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Asturias Mundial

14/01/2017
A propósito de la casa Guzmán
Sobre la fragilidad de la arquitectura moderna y los prejuicios


 

 

 

La panda de gañanes, cómplices y codiciosos que orquestaron la demolición de la casa Guzmán, para construir posteriormente otra "que quita el sentío", quizás nos hayan enseñado a bofetadas, que si uno tiene claro su criterio, nada le impide llevar a buen puerto su propósito ( y lo digo en un ataque de positivismo cínico porque no me queda otra...)

 

Sin embargo me interesa mucho más poder entender por qué a todos los que nos mueve cierta sensibilidad y respeto hacia la arquitectura moderna permanecemos de brazos cruzados y no somos capaces de tener la fuerza y la valentía necesarias para evolucionar sin prejuicios.

 

La arquitectura moderna es frágil y su pronóstico de vida corto.

 

Por otro lado, y así ha quedado patente en muchos cascos antiguos, conservamos toda arquitectura edificada en ellos como si el tiempo se hubiera congelado, y los años fueran el criterio más lógico y acertado para preservar un inmueble.

Y no nos equivoquemos, las obras feas y con deficiencias, con los años, son igual de repulsivas o más, y encima, viejas, rancias y sumamente incómodas.

 

Tal vez, tengamos que empezar a replantear criterios de conservación sin prejuicios y valientes. Los intentos por conservar algunas joyas del movimiento moderno han sido un fiasco y el resultado patético.

 

No me parece lícito prohibirle a un ciudadano demoler su propiedad privada ( y no solo tiene que ver con un tema estético, puede ocurrir, que lo que en su día se proyectó a medida, con la precisión de un guante para un propietario, no lo sea para otro o para sus herederos ) creo que tiene el triste derecho de poder hacerlo, aunque se trate de una pieza maestra de la arquitectura.

Llegados a este punto, previo a la demolición, es donde deberíamos poner en marcha mecanismos eficaces que nos permitan salvaguardar dignamente el patrimonio cultural o al menos su memoria, logrando que el conicimiento de estas obras no se desvanezca en el tiempo y su valía ilustre a las generaciones presentes y venideras.

 

Debería ser obligatorio, como mínimo, antes de proceder a la demolición, realizar un reportaje fotográfico, serio y profesional, para archivar las obras y documentarlas.

Los criterios de nueva construcción deberían ser muy exigentes, tanto en calidad constructiva como espacial. No parece razonable destruir una obra excelente para sustituirla posteriormente por un bodrio o especular con ella, pero sí lo es, si aquello por lo que se sustituye supone una evolución lógica o una mejora.

 

La propiedad privada es sagrada.

Sí, pero cuando dicho bien que uno custodia, por circunstancias, ha pasado a tener un inmenso valor cultural que debieran disfrutar otros ciudadanos, deberíamos ser muy cautos y generosos con el trato y el modo en el  que actuamos sobre ellos, sin perder nunca nuestro derecho a la intimidad y a obrar libremente con nuestra propiedad privada.

 

La demolición de cualquier inmueble es un final mucho más digno que una operación de maquillaje o una rehabilitación rancia.

En manos de muchas personas está la obligación de contribuir en la EDUCACION de los ciudadanos para que sean capaces de tomar decisiones complejas que equilibren con generosidad sus intereses propios y los generales ( y no solo me refiero al tema de la conservación de patrimonio).

Quizás así en un futuro próximo se lleguen a realizar más restauraciones respetuosas, eficaces y adecuadas o nuevas construcciones apropiadas, útiles y evolucionadas, y en ambos casos, sin perder nunca de vista la responsabilidad que tenemos de documentar y difundir, por lo menos, un testimonio, con la calidad y el respeto que se merecen las obras de esta magnitud.

 

 

 


1 comentario
#1 toti
14/01/2017 14:32

Muy buen articulo

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