Grandes industrias en vez de templos

Antaño fueron los grandes templos los que destacaron en las ciudades con sus bellas y colosales construcciones. Antaño fueron los templos los que reunieron enormes masas de feligreses.

       Ahora son las grandes industrias, los obligados símbolos del progreso. Y sus forzados feligreses los obreros que las hacen progresar enormemente a cambio de sueldos de miseria, humillación, injusticia y falta de respeto. Y gracias al extraordinario esfuerzo de esos forzados feligreses, todo se ha industrializado: ropa, comida, frigoríficos, coches, casas.

        Fuera mitologías ancestrales, arcaica música folclorista, tradiciones y artesanía. Primordialmente eliminar la artesanía. Los artesanos, los pequeños granjeros, los hortelanos, todos son retrógrados, ineficaces, irrelevantes, obsoletos, causantes de pobreza.

        La economía es el gran dios, la nueva religión: el materialismo triunfante. Economía y materialismo acabarán con la miseria, procurarán mucho tiempo de ocio, confort, reducción de horas de trabajo, estupenda diversión y posibilidades de riqueza para todos. ¿Pero a quiénes se refieren con ese hipotético, indefinido, vagaroso “todos”? No será a los explotados ni a los parados que ese embaucador progreso ha generado, ¿verdad?



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