Éste es mi cuerpo

Se notaba en el aire que el ambiente era de despedida. Y después de cenar la pascua, en poco más de tres minutos, con toda sencillez Jesús les habla con palabras que huelen a vida y a muerte, de comer su carne y beber su sangre. Pasará el tiempo y muchos dudarán, pero el pronombre personal y el pronombre posesivo reflejan que el pan es su cuerpo y el vino su sangre.

Los discípulos no saben muy bien qué está pasando esta tarde, pero cada palabra de Jesús es una puerta abierta al misterio. Ahora comienzan las confidencias y les invita a una intimidad mayor que la de la simple fe. Ahora son sus amigos, pero también sacerdotes, y les deja una contraseña para que puedan ser reconocidos en todas las circunstancias: "Amaos unos a otros como yo os he amado"

¿Cómo es posible que con tantos millones de comuniones que se reparten en el mundo no causen mayores efectos de fraternidad? Debería sobrarnos fraternidad por todas partes. Y la realidad es que no se la encuentra por ningún lado. Celebrar el Jueves Santo lleva consigo una hermosa tarea: descubrir a Jesús en la eucaristía y multiplicar la fraternidad con los que están cerca.



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