La soprano asturiana Beatriz Díaz, en la Temporada Lírica de Málaga

La soprano asturiana Beatriz Díaz, en la Temporada Lírica de Málaga

Beatriz Díaz, en la Temporada Lírica de Málaga

La soprano asturiana afronta mañana viernes y el próximo domingo el papel de Despina de la ópera «Così fan tutte» de W. A. Mozart

Por Fermín de Pas.- A la batuta del maestro Manuel Hernández Silva, quien conduce a la Orquesta Sinfónica de Málaga y al Coro de la Ópera de la ciudad, y con la dirección de escena de Curro Carreres, el teatro Cervantes presenta «Così fan tutte», la ópera bufa de Mozart y Da Ponte, también conocida por los títulos «Así hacen todas» o «La escuela de los amantes».

Beatriz Díaz, que ya interpretó con destacado éxito el papel de Despina en el teatro Palacio Valdés de Avilés, en el Principal de Vitoria y en el Calderón de Valladolid, regresa a un cartel que comparte con la también soprano Berna Perales como Fiordiligi y la mezzosoprano Carol García como Dorabella, además de las voces masculinas del tenor Pablo García López como Ferrando y los barítonos Damián del Castillo como Guglielmo y Enric Martínez-Castignani como Don Alfonso.

«Così» constituye probablemente la más alta depuración del estilo operístico del compositor austriaco y del libretista italiano y es –en opinión del crítico musical José M. Martín Triana– «la decantación de toda una forma de concebir y plasmar, sin igual en la historia de la música, unos personajes que adquieren valor universal gracias a los toques inagotables y sorprendentes que los encarnan en música».

Esta gran comedia, que fue la última de la conocida como trilogía Da Ponte, tras «Don Giovanni» y «Las bodas de Fígaro», muestra el tono jocoso y travieso propio de las obras de enredos amorosos, siempre salpicadas de infidelidades, malentendidos y engaños, y fue estrenada en Viena el 26 de enero de 1790, un año antes de la muerte del genio del Salzburgo.

Para entonces el talento del creador ya había ascendido a las cumbres más excelsas del universo músico, tanto como su destino vital amenazaba con hundirlo económicamente en la miseria. Sólo cuatro años antes, el 7 de abril de 1786, el «Concierto para piano y orquesta nº 24», uno de los más importantes del autor, había puesto el punto y final a la temporada de abonos de la época con su singular carga de vehemencia melódica.

La situación financiera de Mozart se había vuelto tan acuciante que el verano de ese mismo año pretendió iniciar una nueva temporada de conciertos. No fue posible. Después de realizar grandes esfuerzos y pedir numerosos favores sólo consiguió un abonado: su amigo el barón Van Swieten. El progresivo ensimismamiento de la música mozartiana y la guerra contra los turcos, que minó el bolsillo de aristócratas y burgueses, parecen hallarse entre las razones de tan horrible espantada.

Nunca le faltaron un plato de sopa ni un par de zapatos, pero falleció endeudado y sus restos fueron a parar a una fosa común. Felizmente, conservamos el vasto testamento musical como parte de uno de los logros más eminentes de la civilización.

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