En la raya de Galicia

En la raya de Galicia

 

Con este título se encabezaban una serie de reportajes, producto de un viaje, por aquella “Asturias profunda”, apartada de los centros de poder del Principado, con muchos kilómetros de malas comunicaciones, que fueron recorridos por la ágil pluma de Faustino F. Álvarez y que yo he tenido el placer de ilustrar.

                        Eran los años ochenta, vivíamos una incipiente e ilusionada democracia, recién nacida, diríase que aún no bautizada, porque el bautizo necesita de las aguas, sean del Jordán, del Ganjes, del Narcea... o del Navia; pero también existe el bautizo de fuego; el de las fraguas que forjan el hierro de las navajas o el carácter de los hombres. Somos seres de frágil memoria y apenas, si saliendo de tiempos difíciles nos vemos envueltos en conflictos de identidad.

                        Aquellas gentes que habitaban los municipios colindantes con Galicia, todos cuantos forman el suroccidente, desde el Cantábrico al Rañadoiro, vivían de forma austera, mas austera cuanto mas se acercaban a las montañas, porque las montañas nos cierran en los profundos valles horadados por las fuentes y los ríos, entre los sombríos hayedos o robledales en donde habitan el oso y el urogallo. La marina es mas abierta; se amplia el horizonte abriendo camino al emigrante conquistador de las américas; por eso  el interior, la montaña, sean los Oscos, Boal, Taramundi, Grandas,Pesoz,Illano, Allande o, como en este caso, Cangas del Narcea, Ibias o Degaña, forjaron a sus habitantes para que pudiesen vencer cualquier adversidad, porque entonces no se hablaba de crisis, no se conocía la crisis, solamente se conocía la escasez, a pesar de ello, en el mas apartado rincón, como podía ser la Ferreiría, ya en terreno galaico, la gente te ofrecía, de buen agrado, aquello que tenía; era como el agasajo de los esquimales al nómada viajero.

 

                        Evaristo Arce ha descrito la aventura de los ochenta con una singular visión; “Todo viaje  encierra un misterio, conlleva una incertidumbre y tiene algo de  aventura .Y con ese espíritu- y esas dudas y certezas en partes inevitablemente desiguales e imprevisibles-  se pusieron en camino hace 33 años Faustino Fernández y Manolo Linares. Su destino era la Asturias profunda y su propósito adentrarse en su naturaleza material, espiritual y humana y contar lo que en ella descubrieran con palabras sencillas y espontáneas,  con la voz del pueblo, la aguda percepción de su inteligencia y el sentimiento abierto de sus corazones.”

                        Poco podemos añadir a las inteligentes palabras de un singular personaje que lleva dedicada su vida a la observación, con discreción y al arte, con amor. Faustino nos ha transportado por las sendas de la curiosidad de quienes habiendo oído hablar de “tierras lejanas”, dudaban en adentrarse en ellas; desde el Corpus en Cecos hasta la comuna de Foxo, pasamos por un sin número de vivencias. Quedó pendiente la repetición del viaje y aunque yo volví por aquellos lugares, aún el pasado verano, sin embargo no ha sido la misma experiencia; ahora todo dispone de una mejor distribución y confort, pero ha perdido, como el resto de Asturias, el carácter propio de la tierra. Incluso llegamos a pensar si aquellos niños que jugueteaban desnudos por la comuna, sol y luna, no ocuparan hoy alguna plaza de funcionario en un ministerio o serán políticos en activo.

                        De cualquier forma yo invito a la gente a viajar por las tierras del suroccidente asturiano, al borde de Galicia, acompañados de los relatos que Faustino nos ha legado, porque ello será muy reconfortante y placentero, si como buen viajero te gusta recrearte en las raíces de la tierra.

 

 


2 comentarios

  • # XUANIN Responder

    19/01/2014 21:37

    Siiii, residencia de todos los duendecillos de la mitologia asturiana.

  • # Arsenia Responder

    20/01/2014 00:50

    me gustó el artículo , la pintura, las fotos y ...¿ de donde sacaste el retablo de la pared? porque es un retablo ¿no'

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