Primero personas, después economía

 

Se podría pensar que se ha desatado una intención generalizada de someter a España a un riguroso examen sobre su peripecia pasada, presente y futura, en todos los sectores del comportamiento, como país y aún de sus habitantes.

 

En pocas fechas han coincido en su divulgación sendos informes analíticos, del Fondo Monetario Internacional (FMI), de la OCDE y de varias instituciones como la ONG Save the Children y la misma OIT.

Todos ellos inciden en resaltar los aspectos más preocupantes de la situación social, llamando la atención sobre el aumento de los índices de pobreza, así como de los que hacen referencia a la desigualdad social. Concretamente la OCDE explica que la crisis ha traído un ensanchamiento de la diferencia de ingresos entre los sectores de la  población más desfavorecida y la más rica. Situación que en España se ha elevado por encima de la media europea.

 

El FMI, tratando este mismo tema, señala algo muy preocupante y que se puede constatar haciendo alguna comprobación en nuestro entorno: las pérdidas y mayores desigualdades de rentas, se están convirtiendo en desigualdad de oportunidades. A este respecto la OCDE, advierte de la necesidad de aumentar las partidas presupuestarias para educación y sanidad que pudieron verse afectadas por los recortes que impuso la crisis. El club de los países desarrollados dice textualmente, como recomendación general:”Las consecuencias de menor gasto público en educación tardarán en notarse, pero se sentirán en una menor inscripción estudiantil, rentas bajas y menor ascenso social para los hijos de los padres más pobres”. En términos similares se expresa respecto al capítulo de la sanidad.

 

Se está hablando de que España, como otros países que han sido mordidos por el desastre económico de estos años, está ya bajo la inexorable curva de Galsby que implica que :“quienes nacen ricos, mueren ricos y quienes nacen pobres, mueren pobres”. No hay movilidad social y la desigualdad se está contagiando a futuras generaciones.

Es evidente que los primeros frutos de la muy todavía débil recuperación, reiteradamente anunciada, deben dedicarse al incremento  del gasto social ,cifrado hoy en el 27,1%PIB, y que a pesar de haber aumentado respecto a ejercicios anteriores , no es suficiente para corregir el proceso de empobrecimiento social y facilitar la igualdad de oportunidades.

 

En este contexto de diagnóstico, es especialmente sensible la llamada que ha efectuado Save the children respecto a la situación de pobreza infantil, ya que según esta organización, cerca de tres millones de niños viven en riesgo de pobreza o de exclusión social .La escasez de inversión de fondos públicos en políticas de protección a la infancia causa un efecto demoledor y desgraciadamente España está a la cola de la UE, aunque recientemente dentro del Plan Nacional de Inclusión Social ,que asigna 136.000 millones de euros para cuatro años, se han incluido partidas específicas para combatir la pobreza infantil, reforzando la ayuda a los hogares con hijos en situación de privación material severa. Para Save the children el esfuerzo debe ser mayor.

 

Dentro de este abanico de informaciones deprimentes hay algunos claroscuros que dicen mucho de nuestra salud mental. Según la OCDE los españoles están entre los europeos más satisfechos con su vida, en niveles similares a los de países nórdicos que nos superan ampliamente en riqueza. España es líder en esperanza de vida , además tiene una de las tasas más bajas de homicidios y también nuestra calidad ambiental se cifra por encima de la media de los países de la UE.

A la vista de todo lo anterior, y como reflexión de urgencia,  quizás valdría la recomendación de que sería un gran error que la economía nos desviase de las personas.



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