Prohibir, blindar fronteras, tender alambradas nada soluciona

  Uno de los grandes horrores que aporta la globalización es la frialdad aterradora con que se contemplan ciertos sucesos, como el reciente asesinato de 71 refugiados, y no solo por la cifra, sino por la crueldad del método utilizado para acabar con sus vidas, encerrados y asfixiados en un camión frigorífico abandonado en una autopista austriaca.


 

     Resulta sobrecogedor que ante las migraciones masivas que se está produciendo actualmente, gran parte motivadas por la brutalidad de los totalitarismo, persecuciones y la búsqueda de un lugar donde poder vivir, lo primero que se le ocurre a los gobiernos de los países afectados es prohibir y blindar sus fronteras, levantar muros y tender alambradas, ignorando la realidad en lugar de abordar el problema y arbitrar soluciones.


 

     Lo que está sucediendo induce a pensar que el concepto de conciencia humana está experimentando una notoria transformación, llegando a confundir la figura del emigrante con alguien que roba, viola y delinque de cualquier forma. A este paso, el tráfico de personas pasará a ser más rentable  que el de narcóticos. Es curioso que cuando surge una crisis financiera como ha sucedido recientemente con la caída de las bolsas a nivel internacional, de inmediato se convocaron y organizaron cumbres de todo tipo para solucionar el tropiezo y que las economías retornaran a sus cauces, nada que ver con la atención que reciben los refugiados que logran llegar a España, Italia, Gracia, etc.


 

     De alguna manera, la indiferencia con que tratamos a estas muchedumbres que ya se contabilizan por cientos de miles, nos pasará merecida factura. Son seres sin tierra prometida, como les ocurre a infinidad de sirios y afganos, arrastrando una culpa que no merecen y desplazándose cuan almas perdidas sin destino concreto, cruzando países donde no se les permite establecerse por ser considerados sospechosos, desesperados y mendicantes advirtiéndoles que no hay sitio para ellos ni sus familias.


 

     En materia de fronteras es un despropósito el seguir improvisando unido a la gran disparidad de criterios a la hora de establecer una política común sobre un tema en el que tanto nos jugamos. Como resulta igualmente necesaria una respuesta contundente contra los contrabandistas de personas con el rigor que demanda tan terrible delito.


 

     La tragedia europea ya no se resuelve con mediocres caridades ni severas represiones como las que se están aplicando en algunos casos. Se impone la creación de eficaces programas de ayudas de todo tipo, perfectamente controlados y realizados en los países de origen como está proponiendo la canciller alemana Ángela Merkel. En paralelo debe alcanzarse un acuerdo sobre cuotas solidarias de refugiados a tenor de las respectivas situaciones económicas de los socios de la CEE. Seguir obviando el problema y demorando la aplicación de las medidas más necesarias, sin la menor duda y a corto plazo nos supondría un desastre muy superior al actual en todos los sentidos y especialmente afectando a los que viven en condiciones miserables y que demandan con toda la razón el ser auxiliados en sus necesidades más elementales.



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