El gasóleo repunta con fuerza tras la tregua de Semana Santa, Asturias vuelve a mirar de cerca la barrera psicológica de los dos euros por litro y Bruselas ya avisa de que la rebaja fiscal española choca con la normativa europea.
En Asturias, el alivio ha durado un suspiro. El diésel ha vuelto a coger carrerilla y el litro se acerca otra vez peligrosamente a los dos euros, de modo que el descuento fiscal aprobado por el Gobierno para amortiguar el golpe energético de la guerra en Irán empieza a parecerse más a un parche que a un escudo. La fotografía es incómoda: el recorte temporal del IVA al 10% y la rebaja del impuesto especial lograron frenar el golpe durante unos días, pero el mercado ha vuelto a empujar al alza y ya se está comiendo buena parte de ese respiro.
Con los datos que manejan los medios asturianos a partir del Ministerio para la Transición Ecológica, el gasóleo A en Asturias vuelve a moverse en niveles muy próximos a los dos euros por litro, es decir, casi en la misma zona que tenía antes de la rebaja fiscal. Traducido al idioma que entiende cualquier conductor: llenar un depósito medio de 55 litros sale ya por unos 107,20 euros, frente a los 98,78 euros que costaba cuando el efecto de la bajada impositiva se notó de verdad; son 8,41 euros más por repostaje.
Una ayuda que iba a enfriar el golpe… y que el mercado ha recalentado enseguida
El plan del Gobierno entró en vigor tras el decreto anticrisis del 20 de marzo. Rebajó el IVA de los carburantes del 21% al 10% hasta el 30 de junio y redujo además el impuesto especial sobre hidrocarburos hasta el mínimo permitido por la UE. Hacienda defendió entonces que el objetivo era amortiguar el impacto de la crisis energética ligada a Oriente Próximo, y el propio Ejecutivo calculó un ahorro de hasta 30 céntimos por litro en el mejor escenario.
El problema es que el mercado no ha querido colaborar. El gasóleo en España subió un 2% en la última semana medida, después de haber bajado con fuerza al aplicarse la rebaja fiscal. Ese rebote ya absorbía parte del descuento hace apenas un día, y el diésel se quedaba solo unos céntimos por debajo del nivel previo a la medida. En otras palabras: la rebaja existe, sí, pero el encarecimiento internacional del crudo la está dejando en los huesos.
Asturias siente el golpe donde más duele: en el bolsillo diario
Aquí es donde la noticia deja de ser una curva en una gráfica y se convierte en una faena doméstica. Asturias es una comunidad donde el coche sigue siendo decisivo para miles de desplazamientos diarios, especialmente fuera de las grandes ciudades. Cuando el litro del diésel se acerca a los dos euros, no solo sufren los particulares: también se tensionan el transporte, la logística, el campo y cualquier actividad que viva de moverse. El propio Principado ya había reclamado en marzo una bonificación efectiva al combustible profesional, ayudas directas por vehículo y más transparencia en la formación de los precios.
La tendencia, además, no es un capricho local. OCU advirtió ya el 19 de marzo de que el diésel superaba los 2 euros por litro en el 6% de los surtidores de las grandes cadenas, y alertó de que bastaba otra subida de tres céntimos para disparar ese porcentaje hasta el 28%. Es decir: la barrera psicológica de los dos euros no era una exageración periodística, sino una posibilidad perfectamente real en una parte creciente del mercado.
Detrás del surtidor hay una guerra, un estrecho bloqueado y un mercado con los nervios de punta
La gasolina y el diésel no suben porque sí. El motor de fondo está fuera de Asturias y fuera de España. La guerra en Irán ha tensionado de nuevo el mercado energético mundial, y el gran símbolo de esa tensión sigue siendo el estrecho de Ormuz. Reuters informó este jueves de que Barclays ve riesgos claros al alza en el Brent si no se normalizan rápido los flujos por ese paso clave; el banco mantiene una previsión base de 85 dólares, pero advierte de que el precio puede seguir por encima si persiste la disrupción.
