#Colombia: De la paz y otros temores

Mientras el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc, en La Habana Cuba, avanza a pasos de tortuga, con mini crisis y pulsos como los que ahora se presentan, por la terquedad de la guerrilla de no aceptar totalmente que tiene a cuestas un buen número de víctimas que han padecido sus acciones terroristas y criminales (el último capítulo, la carta en la que no aceptan a la congresista, Clara Rojas como víctima, cuando ella estuvo cautiva y humillada durante 6 largos años), lo que la gente ha comenzado a preguntarse es si esta paz que esperamos se avecine pronto, será sostenible y permanente, o no.

 

Porque, más allá de los dimes y diretes que se hagan y que de seguro se seguirán dando entre las partes, lo fundamental será preparar al país para lo que vendrá, luego de que las guerrillas entreguen las armas y comiencen a reintegrarse a la vida civil.

 

Lo digo porque la guerrilla exige cambios y mejoras en la sociedad actual. Exige más equidad, menos pobreza, más oportunidades para el agro, más educación, más salud para los colombianos. Puntos todos de honor para cualquier ciudadano que tenga tres dedos de frente y que espera que algún día Colombia sea un país realmente viable.

Sin embargo, si los ex subversivos comienzan a observar que las promesas de reinserción integral a la vida civil no se cristalizan, si ven que en el país no se comienzan a construir estos objetivos de una Colombia mejor, de seguro que se devolverán al monte, donde por lo menos sabían a qué se atenían, conocían su terreno.

 

Por eso es tan importante que el gobierno tenga la conciencia plena de que lo que se viene es mucho más grande y duro que la sola firma de un papel y las promesas de no repetición de esta guerra intestina.

 

Porque, de lo que se presente en el denominado post- conflicto, dependerá el que los ex combatientes no regresen a las armas, en medio de otro escenario fuerte de orden público, que de seguro protagonizarán las bandas criminales y los narcotraficantes, que buscarán pescar en río revuelto para su bienestar criminal.

 

Por tanto, el gobierno debe demostrar que va en serio en materia de construir un país en paz, demostrar que se tienen los millonarios recursos para la reinserción de los combatientes, pero también para llevar a cabo cambios sociales que beneficien a todos los colombianos y no a los poderosos de siempre.

De esto dependerá el éxito o el fracaso de la discutible y tímida gestión del presidente Juan Manuel Santos, a quien le ha quedado grande hasta una problemática de salud como la que se vive en el Carmen de Bolívar, por cuenta de la vacuna del papiloma humano.

 

El temor, pues, es si el gobierno, las guerrillas y los colombianos, estaremos dispuestos a aportarle realmente a un país en paz.



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