Don Juan Carlos puso el listón muy alto

Comienzo diciéndoles que a éste pueblo mío y nuestro hay que echarle de comer aparte. Impulsivo, inconstante y fácil de jalear, sobre todo en tiempos difíciles, es el pueblo que primero expulsó a un rey y luego lo devolvió a palacio tirando ese mismo pueblo del carro y al grito de ¡vivan las caenas¡ y es el pueblo que ahora, como le pica el trasero por la crisis, coge una ametralladora y dispara contra todo el monte a ver a lo que pega. Es el pueblo que abrazó la democracia y ahora hace de coritonto del involucionismo más tenebroso y de la campaña de los especuladores para privatizar la enseñanza y la educación, que luego será el probe el que se joda una vez más. Pero...¡ay! Es mi pueblo.

 

La escandalera nacional que se armó en torno al viaje de Don Juan Carlos a Bosuana me pareció, desde un principio, a todas luces exagerada, demagógica, distorsionante de la realidad y peligrosa para los mismos que la jalean desde tertulias de ignorantes, y por tanto osados, y amigos del cuanto peor mejor...para sus malvados fines.

Cae de cajón que si uno tiene un Jefe de Estado, con un estatus añadido de Jefe de una de las Casas Reales con mayor tradición del mundo, y aspira a beneficiarse de sus sólidas relaciones con los protagonistas del acontecer mundial, no puede esperar que esas relaciones se mantengan, forjen o acrecenten, tomando cafelitos en Lavapiés y comiendo en la fonda del pioyu. En el mundo de quienes manejan los hilos, los encuentros y las negociaciones se hacen en esos ámbitos que al ciudadano de a pie le parecen lejanos --aunque no tanto, si piensa usted que yo mismo tengo en Asturias varios amigos que se van cada año a cazar búfalos, leones, elefantes, etc, a África y otros destinos, como otros se van a pescar salmones por el mundo--, tales que cacerías, bodas de alto postín, o encuentros en un castillo de los Alpes. Es, pues, algo normal en esa esfera de relaciones y pretender lo contrario es de una inocencia peligrosa e irreal.

 

Por otra parte, pretender que se publique todos los días un parte con cada uno de los pasos que da el Jefe del Estado o el Presidente del Gobierno, amén de los problemas implícitos de seguridad, conlleva que la contraparte publicitada contra su voluntad decline participar en la reunión de turno. Y más, también el Rey tiene derecho a su privacidad. Como todo español. Como toda persona.

 

En fin, toda la escandalera me parecía y me parece una astracanada, aunque entiendo que el personal esté amargado, desorientado, asustado incluso, y tenga ganas de tirar piedras a todo aquél que parezca tener la tripa llena.

 

Dicho eso, Don Juan Carlos, que no tenía porqué hacerlo, con su gesto de profunda humanidad y enorme grandeza, ha puesto el listón muy alto en este país en que la mayoría de los que se lo llevan crudo, o nos han metido en este lío enorme, o son unos golfos, o unos inmorales absolutos, no es que ya no dimitan, es que ni piden perdón ni se sonrojan. A partir de ahora van a tener que hacerlo, porque el pueblo, mi pueblo, que no es tonto, al contrario, ha tomado nota.

 

Así que ahí va y que vos preste, hombres y mujeres de la res pública. Ahora obrad en consecuencia.

 



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