Del Código Ético del Partido al Partido Ético

El Contexto

La coyuntura social y política actual nos presenta una sociedad en la que se hace patente la desafección por la política: la sociedad no se siente parte importante de la Democracia. Su participación se ha visto reducida a ejercer el derecho al voto en los procesos electorales y el peso de este Derecho en la Democracia queda reducido a la nada tras los continuos incumplimientos de los programas electorales de los partidos cuando ostentan el poder que les ha sido otorgado por el pueblo.

La desazón y el desapego de la Sociedad hacia la clase política aumentan día tras día. Gracias a los medios de comunicación, a las investigaciones policiales o a las luchas por cuotas de poder en las Administraciones Públicas, se descubren nuevos casos de corrupción o comportamientos que, quizá sin ser delito, demuestran que el acceso a los cargos públicos tiene lugar en muchas ocasiones persiguiendo el enriquecimiento personal y no la búsqueda del bien común.

 

La ética y el código ético

Si se pregunta a cualquier dirigente político si su partido es ético, por los numerosos casos de conductas inmorales o incluso delictivas que pueblan los medios de comunicación y se amontonan en los juzgados, éste exhibirá el Código Ético y aducirá que su partido es una víctima más de manzanas podridas aisladas que utilizan las estructuras de todos los partidos para enriquecerse. Su Código Ético es tan bueno que incluso les ha permitido echar al corrupto para poder decir, cuando este cruza la puerta del juzgado, que ya no tiene vinculación con el partido y éste por tanto es ajeno al problema a pesar de que el comportamiento ha tenido lugar en el seno del partido, y han sido incapaces de preverlo y evitarlo antes de que el daño a la Sociedad esté hecho.

Pero, ¿qué es la ética? La literatura nos proporciona diferentes definiciones que dan pie a una reflexión. Según Adela Cortina: “La ética es un tipo de saber de los que pretende orientar la acción humana en un sentido racional; es decir, pretende que obremos racionalmente”, “ no sólo en un momento puntual… sino para actuar racionalmente en el conjunto de la vida”. Según la RAE: Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana. Ética profesional.

Por tanto, si la ética debe regir el funcionamiento de los partidos, debe analizarse su comportamiento ético en todos los momentos de la “vida de los mismos”. Es, por tanto, la ética la que define el comportamiento del partido, en la que se fundamenta tanto su comportamiento interno como sus propuestas programáticas y su relación con los sectores afectados o influidos por sus decisiones.

Si analizamos el Código Ético de los diferentes partidos políticos podemos sacar varias conclusiones. La mayoría de ellos sólo plantean cuestiones que tienen que ver con la relación entre los firmantes del Código consigo mismos y con las Administraciones de las que aspiran a formar parte, como salarios, incompatibilidades o deberes derivados de la asunción de un cargo público.

En su egocentrismo, se olvidan de que los partidos políticos no son un ente aislado cuya vida se termina con el diario de sesiones. Los miembros de los partidos realizan actos diariamente que tienen una relación directa o indirecta con su entorno y con los diferentes grupos que conforman la Sociedad y que se ven afectados positiva o negativamente por dichos actos. En la medida en que tenemos en cuenta a quién afectan nuestras decisiones, será posible definir principios éticos que favorezcan que esas acciones tengan efectos positivos sobre la Sociedad.

código ético de partido

Imagen: cijfldm.blogspot.com

Hemos visto que las relaciones de los aceptantes del Código Ético con sus dirigentes, compañeros de partido y Administraciones Públicas están bastante definidos en los Códigos Éticos “tradicionales” pero no se puede decir lo mismo de las relaciones con otros actores de la Sociedad. Tomando en consideración las diferencias entre “legal” y “ético”, las posturas de algunos partidos resultan bastante hipócritas cuando defienden los valores presentes en sus programas electorales y en su labor política pero no en sus relaciones con la Sociedad.

La segunda conclusión que se desprende es el “neopaternalismo” y el “neodespotismo ilustrado” que no sólo se plasma en la construcción del Código Ético sino que rige el funcionamiento de la mayoría de partidos políticos. El despotismo en la redacción de los códigos se refleja en la exclusión de la Sociedad en el proceso de análisis, decisión y evaluación de los Principios Éticos que los partidos propugnan y que van a tener una influencia directa en esa Sociedad ignorada. Fruto de los tiempos que corren, algunos partidos consideran a la Sociedad un interlocutor válido para escoger sus candidatos y candidatas o incluso para elaborar el programa, cuyo cumplimiento legitima al partido ante la Sociedad, pero, ¿están dispuestos a escuchar y dar voz a la población en cuestiones éticas?

La última conclusión, dado el carrusel de casos de comportamientos inmorales e ilícitos que tienen lugar en el seno de muchos partidos políticos es la incapacidad de los aparatos de los partidos para evaluar y luchar contra dichos comportamientos en pasos previos a la judicialización de los mismos y tratar de reducir el impacto que esos comportamientos tienen en la Sociedad. Fallan los mecanismos de control y el Código Ético tal y como lo entienden los partidos políticos en la actualidad es insuficiente para servir como guía o filtro para evitar comportamientos inmorales.

 

La articulación de la ética en el partido: El partido ético

 

Como paso previo a al estudio de los valores que deben marcar el funcionamiento del partido, es necesario el análisis de los sectores de la sociedad afectados por las diferentes decisiones que se toman en él durante el día a día. Entre ellos se encuentran irremediablemente los órganos de dirección del partido, los trabajadores del mismo, las Administraciones Públicas, la Patronal, el resto de partidos políticos, los Sindicatos, los Medios de Comunicación, los Proveedores de los que se sirve el partido, las organizaciones sociales, la población en general y el Medio Ambiente.

Tras tomar conciencia de los grupos que se ven afectados por las decisiones, llega la hora de dar la palabra a los mismos. Es preciso organizar foros sectoriales para elaborar conjuntamente los principios éticos que determinarán que la relación mutua tendrá lugar en términos éticos. Al mismo tiempo al fomentar la participación de la ciudadanía y las organizaciones sociales se incrementan sus inversiones específicas en los partidos, se reduce la brecha existente entre ciudadanía y los partidos políticos y éstos aumentan su legitimidad al responder a las necesidades de comunicación de la población. Aumenta la eficiencia al crear un clima positivo entre los diferentes actores de la vida diaria del partido y desarrolla la ética en la cadena de vida del partido, al promover la firma de los principios éticos consensuados entre todos los sectores participantes a través de un Código Ético inclusivo.

De los encuentros realizados para elaborar el conjunto de Principios Éticos que conformarían el renovado Código Ético han de salir también Comisiones Éticas permanentes con varias funciones:


 

  • Elaborar protocolos éticos de actuación que ayuden a los interesados a aplicar los principios éticos de forma eficiente.
  • Resolver dilemas éticos, conflictos e incumplimientos que puedan surgir durante el desempeño de las labores del partido.
  • Proporcionar medios y herramientas a todos los actores participantes para analizar los comportamientos de los firmantes del Código Ético y responder ante posibles comportamientos faltos de ética.
  • Evaluar el cumplimiento de los principios que forman el Código Ético y proponer modificaciones de los protocolos que fueran necesarias para mejorar el desempeño de los mismos.

Por último, es necesario incidir en la formación en materia de Medio Ambiente, ética y derechos sociales en todos los ámbitos del partido y de la sociedad en su conjunto, ya que la aceptación e interiorización de unos valores y unos principios éticos compartidos promueve que los actos de las personas, y por ende, de los partidos, que formen, se dirijan en busca de la sostenibilidad, la justicia, la equidad y el bien común.



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