Abrazos

Tres personas  que caminaban juntas vieron a un hombre abrazado a una farola y creyéndole borracho se acercaron a aconsejarle que dejase la bebida, que el alcohol perjudica seriamente la salud. El, así bien aconsejado, les explicó, con lágrimas en los ojos, que era abstemio, que estaba solo en el mundo y que se abrazaba a las farolas porque no se atrevía a abrazar a ningún ser humano para no sufrir su burla y su rechazo. Aquellas tres personas, después de abrazarle, corrieron la voz y el hombre que necesitaba el calor hermano de un abrazo, solo tuvo que apostarse en aquella farola para que cambiasen abrazos con él todos los que pasaban por su cercanía.



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