El mismo día, Reuters publicó que los precios del petróleo se habían disparado por encima de los 100 dólares tras la crisis energética desatada por el conflicto, mientras que otros análisis de mercado hablan de crudo físico llegando a rozar niveles récord próximos a 150 dólares por barril en plena crisis de suministro. No es humo: cuando el petróleo se encarece así y Europa compite por el diésel disponible, el surtidor acaba enterándose, y rápido.
El diésel está pagando también un problema europeo: menos oferta y mucha dependencia
Hay otra clave menos vistosa, pero muy seria. El gasóleo no se comporta exactamente igual que la gasolina. El mercado europeo es especialmente sensible al diésel por su estructura de consumo y por su dependencia exterior. Medios especializados y generalistas vienen señalando que, además del conflicto, pesan la menor oferta internacional y el freno de exportaciones desde algunos mercados asiáticos, lo que aprieta todavía más el precio del gasóleo frente a otros combustibles.
Por eso el diésel está siendo el combustible que más rápidamente ha neutralizado la rebaja fiscal. La gasolina ha aguantado algo mejor; el gasóleo, no. Y esa diferencia importa mucho en una comunidad como Asturias, donde una parte muy amplia del parque móvil y del tejido productivo sigue siendo diésel.
Bruselas deja otro frente abierto: la rebaja del IVA no le convence nada
Como si no bastara con el sablazo del surtidor, el Gobierno tiene otro incendio político encima. La Comisión Europea ha advertido a España de que bajar el IVA de los carburantes al 10% vulnera la directiva comunitaria, porque los combustibles no pueden acogerse a tipos reducidos en ese marco. Bruselas no ha abierto por ahora un procedimiento de infracción, pero la carta es un tirón de orejas bastante nítido.
El Ejecutivo español responde que la medida es temporal y excepcional, y mantiene el pulso. Carlos Cuerpo aseguró esta misma semana que espera que no sea necesario prorrogar las medidas por la crisis de Oriente Medio, aunque dejó claro que España tiene margen fiscal para actuar si hiciera falta. Mientras tanto, la propia Comisión dice que no se opone a rebajas temporales de impuestos sobre el combustible, pero pide vigilar de cerca el coste presupuestario y evitar que las ayudas se conviertan en un boquete indiscriminado para las cuentas públicas.
La gran pregunta ya no es si la rebaja ayudó, sino cuánto le queda de vida útil
A estas alturas, el debate ha cambiado. La cuestión ya no es si la rebaja fiscal sirvió al principio; sirvió. El problema es que el mercado va mucho más deprisa que el BOE. El Estado baja impuestos, el petróleo sube, el diésel vuelve a apretar, y el conductor se queda con la sensación de que la ayuda pasó por su cuenta corriente como una ráfaga.
Además, el coste público no es menor. Solo la rebaja del IVA de los carburantes tiene un impacto estimado de 507 millones de euros, dentro de un paquete más amplio que supera los 5.000 millones. Y si el mercado sigue tenso, la presión política para mantener o rehacer las ayudas volverá a crecer, aunque Bruselas ya esté torciendo el gesto.
Lo que ve ahora el conductor asturiano
Lo que ve el conductor asturiano no es geopolítica, ni fiscalidad comparada, ni normativa europea. Ve otra cosa más simple y más cruel: el panel luminoso de la gasolinera subiendo otra vez. Ve que el respiro de finales de marzo se ha ido evaporando. Ve que llenar el depósito vuelve a costar más de cien euros con una facilidad obscena. Y ve, sobre todo, que el famoso alivio fiscal corre el riesgo de quedarse en un recuerdo brevísimo.
Porque esa es la verdad de fondo: en Asturias el diésel vuelve a oler a castigo. Y mientras Oriente Medio siga en tensión, Ormuz siga condicionando el mercado y Europa siga peleando por el suministro, nadie debería esperar milagros en el surtidor. Lo que toca, de momento, es asumir que la rebaja fiscal ha evitado un golpe todavía mayor, sí, pero ya no basta para frenar la escalada.
