Un año después de la explosión de Cerredo: las familias dan el paso y señalan al Principado

Un año después de la explosión de Cerredo: las familias dan el paso y señalan al Principado

La batalla judicial se activa mientras persisten las dudas sobre qué falló en la inspección de la mina donde murieron cinco trabajadores

Ha pasado un año. Doce meses desde aquella explosión que sacudió el corazón minero del suroccidente asturiano. Doce meses de duelo, de preguntas sin respuesta y de una sensación que sigue intacta entre los familiares: esto se podía haber evitado.

Y ahora, ese sentimiento se convierte en acción.

Las familias de cuatro de los cinco fallecidos en la explosión de grisú en la mina de Cerredo, en Degaña, han activado formalmente la reclamación de responsabilidad patrimonial contra el Principado de Asturias, en lo que supone el primer gran paso hacia una batalla judicial que puede marcar un antes y un después en la gestión de la seguridad minera en la región.

El movimiento clave: del duelo a los tribunales

La reclamación, presentada ante el Servicio de Minas del Principado, abre la puerta a una futura demanda en la vía contencioso-administrativa. El objetivo es claro: determinar si la Administración falló en su labor de control e inspección.

El núcleo de la acusación es demoledor:

  • Se investiga si existió un funcionamiento anormal del servicio público de inspección
  • Se apunta a que durante semanas se habría desarrollado actividad ilegal en la explotación
  • Y, lo más grave: sin que fuera detectada por los controles autonómicos

En otras palabras: no solo se busca responsabilidad empresarial, sino también posible responsabilidad institucional.

La estrategia legal es contundente. Las familias quieren asegurarse de que, si los responsables directos no pueden afrontar las indemnizaciones, sea la Administración quien responda.

Los nombres bajo el foco judicial

La investigación mantiene en el punto de mira a varios responsables:

  • El empresario minero Jesús Manuel Rodríguez Morán
  • Su entorno familiar directo, también vinculado a la explotación
  • El ingeniero responsable de la mina

Todos ellos están siendo investigados en el procedimiento penal abierto tras el accidente.

Pero el foco ya no está solo en ellos.

El movimiento de las familias desplaza parte del eje hacia la Administración: ¿quién tenía que vigilar y no vio lo que estaba ocurriendo?

Lo que ocurrió en Cerredo: una explosión que no fue solo un accidente

El 31 de marzo de 2025, la mina de Cerredo se convirtió en escenario de una tragedia que reabrió viejas heridas en Asturias.

Una explosión de grisú —gas altamente inflamable presente en explotaciones de carbón— acabó con la vida de cinco trabajadores y dejó varios heridos.

Pero lo que inicialmente parecía un accidente laboral pronto empezó a adquirir otra dimensión.

Las investigaciones posteriores, incluidas las de la Guardia Civil, empezaron a dibujar un escenario inquietante:

  • Extracción presuntamente ilegal de carbón
  • Actividad fuera de los permisos autorizados
  • Posibles incumplimientos graves en materia de seguridad
  • Deficiencias en ventilación y control de gases

El grisú no es un enemigo desconocido en la minería. Es, de hecho, uno de los riesgos más estudiados. Y precisamente por eso, su explosión plantea una pregunta incómoda:
¿cómo pudo ocurrir en una explotación supuestamente controlada?

Un año de duelo… y de silencio administrativo

Este aniversario llega con un elemento que indigna especialmente a las familias:
aún no hay informe público definitivo sobre lo ocurrido desde el punto de vista administrativo.

El portavoz del Gobierno asturiano, Guillermo Peláez, ha reiterado el compromiso de esclarecer los hechos, pero ha reconocido que:

  • No hay fecha para la publicación del informe de la Inspección de Servicios
  • Persisten dudas sobre el papel de la Dirección General de Minas
  • La investigación interna sigue sin conclusiones públicas

Ese vacío es, precisamente, el combustible de la acción judicial.

Porque sin respuestas oficiales, la sensación que queda es la de una tragedia que no solo se investiga en los juzgados, sino también en la opinión pública.

Un sector bajo presión: seguridad, inspección y realidad minera

El caso Cerredo no es un hecho aislado en términos estructurales. Llega en un momento en el que la minería en Asturias vive una transformación compleja:

  • Reducción progresiva de actividad tradicional
  • Aparición de explotaciones en escenarios económicos límite
  • Mayor presión sobre costes y rentabilidad
  • Y, en algunos casos, tentaciones de operar al margen de la normativa

En este contexto, el papel de la inspección pública es clave. Y ahí está la gran cuestión de fondo:

¿Están los mecanismos de control adaptados a la realidad actual del sector?
¿Se están realizando inspecciones suficientes y eficaces?
O estamos ante un sistema que reacciona cuando ya es tarde?

Más allá de la justicia: el miedo a que vuelva a ocurrir

Para las familias, la reclamación no es solo una cuestión económica.

Es, sobre todo, una forma de evitar que esto se repita.

Porque lo que ocurrió en Cerredo no fue solo una explosión. Fue el colapso de una cadena de seguridad que debía haber protegido a quienes bajaban cada día a trabajar.

Y esa es la parte más dura de asumir.

Lo que viene ahora

El proceso entra ahora en una fase decisiva:

  1. La Administración deberá responder a la reclamación patrimonial
  2. Si no hay acuerdo, se abrirá la vía judicial contencioso-administrativa
  3. En paralelo, seguirá el procedimiento penal contra los responsables directos

Y todo ello con un elemento clave en juego:
determinar hasta dónde llega la responsabilidad del Principado

Una herida que sigue abierta

Cerredo no es solo un caso judicial. Es una herida.

Una de esas que Asturias conoce bien, porque están grabadas en su historia minera. Pero también una de esas que, en pleno 2026, cuesta aceptar.

Porque la pregunta que sobrevuela todo un año después sigue siendo la misma:

¿fue un accidente… o un fallo que alguien debía haber evitado?

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