Turismo necrológico


Parafraseando a mi admirado amigo Leopoldo Tolivar (Ayuntamientos, Registro Civil y Municipalismo Funerario, 2007), la historia de los enterramientos es la historia de la lucha secular (nunca mejor dicho) entre el poder civil y la Iglesia, para disponer del cadáver.
Esta lucha se dirime por ambos bandos utilizando las armas que a cada uno corresponden. El poder civil, el arsenal jurídico, centrando sus disparos en la higiene, la sanidad, la igualdad ante la ley; el poder eclesiástico, invocando sus privilegios y la teoría de la accesoriedad, merced a la cual, quien, en virtud de la
sucesión apostólica, disponía sobre el alma, podía hacer lo propio para determinar y, en su caso acoger, el destino de un cuerpo que había sido templo vivo del Espíritu Santo y que debía aguardar, en camposanto o tierra sagrada, la resurrección del último día.

 

Lo cierto es que acontecimientos como la epidemia de cólera de Pasajes
(1781) producida por las miasmas de los cadáveres, fueron determinantes para
inclinar la balanza a favor del poder civil y desplazar los enterramientos fuera de las
iglesias.
La construcción de cementerios en las afueras de los pueblos y ciudades
fomentó el desarrollo de una serie de disciplinas que, circunscritas hasta entonces al
reducido ámbito de las iglesias, e incluso inexistentes, llegaron a alcanzar un gran
apogeo: urbanismo, diseño y decoración, arte, vegetación, epigrafía funerarias.
Curiosamente, el siempre sorprendente devenir histórico, está
retornando de nuevo a los orígenes y propiciando la recuperación de la tradición de
los enterramientos en las iglesias, esta vez, no al modo tradicional -cuerpos
sepultados en el suelo-, sino mediante el depósito de las cenizas en los ya muy
extendidos columbarios.

 

Cada día aumenta el número de iglesias que construyen nichos para el
enterramiento de cenizas. Motivos espirituales, combinados con razones económicas,
están en el origen de esta nueva orientación . Algún párroco añade razones de fe y
sensibilidad. Las familias quieren tener cerca los restos de sus familiares y qué mejor
lugar que la iglesia. Además, los nichos son perpetuos, a diferencia de los de los
cementerios municipales que hay que renovarlos cada cierto tiempo y con un
número limitado de años.
Cercanía, perpetuidad, confort en la visita que deja de depender de las
circunstancias meteorológicas, son motivos todos ellos que auguran un auge
creciente de este tipo de enterramientos.

 

Apuntábamos líneas atrás que los enterramientos en cementerios
alejados de los núcleos rurales propició la aparición de disciplinas propias de los
camposantos, y que todavía hoy podemos contemplar para disfrute de la vista y, por
qué no, del espíritu: la vegetación funeraria, la decoración mortuoria, el arte que
emerge de los mausoleos, la propia localización y traza de los cementerios y,
particularmente, la denominada epigrafía funeraria.
¿Qué es la epigrafía funeraria? La epigrafía en general se ocupa de los
textos escritos en soportes duros como la piedra y el mármol, característicos de los
cementerios, y se diferencia de disciplinas próximas, como la paleografía en cuanto
que ésta última tiene también por objeto el estudio de la escritura pero sobre los
denominados materiales blandos como el pergamino y el papel.

 

La epigrafía funeraria está constituida por los epitafios que recuerdan la
muerte y señalan el lugar de entierro de alguien. Ha sufrido una profunda
decadencia. De los epígrafes que a mediados del S. XX y anteriores nos trasmitían la
biografía abreviada del difundo o la expresión del dolor de sus feudos, se ha pasado
a una epigrafía inexpresiva, que nada nos indica sobre quién yace tras ella. Un simple
rótulo “Familia García”, constituye el único referente de esta disciplina.
El fenómeno se va a acentuar aún más con la proliferación de los
columbarios, de tal manera que de las tumbas epígrafas se va a pasar a las tumbas
anepígrafas, que no portan ningún tipo de leyenda o inscripción.
El mejor método para profundizar en la epigrafía funeraria es practicar
el turismo necrológico.

