De la bronca del Congreso al atril de Infiesto en 145 minutos: Sánchez aterriza, habla y despega

De la bronca del Congreso al atril de Infiesto en 145 minutos: Sánchez aterriza, habla y despega

No fue una visita. Fue una maniobra. Un movimiento rápido, cronometrado y sin margen para el error. Pedro Sánchez salió del Congreso con la tensión aún en el aire, subió al Falcon, cruzó España y, en apenas tres horas escasas, pisó Asturias, habló 20 minutos, estrechó manos y volvió a despegar. Política a velocidad de crucero.

9.30 h: se apagan los micrófonos del Congreso

La mañana arrancó con pólvora. En la sesión de control, Sánchez se encaró con Alberto Núñez Feijóo y con los portavoces de varios grupos. El debate giró en torno a la desclasificación de los papeles del 23-F. A las 9.30, el presidente abandonó su escaño. No hubo pausa. Media hora después, ya estaba rumbo a Torrejón.

10.08 h: el Falcon despega

Bajo el indicativo Lince 02, el Falcon 900 despegó con destino al Aeropuerto de Asturias. A bordo, Sánchez y la ministra Sara Aagesen. 41 minutos de vuelo para cambiar de escenario: del fragor parlamentario al discurso sobre la España que se vacía.

10.50 h: Asturias, por la vía rápida

Aterrizaje. Coche oficial. 80 kilómetros por carretera hasta Infiesto. A las 11.54, la comitiva llegaba a La Benéfica de Piloña, el histórico teatro y centro social que simboliza la resistencia cultural del mundo rural. En la puerta esperaba el presidente del Principado, Adrián Barbón.

12.00 h: Barbón abre fuego

El presidente asturiano tomó la palabra y fue directo al grano: infraestructuras. Sin carreteras, sin trenes y sin conexiones fiables, el discurso contra la despoblación se queda cojo. El mensaje no era incómodo; era necesario.

12.42 h: Sánchez, 20 minutos exactos

Turno del presidente del Gobierno. Veinte minutos de reloj para presentar la II Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico. Sin rodeos:
— un fondo de hasta 1.000 millones para el sector primario,
80 millones para empleo y emprendimiento local,
20 millones para transporte sostenible en zonas rurales,
— conectividad, servicios y una idea que repitió varias veces: nadie debería elegir entre sus raíces y su futuro.

Habló también de inmigración ordenada, de retorno de población joven y de la urgencia de actuar ya, no en la próxima legislatura. Mensaje institucional, tono calmado, agenda apretada.

13.15 h: salida inmediata

No hubo sobremesa política. Ni corrillos largos. Sánchez volvió al coche oficial y puso rumbo al aeropuerto. El Falcon lo esperaba con motores listos.

14.11 h: despegue

Asturias quedaba atrás. A las 15.02, el avión tomaba tierra en Torrejón de Ardoz. Algo más de tres horas en suelo asturiano, tras una mañana intensa en Madrid y con tiempo suficiente —si así lo deseaba— para comer en La Moncloa.

El fondo del viaje

Más de 1.000 kilómetros en avión y 160 por carretera para un acto breve, pero cargado de simbolismo. El contraste es evidente: la urgencia del mensaje frente a la fugacidad de la visita. El Gobierno quiere situar la despoblación en el centro del tablero, pero el ritmo del poder no siempre encaja con los tiempos lentos del territorio.

Lectura política

El viaje relámpago deja una foto clara: Sánchez no vino a escuchar problemas nuevos; vino a fijar posición. Asturias fue escenario, no improvisación. En un día, el presidente pasó del choque parlamentario al discurso rural sin perder el paso. Política exprés para un problema que lleva décadas cociéndose a fuego lento.

Y así, casi sin que diera tiempo a parpadear, el Falcon volvió a cerrar sus puertas. Asturias se quedó con los anuncios. Y con la pregunta inevitable: ¿llegará la velocidad del Gobierno a tiempo al mundo rural?

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