Fin de la timidez política

Esta columna, ventanal sin cierres, en las últimas horas sentía un íntimo desasosiego.  La causa procedía de la contemplación del acontecer cercano: Peligro grave de quiebra del Estado, desorden público en varios territorios, indignación general ciudadana, desprestigio de la imagen de España en medio mundo, deterioro de la clase política, sindicatos a las barricadas, corrupciones y despilfarros. Todo ello junto a una débil reacción del Gobierno y una oposición irresponsable.

La respuesta más saludable era echar la persiana, apagar la luz y dar el gran portazo, entrando en la nada, en un nihilismo derrotista. Tocar fondo puede ser el principio de la recuperación y a falta de escaleras inmediatas, mas vale hacer un acto de fe y comenzar a apoyarse en cualquier oportunidad que nos ayude en el empeño. Tan pésimo fue el optimismo antropológico que nos vendieron, como dejarse arrastrar por la tentación del fracaso nacional.

El Gobierno, por fin, parece haber salido de su marasmo, del quietismo, de la timidez política y ha dado unos cuantos pasos adelante que pueden devolver algunos ánimos a los ciudadanos. Se han pedido nuevos sacrificios pero se han programado 43 medidas para relanzar la economía. Normas que aspiran a mejores espacios para la creación de empleo y que van acompañadas de un calendario de compromiso.

Llama la atención como alguna de ellas no se había aplicado antes. Por ejemplo la eliminación de obstáculos autonómicos para facilitar el mercado único en todo el territorio nacional. Un acierto la creación de una Autoridad Fiscal Independiente que controlará los presupuestos de todas las administraciones, instrumento muy en la línea de lo que recientemente pedían dirigentes sindicales de UGT y CCOO en relación a proyectos faraónicos en la comarca de Avilés; “revisar prioridades, cuantificar recursos disponibles y encauzarlos a proyectos realistas”. No es una “mamandurria” como dice Cayo Lara.

También merece la aceptación general que se de paso a la Comisión de Convenios Colectivos, compuesta por la patronal, sindicatos y Gobierno, para acabar con la vía muerta de bloqueo cuando hay desacuerdos. De igual forma parece oportuno que se mejore la formación profesional dual y la ayuda a emprendedores.

Respecto al Presupuesto General del Estado solamente cabe esperar que cumpla el objetivo de reducir el déficit y quizás sirva para ganar tiempo frente a la “troika” y vengan los esperados rescates. Recoge también algunos recortes que serán aplaudidos por la opinión pública, tales como la bajadas en las subvenciones a los partidos políticos, la reducción del número de concejales y homologación de los sueldos de los alcaldes.

Un motivo de cierta, solamente cierta, tranquilidad la ha dado la Vicepresidenta del Gobierno afirmando que el Gobierno tiene instrumentos para abortar el ilegal referendo secesionista de Artur Mas  y sobre todo que los usarán si fuesen precisos. Convendría recordar al Gobierno y también a los pocos aliados que tiene de cara a las elecciones del 25 N que junto a los procedimientos legales,  habría que diseñar un plan de comunicación para hacer llegar a todos ciudadanos catalanes y muy especialmente a empresarios, trabajadores y jubilados, cuales son las ventajas y los inconvenientes de crear un Estado propio o permanecer en España. El mensaje tiene que ser claro, menos llamadas a la historia y más razones pragmáticas. Siempre han dado mejor resultado que el palo y la zanahoria.



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