 

Es tal el auge que ha adquirido este fenómeno, que se ha creado un
organismo ad hoc para estudiarlo: el Instituto de Estudios sobre Turismo Necrológico
de la Universidad Central Lancashire (Inglaterra).
Según el estudio publicado por este Instituto, el turismo necrológico
permite a la gente pensar y considerar la muerte desde una distancia cómoda. Los
turistas experimentan una sensación de alivio al sentir que pueden dar un paso atrás
y regresar a la seguridad de sus propias vidas.
Un paseo por “El Jardín Melancólico” como lo ha llamado Francisco
Quirós Linares, es muy ilustrativo y permite penetrar en la esencia del ser humano y
su posición ante la muerte.

 

El cementerio de San Salvador de Oviedo es un buen lugar para
iniciarse en esta disciplina y contiene una muestra bastante rica de epigrafía
mortuoria. Veamos:
Hay epitafios que desbordan optimismo y bienestar:
“La muerte es el adorno que pongo al regalo de mi vida”.
“Yace en eterno descanso en este lúgubre y yermo lugar no sólo el
cuerpo de un ser, sino de otros la felicidad”.
“No lloréis porque para vosotros no he muerto: os amaré en el cielo
como os amé en la tierra”.
También de contenido poético:
“Debéis guardar silencio
se ha dormido tan dulcemente
el tiempo entre mis brazos”
“Guardad silencio y esperad
que llegue un nuevo día
con el alma en vilo”
“Un cielo encantado con hilos de plata
Le pintó las alas
Eternizó su sonrisa
Le envolvió de gracia”
“Una lágrima se evapora
Una oración la recoge Dios”
Los más hacen referencia a la profesión o condición del difunto:
“Delineante de la construcción”
“Defensor de Oviedo”
“Nadie en el tercio sabía quién era aquel legionario”
Algunos aluden a la causa de la muerte:
“Muerto en accidente de tráfico”
“Muerto en accidente de trabajo”.
Algunos combinan ambas causas:
“Alférez de complemento muerto en acto de servicio”
“Paracaidista muerto en acto de servicio”
Los hay que tienen como destinatarias a personas concretas:
“Papá no te vayas,
no te vayas por favor,
nosotros te queremos,
necesitamos de tu amor”.
“Josi, amor mío,
Dios nos unirá en el cielo, te amo.
Jose, esposo mío,
te llevo en el alma”.
“A la mujer más valiente del mundo,
a la que luchó tanto en la vida.
En la soledad de tu ausencia
queremos agradecerte lo que has hecho por nosotros”.
Los dirigidos a los parvulitos son estremecedores. A título de ejemplo:
“Tú eres un ángel
y los ángeles no se van
quedan para siempre”
Algunos contienen una llamada a la reflexión:
“Detente, este sepulcro que indiferente miras
a despreciar te enseña lo que en el mundo admiras”
“Como te ves, yo me ví
y como me ves, te verás”
Otros, por último, constituyen un auténtico canto de fe y esperanza:
“Señor voy hacia ti
voy mutilado, incompleto
roto en mi uniforme geometría
perdóname esta falta de respeto,
acógeme en el reino de tu vida
que es el único reino verdadero,
soy aquél nombrado en el bautismo”
“Yo sé que mi redentor vive
y al fin se levantará sobre el polvo
y después de mi desecha,
esta mi piel en mi carne,
he de ver a Dios”.
“Sécase la hierba,
marchítase la flor,
mas la palabra del Dios nuestro
permanecerá para siempre”.
En fin, la epigrafía mortuoria constituye todo un ejemplo del sentimiento del ser humano ante un acontecimiento que no por temido deja de ser natural: la muerte."



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