En el aniversario de la Constitución

Hoy se celebra el 33 aniversario de la Constitución española, la de la concordia, que permitió, apoyada en aquellos momentos por los pactos de La Moncloa que inteligentemente logró plasmar el entonces presidente Adolfo Suárez con la oposición, desarrollar nuestro moderno sistema democrático  y que no ha sido tocada hasta hace unas fechas cuando José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que proponerlo para poder aplicar el inicio del gran tijeretazo que estamos sufriendo los españoles.

La Constitución española, la primera tras 40 años de dictadura, ha sido un instrumento muy valioso estos años pero quizás ahora haya llegado el momento de realizar profundos cambios en la misma y no por decisión exclusiva del Congreso sino mediante referéndum, esto es, con la participación del pueblo a través de las urnas. No es un papel mojado, ni mucho menos, aunque algunos de sus conceptos a más de un españolito de a pie haga por lo menos sonreír. Por ejemplo, lo que dice de que todo español debe tener puesto de trabajo o una vivienda digna. A no mucho más tardar, por ejemplo, será necesario reformarla para que una mujer pueda llegar a ser Reina de España. Ya lo han hecho incluso hasta los monárquicos por antonomasia, los ingleses. Hoy estará en Madrid, como no podía ser menos, en la celebración oficial de este aniversario el presidente del Principado Francisco Alvarez-Cascos junto con otros tres colegas. Pocos presidentes autonómicos, la verdad. En la Junta General del Principado su presidente Fernando Goñi, que lleva el cargo con mucho salero, hizo un discurso comedido refiriéndose a la necesidad de aplicar a fondo el diálogo y el consenso para afrontar la tormenta perfecta que nos viene afectando de un tiempo para acá. Cada vez más cerca veo al hoy secretario general del PP asturiano como nuevo presidente de dicho partido en Asturias con un Ovidio Sánchez ya apoltronado en Madrid y que a buen seguro estará el sábado en uno de los palcos del Bernabeu para contemplar el clásico Real Madrid-Barcelona.

Y como era de esperar unos y otros ya han empezado a hablar de elecciones anticipadas en Asturias, lo que podrá hacerse a partir del uno de enero bien por que triunfe una moción de censura, bien porque el jefe del Ejecutivo disuelva el parlamento asturiano. La cortedad y el individualismo de nuestros dirigentes es pública y notoria. El bueno del presidente de la Cámara de Comercio de Avilés Francisco González intenta hacer de mediador en el conflicto sobre el futuro del centro cultural Nietmeyer y la alcaldesa Pilar Varela se remonta diciendo que ella no le admite como tal y que solo habla con el Principado. Señora, por favor, sea pragmática y con miras de altura. Lo primero es salvar el centro y si Francisco Alvarez-Cascos ve bien al presidente de la Cámara para limar aristas, ayúdele, no se haga la estrecha.

Es como lo del tijeretazo en las subvenciones sociales del ayuntamiento ovetense. A la Federación Asturiana de Comercio le han bajado de 90.000 euros a 12.000. Quiero pensar que se debe de verdad, como dice Jaime Reinares -la delegación de Gobierno le espera a la vuelta de la esquina- a que otras organizaciones empresariales también necesitan ayuda y no al significativo apoyo que su presidente Severino Alvarez Zaragoza tiene con Foro  Asturias -hasta coinciden en las siglas, FAC- tan intenso o más como el que mantenía con la portavoz del grupo socialista municipal, Paloma Sanz, en la anterior legislatura. Por cierto que me he encontrado en la calle de Uría con el marido de ésta, el ingeniero Víctor Marroqui, ex director del IFR, viéndole feliz y relajado. Me comenta, ya pre jubilado de HUNOSA, que está terminando su doctorado en Económicas sobre el desarrollo regional lo que me parece muy interesante. Cuanto más estudiados estemos los asturianos, mejor.

Como ya es habitual en mis paseos por  Vetusta me encuentro en la calle Cabo Noval con otro establecimiento emblemático que ha echado cerrojo: la sidrería Impala. Su propietario, un buen hostelero, Ramón Sánchez-Quince, ha dicho basta tras muchos años de buen trabajo. Impala siempre fue un establecimiento emblemático en nuestra ciudad, primero como cafetería -cuantas veces vi en su barrar desayunar con la discrección que le caracterizaba al financiero Pedro Masaveu- y luego como sidrería. No me extrañaría tal como van las cosas que pronto el local sea adquirido por los chinos



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