años, residente en Oviedo, montañero experimentado y, sobre todo, uno de esos hombres que han dedicado su vida a rescatar a otros en situaciones límite. Hoy, sin embargo, es él quien está desaparecido en uno de los entornos más duros de la Cordillera Cantábrica.

Y eso lo cambia todo.

Porque no hablamos de un excursionista cualquiera. Hablamos de un ingeniero técnico de la Brigada de Salvamento Minero, un profesional acostumbrado a trabajar donde la vida pende de un hilo. Un hombre que incluso llegó a asumir responsabilidades dentro de la brigada en momentos críticos, como durante el dramático operativo del pequeño Julen en Málaga en 2019.

Ahora, el guion se ha invertido de la forma más inquietante posible.

Una desaparición que activa un despliegue sin precedentes en la zona

Todo comenzó en la madrugada del martes. A la 1:30, su mujer lanza la alerta: Ramón había salido solo al monte y no respondía a ninguno de sus teléfonos.

En ese momento se activa un engranaje que ya no se detiene.

A las 2:20, aparece su coche en el aparcamiento de Wamba, en la vertiente leonesa de San Isidro. Ese dato marca el punto cero de la búsqueda. A partir de ahí, todo se acelera.

Lo que se despliega en las horas siguientes no es un operativo cualquiera:

  • 3 helicópteros (SEPA + Guardia Civil Asturias + Guardia Civil León)
  • GREIM de Sabero, especialistas en rescate en montaña
  • Grupo de Rescate del SEPA
  • Bomberos de Caso y La Morgal
  • Unidad Canina
  • Unidad de Drones
  • Guardería de Medio Natural con cámaras térmicas
  • Puesto de Mando Avanzado en Wamba
  • Voluntarios, familiares y antiguos miembros de la Brigada de Salvamento Minero

Un despliegue total. De máxima intensidad. De los que solo se activan cuando la situación es realmente seria.

El terreno: una trampa perfecta incluso para expertos

El escenario no ayuda. Ni mucho menos.

La ruta que presumiblemente seguía Ramón —Wamba → Lago Ubales → entorno de Peña’l Vientu— es conocida por montañeros… y también por rescatadores.

Porque es una ruta engañosa.

Sobre el papel:

  • Entre 10 y 12 kilómetros de recorrido
  • Desniveles de hasta 500-600 metros acumulados
  • Tramos de pista aparentemente sencillos

Pero en la realidad:

  • Neveros persistentes en primavera
  • Zonas sin señalización clara
  • Cambios bruscos de meteorología
  • Nieblas cerradas que reducen visibilidad a cero
  • Pendientes donde un resbalón puede ser fatal

Y, además, en las últimas horas:

  • Tormentas
  • Granizo
  • Viento fuerte
  • Dificultades incluso para operar drones

Es decir, el cóctel perfecto para complicar cualquier rescate… y para poner en jaque incluso a alguien con experiencia.

Un dato que dispara la preocupación: no era un novato

Aquí está la clave.

Ramón no era un imprudente.
No era un turista perdido.
No era alguien que subía al monte sin saber.

Era justo lo contrario.

  • Gran conocedor de la Montaña Central asturiana
  • Habitual de la zona de Casomera y San Isidro
  • Perfil técnico, metódico, acostumbrado a evaluar riesgos
  • Experiencia en situaciones extremas dentro de la Brigada

Por eso, cada hora sin noticias pesa más.

Porque cuando desaparece alguien así, las hipótesis cambian:

  • ¿Accidente puntual?
  • ¿Caída en zona no visible?
  • ¿Desorientación por niebla súbita?
  • ¿Problema físico inesperado?

Y cada una de ellas abre escenarios complicados.

La Brigada de Salvamento Minero se vuelca: “Esperamos un buen final”

Hay imágenes que lo dicen todo sin necesidad de palabras.

Antiguos compañeros de la Brigada de Salvamento Minero de Hunosa se han sumado como voluntarios a la búsqueda.

Hombres que han bajado a pozos, que han trabajado en incendios, que han entrado donde nadie más entra… ahora recorren la montaña buscando a uno de los suyos.

Sergio Tuñón, exdirector técnico de la Brigada, lo resumía con una frase que pesa como una losa:

“Esperemos que esta búsqueda tenga un buen final”

No hay épica en esa frase.
Hay experiencia.
Y hay preocupación real.

Un operativo contra el reloj… y contra la montaña

El dispositivo ha dividido la zona en varios sectores:

  • Área del Lago Ubales
  • Entorno de Peña’l Vientu
  • Corredor entre Pico Torres y Wamba
  • Cabañas, refugios y pistas secundarias

Se rastrea por tierra y aire.
Se revisan caminos, vaguadas, zonas de caída posible.
Se utilizan perros y cámaras térmicas.

Pero la montaña es grande. Y silenciosa.

Y cada jornada termina con la misma decisión:
aprovechar hasta el último minuto de luz… y volver a empezar al amanecer.

Asturias mira a la montaña con un nudo en el estómago

Este no es solo un suceso.

Es una historia que toca algo más profundo.

Porque Ramón representa a ese perfil tan asturiano:

  • trabajador
  • discreto
  • experto
  • ligado a la montaña
  • comprometido con ayudar a los demás

Y ahora es él quien está ahí fuera.

Solo.

En un terreno que conoce… pero que no perdona.

La pregunta que nadie quiere formular… y que todos tienen en la cabeza

¿Qué ha pasado exactamente ahí arriba?

Esa es la pregunta que sobrevuela todo el operativo.

Y que, de momento, no tiene respuesta.

Mientras tanto:

  • helicópteros siguen sobrevolando
  • equipos siguen rastreando
  • compañeros siguen buscando
  • y Asturias sigue esperando

Esperando ese momento en el que alguien diga por radio lo que todos necesitan escuchar.

Porque en la montaña, a veces, todo cambia en segundos.

Y todavía hay una posibilidad.

Y mientras haya una posibilidad, nadie se va a rendir.

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