De la fabada al cachopo, pasando por frixuelos y tortos: un viaje gastronómico que abre una sospecha deliciosa… ¿y si Asturias lleva siglos cocinándose en otros países?
Empieza con una cucharada… y acaba en medio mundo
Todo empieza en Asturias.
En una fabada humeante. En un cachopo que se desborda al cortarlo. En un frixuelo espolvoreado con azúcar. En un torto caliente con chorizo.
Y de repente ocurre algo inquietante.
Viajas. Comes fuera. Y ahí está otra vez.
Una cuchara en Francia.
Una olla en Portugal.
Un plato en Brasil.
Un empanado en Argentina.
Y la sensación es la misma: esto se parece demasiado a lo nuestro.
¿Casualidad? ¿Evolución paralela? ¿Intercambio cultural? ¿O algo más?
La respuesta no es simple. Pero el viaje merece la pena.
La fabada y sus dobles internacionales: Francia, Portugal y Brasil en el punto de mira
Si hay un plato que dispara todas las sospechas, ese es la fabada.
Turismo de Asturias lo deja claro: es el gran icono gastronómico del Principado. Pero su origen documental es difuso, lo que ya abre la puerta a interpretaciones, leyendas y comparaciones inevitables.
Y ahí aparece el primero de los sospechosos: el cassoulet francés.
Un guiso tradicional del suroeste de Francia, con alubias blancas, carnes grasas y cocción lenta. La descripción es casi calcada. La estructura también. La intención, idéntica: alimentar, calentar y dejar huella.
No es fabada. Pero tampoco es otra cosa completamente distinta.
El segundo gran espejo está aún más cerca: la feijoada portuguesa.
Aquí la similitud es todavía más directa. Judías, cerdo, embutidos, contundencia. En algunas versiones del norte de Portugal, la diferencia con una fabada es casi más lingüística que culinaria.
Y luego está Brasil, donde la feijoada se convierte en plato nacional. Cambia la alubia, cambia el contexto, cambia el país. Pero el ADN sigue ahí: legumbre, carne, fuego lento y tradición popular.
Aquí la conclusión es incómoda y fascinante a la vez: la fabada no está sola en el mundo.
Forma parte de una gran familia atlántica de guisos de alubia que comparten estructura, historia y lógica campesina.
Pero cuidado: la cocina no funciona como un plagio
Aquí es donde el reportaje se pone serio.
Porque la tentación es decir: nos han copiado.
Y no es tan fácil.
La propia historia de la fabada tiene un giro contundente: las fabes vienen de América.
Es decir, uno de los pilares del plato asturiano es un ingrediente importado tras el descubrimiento del Nuevo Mundo.
Y eso cambia todo.
Porque ya no hablamos de una receta pura que alguien imitó, sino de un sistema culinario que se ha ido construyendo con productos traídos de fuera, adaptaciones locales y siglos de intercambio.
La cocina asturiana no es aislada. Es profundamente atlántica.
Frixuelos frente a crepes: el parecido que incomoda a media Europa
Aquí la sospecha es todavía más evidente.
Los frixuelos asturianos son definidos oficialmente como una especie de crepe. Y no es una exageración.
Misma base.
Misma técnica.
Misma textura.
Mismo gesto de doblar, rellenar o espolvorear azúcar.
En Francia son crepes.
En Asturias son frixuelos.
En Galicia son filloas.
¿Quién copió a quién?
La respuesta es más elegante: nadie.
Estamos ante una de las preparaciones más antiguas de Europa: masa líquida, sartén caliente y necesidad de aprovechar ingredientes básicos.
Pero eso no evita la sensación cuando los ves juntos en una mesa: parecen el mismo plato con distinto pasaporte.
El cachopo y su liga internacional: Suiza, Francia y América Latina
Aquí entramos en terreno delicado.
El cachopo es una de las creaciones más reconocibles de la gastronomía asturiana moderna. Carne, jamón, queso, empanado. Un golpe directo al apetito.
Y, sin embargo, cuando miras fuera aparecen referencias muy claras.
El cordon bleu, asociado a Suiza y Francia.
La milanesa rellena en Argentina y Uruguay.
La lógica es idéntica: filetes de carne, relleno de jamón y queso, empanado y cocinado contundente.
No son cachopos. Pero tampoco están tan lejos.
Aquí entra en juego un factor clave: la emigración asturiana.
Durante décadas, miles de asturianos cruzaron el Atlántico hacia América. Y no viajaban solos. Viajaban con sus costumbres, su forma de cocinar y su manera de entender la comida.
No hay pruebas directas de que el cachopo viajara como tal.
Pero el contexto es suficiente para entender que la cocina asturiana pudo dejar huella.
Tortos, maíz y el giro inesperado del reportaje
Aquí la historia da la vuelta.
Porque hay platos asturianos que se parecen muchísimo a recetas americanas, pero no porque América copiara a Asturias.
Sino porque Asturias adoptó América.
El maíz llegó en el siglo XVII y transformó la alimentación en el norte de España. De ahí nacen los tortos, la borona y muchas otras elaboraciones.
Y entonces ocurre algo curioso.
Ves un torto asturiano.
Ves una arepa.
Ves un pan de maíz americano.
Y el parecido es evidente.
Pero aquí la dirección del viaje está clara: el ingrediente vino de América, pero Asturias lo convirtió en identidad propia.
El mapa real: una cocina que ha viajado más de lo que parece
Si juntas todas las piezas, aparece un dibujo mucho más interesante que el de las supuestas copias.
Asturias recibe productos de América.
Asturias desarrolla una cocina potente y reconocible.
Asturias exporta población durante décadas.
Asturias influye, mezcla y se mezcla.
El resultado es una red invisible de recetas conectadas.
No hay un punto único de origen. Hay circulación.
Entonces, ¿nos han copiado?
La respuesta corta es no.
La respuesta buena es que compartimos ADN culinario con medio mundo.
Porque la cocina tradicional funciona así:
se adapta
se transforma
viaja
se mezcla
Y, a veces, reaparece en otro país con otro nombre, pero con el mismo alma.
La conclusión que engancha
La fabada no es solo asturiana.
Pero nadie la hace como en Asturias.
El cachopo no es único en el mundo.
Pero nadie lo entiende igual.
Los frixuelos tienen hermanos por toda Europa.
Pero aquí tienen otra historia.
Eso es lo que hace grande a una cocina: no ser única, sino ser inconfundible.
Y ahora la pregunta final
La próxima vez que viajes y te planten delante un plato que te suene demasiado familiar…
piensa una cosa:
igual no es que se parezca a Asturias
igual es que Asturias lleva siglos allí, sin que lo supieras
